lunes, 29 de febrero de 2016

Obamita

REUTERS

La mayoría de los partidarios de Barack Obama no esperaban que fuera un buen presidente, sino un presidente bueno. La concesión del Premio Nobel de la Paz, apenas 10 meses después de que tomara posesión del cargo, fue la más ignominiosa conspiración de las fuerzas del Bien que haya conocido la humanidad. Las razones por las que se le otorgó el galardón son hoy tan irrelevantes como lo fueron entonces, si se tiene en cuenta que Obama fue investido un 20 de enero y el plazo de presentación de candidaturas al Nobel finalizó el 31 de ese mismo mes. El membrete del diploma parecía decir: 'No se meta en política', cual si hubiera que amoldar al mulato a las hechuras de un Saramago.


No obstante, y en flagrante desobediencia, Obama no ha gobernado para los negros, las mujeres o los homosexuales, sino para el mundo. Lo ha hecho, además, sin dejar de porfiar en sus convicciones, ya se tratara de la universalidad de la Seguridad Social, la tenencia de armas o el cierre de Guantánamo, y refutando, de paso, la superchería que da en equiparar el carácter de Estados Unidos al de Charlton Heston. Una de las grandes iniciativas de su mandato, de hecho, ha sido el estudio del cerebro. Por si fuera poco, ha combatido la demagogia con finura, y valga como ejemplo la cena de corresponsales en que, ante la insinuación de Trump de que no era estadounidense, proyectó el vídeo del nacimiento de Simba en El Rey León. El gran mérito de Obama en estos ocho años de mandato, en fin, ha sido su obstinado afán en desmentir al Comité Nobel Noruego.


The Objective, 25 de febrero de 2016

Tres cipreses

Leonard Giovaninni 
Un grupo de individuos recordó anoche a Albert Boadella y Dolors Caminal que en Jafre, Gerona, el pueblo donde ambos están empadronados, es hostil a quienes, como ellos, se han significado contra el nacionalismo. Un grupo, sí: hacía falta al menos dos personas para talar los tres cipreses que Boadella había plantado en el exterior de la casa, junto al muro que rodea la propiedad, y lanzarlos por encima del muro, como devolviéndolos a su propietario.

El mensaje, en efecto, no se presta a equívoco, pues uno de los rasgos de los bravucones es la ausencia de toda sutileza: 'No podemos impedir que vivas aquí, pero el espacio público es nuestro. Ahí van tus arboles'. Técnicamente, es cierto, no es un asalto. Pero sólo técnicamente. Se trata de la cuarta vez que los Boadella Caminal sufren el vandalismo de los lugareños. Como si asolar de vez en cuando su vivienda fuera otro elemento del acervo folklórico local, junto a la sardana, la estelada y las butifarras.


Boadella nunca ha denunciado los hechos, lo que probablemente defraude a quienes le acusan de explotar con fines promocionales su pleito con Cataluña y los catalanes. Tras el tercer episodio, eso sí, fue a hablar con el alcalde del villorrio y le rogó que pusiera coto a las salvajadas o, de lo contrario, daría parte a la policía. En Jafre hay 387 habitantes, de los que en las elecciones autonómicas de 2015 votaron 260, el 71% del censo. De éstos, 185 votaron por Junts pel Sí y 36 a la CUP. Boadella, en fin, le rogó al alcalde que pusiera algo de orden entre quienes, obviamente, no podían ser sino los suyos. A todo esto, Boadella y Dolors estaban en Madrid, donde suelen. El dramaturgo prepara el estreno de la versión española de Don Carlo, de Giuseppe Verdi. La obra se representará los días 28 de febrero y 2 y 5 de mazo. Las localidades están agotadas. The light’s winning.



Libertad Digital, 25 de febrero de 2016

jueves, 18 de febrero de 2016

Los 'activistas' de Terra Lliure


En sus años de periodista en El Punt, el hoy presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, reservó a Terra Lliure el sintagma "organización activista catalana" y a ETA el de "organización vasca", abominó de los Juegos Olímpicos del 92 por españoles y relativizó las agresiones a miembros del Partido Popular. A su juicio, el "tiro al popular" (como llamó al lanzamiento de huevos a los dirigentes peperos durante la ofrenda floral de la Diada) eran "preferibles a los saludos a la romana".

