domingo, 19 de enero de 2020

El payo Chac no se acaba nunca

Rosario Amaya, esposa de Jacques Léonard.  Montjuïc. Barcelona, 1952. 
© Jacques Léonard. Archivo Familia Jacques Léonard 
La Estruje. Montjuïc. Barcelona, ca. 1960.
© Jacques Léonard. Archivo Familia Jacques Léonard 
Rosario y Josefa Amaya. Montjuïc. Barcelona, ca. 1950.
© Jacques Léonard. Archivo Familia Jacques Léonard 
La Fona. Pasaje de la Vinyeta, Barcelona, ca. 1960
© Jacques Léonard. Archivo Familia Jacques Léonard 

La playa del Somorrostro pone de relieve, más que ningún otro paisaje barcelonés, el derrame de progreso acontecido en la ciudad en los últimos setenta años. El arenal que va del Hospital del Mar al puerto Olímpico, hoy jalonado por centros de investigación punteros y flamantes espacios de recreo, fue hasta 1966 el núcleo de un enjambre de barracas que se extendía por el norte hasta el Bogatell, y en el que llegaron a hacinarse 18.000 personas, en su mayoría gitanas. De ese y otros asentamientos, como los de Montjuïc, Casa Antúnez o Pequín, levantó testimonio gráfico el fotógrafo parisino Jacques Léonard, un bohemio de familia acomodada que había echado el ancla en Barcelona tras enamorarse gravemente de la modelo de pintores Rosario Amaya, prima de la bailaora Carmen y, como ella, de raza calé. En su arraigo, tan determinante como el flechazo fue la admiración que profesaba a la cultura romaní, al punto que atisbó en los valores que la cimentaban una suerte de horizonte moral. Nacía la leyenda del Payo Chac, como en adelante le llamarían quienes, en puridad, eran ya los suyos.


Con la misma Rolleiflex con que se ganaba el parné en publicaciones como La Gaceta Ilustrada o La Vanguardia, Léonard atrapó la vida a borbotones de la gitanería, en lo que fue el reportaje de su vida. Su mirada no se recrea en los tópicos paternalistas ni pretende suscitar la compasión del espectador; antes bien, confiere a sus personajes una dignidad insospechada incluso para los gitanos mismos, a los que el '¡click!' arranca a menudo un gesto de asombro. La lente del Payo Chac convierte a los quincalleros en señores de los caminos y a las matriarcas en arrebatos de bronce. Con una particularidad: el grueso de los retratos suele ir acompañado de un pie. Los más de 3.000 negativos que Santi y Álex Léonard, los hijos de Jacques y Rosario, legaron en 2011 a l'Arxiu Fotogràfic de Barcelona, no son una montonera innominada; antes bien, corresponden a individuos realmente existentes.

La más reciente muestra del fondo Léonard es Romís (mujeres, en caló), setenta fotografías que reivindican la figura de la mujer gitana, un retablo viviente en que se entreveran la comicidad, la fiereza, el orgullo y, por qué no decirlo, la soberbia. Adolescentes con hijos a cuestas, adivinadoras envueltas en bisutería, alquimistas de la cocina del aprovechamiento, casaderas en cuyos ojos aletea un fulgor de esperanza... Ninguna de las instantáneas escapa al zarpazo de la miseria, pero ésta no se halla sobrerrepresentada ni eclipsa a las verdaderas protagonistas. Lo que nos cuenta el Payo Chac es más, mucho más turbador que lo que pueda evocar una cría descalza, sucia y hambrienta. Es la posibilidad de que en ese humedal arraigara algo parecido a la felicidad.

Fashion & Arts Magazine, enero de 2020

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