Escuchaba esta semana a Carlos Alsina hablar con José María García sobre la grandeza, la magia de la radio, en uno de esos habituales automasajes a que los radiofonistas son tan propensos. Como quiera que estaban en la calle, en plena plaza de Colón, Alsina aludió a la manifestación del domingo y García lamentó que el manifiesto lo hubieran leído tres periodistas. A su juicio (y al de otros colegas, según he advertido después) el crédito de Carlos Cuesta, Albert Castillón y María Claver (¡y aun el de todo el gremio!) se verá inexorablemente afectado por haber participado en un acto partidista. Así, sin más. No porque hicieran suyo sin aparentes reparos un texto plagado de lamparones, sino por su condición de periodistas (aunque en verdad ejerzan su actividad en la linde del oficio). Como si el hecho de que un periodista, y hablo ahora en general, se comprometa políticamente con una causa (se comprometa, sí, ¿o el término sólo vale para las izquierdas?) suponga la pérdida automática de su solvencia.
Entre los quince firmantes del manifiesto que dio origen a Ciudadanos había al menos once que publicaban regularmente artículos en prensa, y de ellos uno, Arcadi Espada (el principal defensor, además, de la necesidad de constituirse en partido) trabajaba en la edición catalana de El País. De sus penalidades (bullying, diríamos hoy) en una redacción que, por decirlo pronto, sentía vergüenza de sí misma, da cuenta Espada en el postfacio-que-no-postfascio a la reedición de Contra Catalunya, una pieza que ha pasado inadvertida pese a que contiene (o acaso debido a ello) la primicia de que los responsables del diario en Barcelona mandaron retirar a última hora la crónica del acto de presentación del libro, que firmaba Sergi Pàmies. No, en aquel tira y afloja entre Espada y El País no fue Espada quien se dejó la credibilidad. Tampoco la del resto de firmantes del manifiesto (De Azúa, Giménez Barbat, Boadella, Pericay, Toutain, Ovejero…) sufriría menoscabo; de hecho, no era el primero con el que se atrevían, y desde entonces han suscrito decenas. Ítem más: Ciudadanos no ha encajado críticas tan implacables como las que han provenido (parece, por lo demás, ley de vida) de sus padres fundadores. Vuelvo a Colón, donde he dejado a García reprochando a tres periodistas que hubieran leído “cinco putas líneas” de un escrito de “connotaciones ideológicas”. Con lo mucho que él había hecho, ay, “por engrandecer la profesión”.
The Objective, 16 de febrero de 2019
sábado, 16 de febrero de 2019
sábado, 9 de febrero de 2019
De cuentos y cuentas
Insólitamente, el PSOE sigue siendo la gran reserva moral de la política española. Cada despropósito de su plana mayor desata un clamor de esperanza entre las filas constitucionalistas, que creen ver en el carraspeo de un barón el síntoma inequívoco de que la ansiada refundación está en marcha. Poco importa la aversión del socialismo a vertebrar un proyecto nacional, refrendada una y otra vez por la inmensa mayoría de su menguante, decadente electorado. La tutela que sigue ejerciendo la izquierda sobre la vida pública es tal que no vemos llegado el momento de celebrar el regreso del hijo pródigo. Para entretener la espera, tan vana como la de Godot, nos entregamos a la ficción de que personajes como Joaquín Leguina, José Luis Corcuera o Felipe González pintan algo en el PSOE, recreando el ensueño de los buenos viejos tiempos (pura falacia retrospectiva) en que guerristas y renovadores se disputaban la hegemonía en el partido. Tanta es nuestra necesidad de abrigo que tendemos a zanjar el acomodo de Josep Borrell en el Gobierno exonerándolo de toda complicidad en la componenda con populistas y golpistas, como si se hubiera visto atrapado (¡a su pesar, faltaría más!) por la vorágine de la historia, y aun le hubiéramos de estar agradecidos por desempeñar una (sorda) labor de zapa de la que sólo trascienden rumores.
“Fuentes próximas a Borrell’, susurran los confidenciales, “se han referido -veladamente- a su incomodidad por las declaraciones de Sánchez sobre Cataluña”; “Según su círculo de colaboradores”, deslizan los editoriales, “al titular de Exteriores le resultan cada vez más indigestas las ocurrencias de Calvo”. Y así, fiados a ese crepitar de amagos, concedemos carta de verosimilitud a una “rebelión interna” que lleva siendo inminente desde, como poco, el Pacto del Tinell. En una suerte de liturgia homeopática que no conoce fin, y cuyo último jalón fue el irreprochable-íntegro-demoledor artículo que ayer publicó en El Mundo Nicolás Redondo Terreros, el PSOE sigue aplazando su crepúsculo; la misma “patada a seguir”, en definitiva, que propició que el PSC viviera durante décadas del cuento de las dos almas.