Cuando, hace unas semanas, la periodista Mònica Terribas, en El Matí de Catalunya Ràdio, calificó a Carles Sastre y otros antiguos militantes de la organización terrorista Terra Lliure de "históricos del independentismo combativo", el diputado Carles Puigdemont debió de asistir con perplejidad, quién sabe si desdén, a la controversia que siguió al programa. Entre otras razones, porque también él hizo suyo, mientras ejercía de periodista en El Punt, el lenguaje balsámico con que, históricamente, el nacionalismo ha venido legitimando, o cuando menos atenuando, el terrorismo de barretina. Así, en una noticia aparecida el 31 de julio de 1988, el actual presidente de la Generalitat de Cataluña, a la sazón jefe del área de Política del rotativo gerundense, se refería a Terra Lliure como "organización activista catalana" y asumía sin ambages la terminología de la banda, que se presentaba a sí misma como "vanguardia armada de la lucha por la liberación nacional". Al pie de la pieza, en un aparte sobre la expectativa de una negociación entre el Estado y ETA, Puigdemont alude a este grupo como "organización vasca", sin más. El documento de Terra Lliure que era objeto de la atención de Puigdemont conceptuaba como un "accidente" el atentado de Hipercor, cometido por ETA un año antes.

Bajo el ala del redactor jefe del periódico, Joan Vall Clara (quien, casi veinte años después, tildaría a Ciudadanos de "inadaptados"), Puigdemont cultivó casi todos los géneros y no rehuyó debate alguno. A propósito, por ejemplo, del llamado Milenario de Cataluña, una de las habituales mixtificaciones históricas promovidas por el Gobierno de Jordi Pujol, lamentó que el nacionalismo hegemónico no apuntara al futuro con el mismo ahínco con que revisaba el pasado. "Sin el conocimiento de la historia", escribía con apenas 26 años, "no podría existir el sentimiento de Nación, pero conviene tener presente que no todos los que se llaman nacionalistas están dispuestos a participar en el proyecto de futuro que se hará necesario cuando los catalanes hayan entendido, en perspectiva histórica, la importancia del Milenario".

Entre los asuntos que, ya por aquel entonces, ocupaban al joven Puigdemont, se hallaba la imagen exterior de Cataluña. Fruto de esa inquietud fue la publicación, a principios de los noventa, de Cata... què?, un breve ensayo sobre el modo en que la prensa extranjera tendía a reflejar la "realidad nacional" catalana, y en que el autor exhibía su execración de los Juegos Olímpicos del 92. A su entender, ese acontecimiento "ayudó poco a proyectar una imagen de Cataluña como nación diferenciada de España, sobre todo porque, durante los últimos días de competición, las manifestaciones de catalanidad fueron desplazadas a un segundo término en beneficio de los símbolos de la cultura española". Al hilo de este desvelo, y tras un Barça-París Saint-Germain de Liga de Campeones, Puigdemont se congratula de la admiración que profesan por el Barça los locutores de la televisión francesa TF1, de quienes afirma que durante la retransmisión de los partidos de este club "siempre utilizan el gentilicio 'catalán' para definir a los jugadores". "En ningún caso", remarca, "se refieren al Barça como club 'español'". Y concluye: "El marco de referencia [sic] que utiliza TF1 para hablar del Barça suele ser mucho más favorable que el que utilizan por todas las cadenas españolas".

Ese mismo año, en una columna titulada 'Jerarquía', el hoy jefe del Ejecutivo autonómico describe como "deporte" el lanzamiento de huevos a miembros del Partido Popular durante la ofrenda floral de la Diada. "Tiro al popular", llama concretamente a dicha práctica, una "gamberrada" que, en cualquier caso, le parece "preferible a la pública apología del fascismo hecha en nombre de la Hispanidad". Por si no había quedado claro que para Puigdemont hay agresiones que despiertan comicidad y agresiones del todo punto despreciables, va el remache, que incluye, como es habitual en esta clase de enjuagues, el preceptivo condón en forma de adversativa: "Siempre me parecerá mucho más civilizado un huevo estrellado en la testa de un notable (por más respecto que merezcan, que me lo merecen) que un saludo a la romana".