Voz Pópuli, 9 de febrero de 2019
“Fuentes próximas a Borrell’, susurran los confidenciales, “se han referido -veladamente- a su incomodidad por las declaraciones de Sánchez sobre Cataluña”; “Según su círculo de colaboradores”, deslizan los editoriales, “al titular de Exteriores le resultan cada vez más indigestas las ocurrencias de Calvo”. Y así, fiados a ese crepitar de amagos, concedemos carta de verosimilitud a una “rebelión interna” que lleva siendo inminente desde, como poco, el Pacto del Tinell. En una suerte de liturgia homeopática que no conoce fin, y cuyo último jalón fue el irreprochable-íntegro-demoledor artículo que ayer publicó en El Mundo Nicolás Redondo Terreros, el PSOE sigue aplazando su crepúsculo; la misma “patada a seguir”, en definitiva, que propició que el PSC viviera durante décadas del cuento de las dos almas.
Voz Pópuli, 9 de febrero de 2019
sábado, 2 de febrero de 2019
Manual del idiota catalán
De la ingente literatura que ha dado el 'procés', tal vez el Diccionario de lugares comunes… de Juan Claudio de Ramón sea la obra más heterodoxa. También la más útil. No en vano, lo que De Ramón ha legado al género es un tratado que sirve al objetivo de neutralizar los argumentos (los mantras, en verdad) con que el nacionalismo trata de dignificar su sinrazón, en el afán de revestir de lógica democrática planteamientos que sólo caben tildar de siniestros, como siniestra, al cabo, es la ideología (¿la fe?) que los inspira. He empleado el verbo neutralizar, acaso influido por la natural bonhomía del autor. Lo cierto, no obstante, es que algunas de sus impugnaciones son demoledoras, y sólo la infeliz circunstancia de que vadeamos un tiempo en que la verdad ha perdido valor de ley, impide el arrumbamiento definitivo de tanto y tan variado bullshit. Va una cata.
“Hay que reforzar el autogobierno” (¿De qué forma, si ya Cataluña ejerce competencias típicas de los gobiernos centrales?). “Hay que blindar las competencias identitarias” (Donde el blindaje alude a que los tribunales se abstengan de intervenir ante el intento de seguir excluyendo el castellano de la vida pública). “No se puede judicializar la política” (Lo que equivale a regresar al Estado absolutista, aquel en que el poder estaba exento de cumplir las leyes). “Hay que reconocer la singularidad de Cataluña” (Dado que España no proscribe ninguna de las manifestaciones de la tradición popular catalana, desde las sardanas a los calçots, y que el catalán es lengua vehicular en las escuelas, ese prurito de singularidad no refiere más que la voluntad de borrar del mapa lo común).
Tal como le dije a De Ramón tras leer la primera versión del texto, este Diccionario es a Cataluña lo que el Manual del idiota... de Apuleyo, Vargas y Montaner fue a América Latina, tal es su esclarecedora, instructiva radicalidad. Ello sin menoscabo de un sentido del humor casi mendocino, que sirve al cometido de recordarle al lector que en la vida aguardan estaciones mucho más jubilosas.
Subtitulado “Breviario de tópicos, recetas fallidas e ideas que no funcionan para resolver la crisis catalana”, otro subtítulo posible, atendiendo a su rasgo de alegato en pro de la democracia liberal, sería Defensa (apasionada) de la democracia española. El manual, en suma, no se agota en un (solo) tema. Como ocurre por lo demás con los trabajos de veras importantes.
Voz Pópuli, 2 de febrero de 2019
“Hay que reforzar el autogobierno” (¿De qué forma, si ya Cataluña ejerce competencias típicas de los gobiernos centrales?). “Hay que blindar las competencias identitarias” (Donde el blindaje alude a que los tribunales se abstengan de intervenir ante el intento de seguir excluyendo el castellano de la vida pública). “No se puede judicializar la política” (Lo que equivale a regresar al Estado absolutista, aquel en que el poder estaba exento de cumplir las leyes). “Hay que reconocer la singularidad de Cataluña” (Dado que España no proscribe ninguna de las manifestaciones de la tradición popular catalana, desde las sardanas a los calçots, y que el catalán es lengua vehicular en las escuelas, ese prurito de singularidad no refiere más que la voluntad de borrar del mapa lo común).
Tal como le dije a De Ramón tras leer la primera versión del texto, este Diccionario es a Cataluña lo que el Manual del idiota... de Apuleyo, Vargas y Montaner fue a América Latina, tal es su esclarecedora, instructiva radicalidad. Ello sin menoscabo de un sentido del humor casi mendocino, que sirve al cometido de recordarle al lector que en la vida aguardan estaciones mucho más jubilosas.
Subtitulado “Breviario de tópicos, recetas fallidas e ideas que no funcionan para resolver la crisis catalana”, otro subtítulo posible, atendiendo a su rasgo de alegato en pro de la democracia liberal, sería Defensa (apasionada) de la democracia española. El manual, en suma, no se agota en un (solo) tema. Como ocurre por lo demás con los trabajos de veras importantes.
Voz Pópuli, 2 de febrero de 2019
domingo, 27 de enero de 2019
Ni Chávez vive ni la lucha sigue
La peripecia moral de Íñigo Errejón invierte los términos de la de Ulrich Sanders, el hombre sin atributos de Musil. Mientras éste, idealista sin tacha, preserva sus cualidades en ‘stand by’ por temor a que un (solo) compromiso termine por cercenar su integridad (la barbarie del especialismo, en palabras de Ortega); el antiguo colíder de Podemos inaugura el mundo con cada amanecer, en la convicción de que su charlatanería es una mera herramienta adaptativa. Si el primero se retrae ante la posibilidad de erigirse en un hombre de acción, el segundo da rienda suelta a su instinto de poder sin embozo ninguno, escamoteando a discreción su trajín declarativo. ¿Está seguro de que desea borrar este tuit?, debió de preguntarle, un suponer, el algoritmo, a lo que Errejón pulsaría ‘sí’, afirmación que fue horadando su pasado, a menudo tan obscenamente inmediato que, parafraseando a Cayetana Álvarez de Toledo, no podía implicar sino el borrado de sí mismo. “En Venezuela [antes de Chávez] la gente no hacía tres comidas al día”. No sólo.
«Preocupado como español y demócrata. La espada ha pesado más que la balanza. Nefastas consecuencias. El indulto sirve para corregir errores»(2 de noviembre de 2017).«Como gritábamos en los 20N de antaño, nazi de día, de noche policía.) (18 de febrero de 2017); «13.12 #acab [sigla de ‘all cops are bastard’, ‘todos los policías son unos cabrones» (13 de diciembre de 2012). Sí, sí, sí. Y así, río arriba, a golpe de ‘delete’, ir descubriendo con Larra que lo que no se puede decir no se debe decir. Hasta hacer de la autoimpugnación ‘in progress’, aunque en un sentido contrario al de Sanders, matemático infructuoso de Kakania, una forma de supervivencia. Con el viento a favor de un siglo en que ni la vergüenza ni la verdad son lo que eran.
(Coda. Carlos Marx: “Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”.)
Voz Pópuli, 27 de enero de 2019
«Preocupado como español y demócrata. La espada ha pesado más que la balanza. Nefastas consecuencias. El indulto sirve para corregir errores»(2 de noviembre de 2017).«Como gritábamos en los 20N de antaño, nazi de día, de noche policía.) (18 de febrero de 2017); «13.12 #acab [sigla de ‘all cops are bastard’, ‘todos los policías son unos cabrones» (13 de diciembre de 2012). Sí, sí, sí. Y así, río arriba, a golpe de ‘delete’, ir descubriendo con Larra que lo que no se puede decir no se debe decir. Hasta hacer de la autoimpugnación ‘in progress’, aunque en un sentido contrario al de Sanders, matemático infructuoso de Kakania, una forma de supervivencia. Con el viento a favor de un siglo en que ni la vergüenza ni la verdad son lo que eran.
(Coda. Carlos Marx: “Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”.)