No es la única relación de jerarquía en la que incide. En su última etapa como columnista de El Punt, aplica un prisma idéntico a Mossos d'Esquadra y Guardia Civil. En esta ocasión, a cuenta de la tortura. Así, pone en duda que sea de justicia poner continuamente bajo sospecha a la policía autonómica catalana, sobre todo cuando los "incidentes" de que se la acusa (vejaciones, humillaciones, maltratos) eran, dice, "moneda de cambio cuando estábamos en manos [sic] de la Guardia Civil".


El Mundo, 7 de febrero de 2016

De la demagogia

Después de que Dolors Miquel recitara su Padre Nuestro Abortivo en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Barcelona, y cuando ya el presidente del Grupo Municipal del PP, Alberto Fernández, había abandonado el acto, la performance podemita rindió un ulterior coletazo. No en vano, uno de los premiados con el Ciudad de Barcelona, el diseñador Óscar Guayabero, al recoger el galardón lamentó que el líder popular se hubiera ofendido "por una cosa que se ha dicho" y, en cambio, "no se ofenda por los 10.000 niños desaparecidos por Europa". Guayabero se refería a los menores que han emigrado de Siria (o cualquier otro aledaño moral) al continente, y que se hallan actualmente en paradero desconocido ("desaparecidos", dice la prensa, en virtud de su siniestra voluntad de adscribirse al Bien). Lo que ya no está tan claro es la relación entre esos desventurados y el Padre Nuestro Menstrual, y menos aún que por el hecho de que el segundo te parezca una inmundicia te hayas de mostrar indiferente a los segundos. Aun así, el público ovacionó a Guayabero como si hubiera firmado una crítica audaz en lugar de una patética ocurrencia. ¿Así que te molesta el verso, eh? Ya me parecía a mí que eras un poco nazi. Todo el discurso podemita se asienta sobre operaciones de esa calaña, en las que se establece una relación de semejanza entre un heho y un embuste para, de ese modo, deslegitimar al adversario. 'O sea, que a ti que Ada Colau retire el busto de Juan Carlos I te merece un reproche, pero que haya gente durmiendo en un cajero te la suda'. Donde se lee 'busto de Juan Carlos I' pongan 'cabalgata de los Reyes Magos' o 'callejero de Madrid', y donde 'gente durmiendo en un cajero' pongan 'desahucio de una familia numerosa' o 'cuatro millones de parados'. En el fondo poco importa porque el objetivo, insisto, ni siquiera es describir la realidad de modo veraz, sino achacar al oponente los estragos de la crisis para expulsarlo del ágora. Con el agravante de que si el podemismo ocupa el poder en Cádiz, Barcelona o Madrid no será, obviamente, por haber enarbolado el lema 'Otra cabalgata es posible'; no, lo que prometió es sacar a la gente de los cajeros. Y a fe que lo harán, aunque para ello tengan que prohibirlos.


Libertad Digital, 16 de febrero de 2016

Girautismo


Durante años, Juan Carlos Girauta fue el gran representante de esa exigua mayoría de catalanes que no comulgamos con el nacionalismo.Cuota españolista por designio mediático, solía batirse el cobre en tertulias en las que aparecía rodeado de soberanistas, e ignoro si ganó mucho dinero con aquello pero no le arrendé la ganancia. No en vano, mientras yo me solazaba en el sofá con el iPad y el mando a distancia, Girauta ejercía de leproso, de gitano, de discrepante. Lluan Carles Llirauta, le llamaban, en el desesperado intento de limar sus aristas. (También lo han intentado con su sucesor, el gran Nacho Martín Blanco: en cierta ocasión, al terminar el programa en que intervenía, un doméstico trató de perdonarle la vida: "Contigo se puede hablar, tú no eres Espada", a lo que él respondió: "No, ciertamente; a Espada no le llego a la suela del zapato".) Girauta fue la resistencia en la misma medida en que entonces lo fueron los tres diputados de Ciudadanos, de ahí que el hecho de que hoy, tras su paso por el Parlamento Europeo, sea el portavoz de dicho partido en el Congreso supone un guiño similar al de aquella Semana Santa del 77: hacer legal, en efecto, lo que es real. Tengo escrito que él es lo mejor que le ha pasado a Ciudadanos desde que la formación naranja alcanzó su mayoría de edad, y así, tras todas y cada una de sus intervenciones, he de reprimir un "yo ya lo dije". Su mayestático "Al Rey no se le va con problemas, se le va con soluciones" no fue menos audaz ni veraz que el modo en que despachó su última intervención en Catalunya Ràdio. "En Cataluña", observó ante el aluvión de llamadas denigratorias, "también hay votantes de Ciudadanos, luego está claro que esta emisora se ha ido quedando con una audiencia que no representa a Cataluña". Su dardo más venenoso en esos predios, no obstante, siempre ha sido: "Puc parlar?". Eso y dejar al locutor de turno colgado de la brocha cuando a su petición le han puesto sordina. Hubo un tiempo en que tenía la esperanza de que alguno de sus detractores supiera que Girauta, además de español, es un ex hippy delicioso, amén de un soberbio intérprete de Joan Baptista Humet, cuyamajestad es ya, tras las copas en casa de nuestra madrina Puri, la nuestra. Ahora que ha alcanzado la dignidad (¡y el aspecto!) de señoría de España, mejor me guardo el secreto.