Voz Pópuli, 27 de enero de 2019
viernes, 25 de enero de 2019
Sólo negocios
Los jefes de la diplomacia de los países de la UE han respondido al estallido popular en Venezuela jugueteando con el lenguaje. Así, lo que en puridad es una revuelta les ha merecido el melifluo calificativo de “crisis institucional”, según la retórica inane (pleonasmo) con que Europa tiende a sellar su mala conciencia. En un vertiginoso eslalon por el lado soleado de la historia, Borrell ha llamado a un debate rápido (oxímoron), al consenso y a la unidad de acción, todo en aras de una salida pacífica al conflicto. Al hilo del santiguamiento, cómo no recordar los versos finales del swing Algo personal, de Serrat: “Un diálogo de franca distensión que permita hallar un marco previo que garantice unas premisas mínimas que faciliten crear los resortes…”.
No digo que no sea preferible una negociación con Maduro y sus secuaces a un enfrentamiento armado, pero urge acorralarlos para que, en todo caso, lleguen a esas hipotéticas conversaciones al borde de la extrema unción, para que no estén en condiciones, en fin, de avenirse a otro desenlace que no sea la salida ordenada de Miraflores, pajarito incluido. No en vano, uno de los grandes equívocos respecto a Venezuela, y que convierte en estériles las soluciones, digamos, pactistas, radica en considerar que sus actuales mandantes, que no mandatarios, pertenecen a la esfera de la política. Y no. No estamos ante un Gobierno, sino ante un cártel, lo que explica, por lo demás, la resistencia de la cúpula militar a abandonar al jefe. Se trata, después de todo, de seguir velando por el negocio. Como haría Tony Montana.
The Objective, 25 de enero de 2019
No digo que no sea preferible una negociación con Maduro y sus secuaces a un enfrentamiento armado, pero urge acorralarlos para que, en todo caso, lleguen a esas hipotéticas conversaciones al borde de la extrema unción, para que no estén en condiciones, en fin, de avenirse a otro desenlace que no sea la salida ordenada de Miraflores, pajarito incluido. No en vano, uno de los grandes equívocos respecto a Venezuela, y que convierte en estériles las soluciones, digamos, pactistas, radica en considerar que sus actuales mandantes, que no mandatarios, pertenecen a la esfera de la política. Y no. No estamos ante un Gobierno, sino ante un cártel, lo que explica, por lo demás, la resistencia de la cúpula militar a abandonar al jefe. Se trata, después de todo, de seguir velando por el negocio. Como haría Tony Montana.
The Objective, 25 de enero de 2019
viernes, 18 de enero de 2019
Podemos no existe
Podemos dejó de existir hace ya tiempo, en algún lapso impreciso entre epifanías congresuales. Nunca fue mucho más que una multitud airada, un gentío baladrón propenso a abrochar cualquier kermés con aquel alarido seminal, ‘Sí se puede’, cuyo pleno sentido se ha acabado proyectando en la prosperidad de su casta dirigente. El partido, si alguna vez fue tal, ha terminado por estallar en una constelación de corrientes, plataformas y mareas que escapan a la tutela del antiguo núcleo irradiador, fragmentado a su vez en mil complots a cielo abierto. El anuncio de Íñigo Errejón de renunciar al nombre de Podemos en su asalto a la Comunidad de Madrid, efusivamente celebrado por Carolina Bescansa, obliga a preguntarse por la jurisdicción de Pablo Iglesias. Secretario general, sí, pero de qué. A la Cataluña colauita, el Madrid expedientado y la Andalucía califata se añaden la ruptura en Cantabria y la insumisión de IU en Castilla y León. Un paisaje acorde, no lo olvidemos, con la máxima de Iglesias en asuntos patrios: “Yo no puedo decir España”.
El propio Errejón, en su indisimulado afán de reducir el pablismo a la mínima expresión, saludó que el movimiento se fuera troceando en una letanía de aldeanismos: “Sentimos una especial satisfacción por la constitución de espacios políticos diferenciados y de carácter plurinacional en los territorios con dinámicas nacionales propias como en Cataluña, Valencia, Baleares y Galicia”. La batalla por el poder, no obstante, no se ciñe únicamente a la tensión Errejón-Iglesias. En el extrarradio de ambos polos se congregan el kichismo, los anticapis y quién sabe qué otros manantiales de pureza. Hechas las cuentas, el antiguo Podemos (el Podemos Auténtico, que dirían Anson y la Falange) empieza a coincidir inquietantemente con el perímetro del chalé de Galapagar (qué impublicables no le habría inspirado a Umbral esa dacha). Mas que nadie se llame a engaño. La posibilidad de que semejante magma conciba un proyecto nacional es tan risible como lo habría sido hace unos años que el PSOE rodeara parlamentos. Por ese limbo transita hoy la izquierda, iba a decir que española.
Voz Pópuli, 18 de enero de 2019
El propio Errejón, en su indisimulado afán de reducir el pablismo a la mínima expresión, saludó que el movimiento se fuera troceando en una letanía de aldeanismos: “Sentimos una especial satisfacción por la constitución de espacios políticos diferenciados y de carácter plurinacional en los territorios con dinámicas nacionales propias como en Cataluña, Valencia, Baleares y Galicia”. La batalla por el poder, no obstante, no se ciñe únicamente a la tensión Errejón-Iglesias. En el extrarradio de ambos polos se congregan el kichismo, los anticapis y quién sabe qué otros manantiales de pureza. Hechas las cuentas, el antiguo Podemos (el Podemos Auténtico, que dirían Anson y la Falange) empieza a coincidir inquietantemente con el perímetro del chalé de Galapagar (qué impublicables no le habría inspirado a Umbral esa dacha). Mas que nadie se llame a engaño. La posibilidad de que semejante magma conciba un proyecto nacional es tan risible como lo habría sido hace unos años que el PSOE rodeara parlamentos. Por ese limbo transita hoy la izquierda, iba a decir que española.
sábado, 12 de enero de 2019
El esquinado
La tramitación de la denuncia del colectivo CridaLGTBI (el brazo rosa de la CUP) contra Arcadi Espada por la entrada ‘Aznar, sin complejos’ de su blog El Mundo por Dentro, no sólo concierne a la Fiscalía, sino también a la prensa, que ha ventilado el asunto con un despacho de agencia harto esclarecedor. Para empezar, de la grave incomprensión lectora de que adolece el ofendidito medio: “Un artículo suyo en el diario El Mundo en el cual llamaba ‘mariconazo’ al diputado de ERC Gabriel Rufián”. Llama la atención que tras esa rumbosa apertura de capa, el redactor busque refugio en tablas: “Según recoge el Fiscal”, “la Fiscalía considera”, “según informan los denunciantes”… La habitual fraseología profiláctica, que en este caso medra después de evacuada la mentira, como un resorte charlatán y negligente. Mas qué vachaché, diría el denunciado.
Su periódico, El Mundo, también reprodujo ese mismo texto, con la significativa, cabal particularidad de que el periodista que se ocupó de recrearlo borró la subordinada “en el cual llamaba ‘mariconazo’ al diputado de ERC Gabriel Rufián” y escribió en su lugar “que decía que la única forma de dirigirse a alguien como Gabriel Rufián es en su propio registro soez”. Una incrustación factual que compensaba, en cierto modo, el agravio de que la noticia fuera alojada en la sección ‘Televisión’, junto a las series de Netflix y Gran Hermano Dúo, o el hecho de que no sedimentara en el papel, cuando frente a la estupidez ambiental no hay mejor defensa que su eco, o la omisión de que Espada escribe en El Mundo desde hace más de diez años (de la lectura del párrafo inicial, y aun del último, parece derivarse que es un cuerpo extraño, un asiduo tribunero en el mejor de los casos). Y se comprende. Cualquier tema que afecte a Espada plantea en esa redacción una ardua negociación entre la verdad y los abajofirmantes. Un decir, bien sûr.
Su periódico, El Mundo, también reprodujo ese mismo texto, con la significativa, cabal particularidad de que el periodista que se ocupó de recrearlo borró la subordinada “en el cual llamaba ‘mariconazo’ al diputado de ERC Gabriel Rufián” y escribió en su lugar “que decía que la única forma de dirigirse a alguien como Gabriel Rufián es en su propio registro soez”. Una incrustación factual que compensaba, en cierto modo, el agravio de que la noticia fuera alojada en la sección ‘Televisión’, junto a las series de Netflix y Gran Hermano Dúo, o el hecho de que no sedimentara en el papel, cuando frente a la estupidez ambiental no hay mejor defensa que su eco, o la omisión de que Espada escribe en El Mundo desde hace más de diez años (de la lectura del párrafo inicial, y aun del último, parece derivarse que es un cuerpo extraño, un asiduo tribunero en el mejor de los casos). Y se comprende. Cualquier tema que afecte a Espada plantea en esa redacción una ardua negociación entre la verdad y los abajofirmantes. Un decir, bien sûr.
Voz Pópuli, 12 de enero de 2019
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