Libertad Digital, 12 de febrero de 2016

Fuera de catálogo


"Las urnas no alumbraron ninguna mayoría de izquierdas, ni siquiera aceptando la hipótesis extremadamente generosa de que Podemos sea considerado como tal". Llevo unos días dándole vueltas a esta frase, empotrada en el editorial con que El País reprobó a Pedro Sánchez que convocara una consulta a la militancia. El texto, tan duro como irreprochable, bien habría merecido el calificativo de ejemplar de no mediar esa desparasitación semántica. No en vano, el objetivo de dicha acotación era arrancar del organismo izquierda lo que, para los editorialistas, no era sino un cuerpo ajeno a ella, operación que, por lo demás, se da en muchos otros ámbitos de la vida pública. Así, por ejemplo, resulta habitual que las directivas de tal o cual club, en la obligación de condenar la violencia ultra, nieguen que los autores sean exactamente hinchas. O que algunos líderes musulmanes despojen a los yihadistas del ISIS de su atributo nuclear, esto es, la profesión de fe en Alá, de modo análogo a como no pocos vascos, no hace tanto, llegaron a negar esa misma condición, la de vascos, a los terroristas de ETA.

Yo mismo traje aquí la puntualización que, respecto a Podemos, pronunció Fernando Savater. A su entender, que casi siempre hacemos nuestro, el partido de Pablo Iglesias no es, como éste pretende, un partido progresista. Antes al contrario, su acendrado populismo, el aire milagrero de algunas de sus propuestas ("apuestas", suele decir Iglesias, en un caso flagrante de justicia retórica) y la pertinaz invocación a conceptos tan resueltamente acientíficos como pueblo, casta, los-de-arriba o los-de-abajo, hacen de Podemos una fuerza de tintes reaccionarios.

La (des)catalogación que El País reserva a Podemos, sin duda, tiene que ver con la convicción de que el concepto izquierda progresista es un pleonasmo. O, si lo prefieren, el concepto 'izquierda reaccionaria' es un oxímoron. Semejante confusión está tan arraigada en la cultura política europea (y me atrevería a decir que en la cultura europea a secas) que ni siquiera los hechos logran extirparla. El de Venezuela, sin ir más lejos, es un régimen de izquierdas, como de izquierdas son Cuba y ese delirante cadalso llamado Corea del Norte. O, por aquello de universalizar el mensaje, como liberal es Sala-i-Martin.


Libertad Digital, 2 de febrero de 2016

sábado, 6 de febrero de 2016

Una franquicia

«Aquel Saviano perplejo da paso, en CeroCeroCero, a un escriba recluido en el ancho mundo, lo que determina que la obra sea, antes que un reportaje, un informe; todo lo condimentado y embellecido que se quiera, pero informe al fin y al cabo. Por eso, entre otras razones, carece de making of, si bien este rasgo no deja de constituir un alarde de coherencia: el making of de Saviano ya no es otro que la más ultrajante tiniebla. En este sentido, y como no puede ser de otra forma, la obra hurta al lector las condiciones en que se efectuaron las pesquisas, las entrevistas, los rastreos (aunque la mayoría de los capítulos, insisto, desprenden el inconfundible aroma a naftalina de los expedientes policiales). Hay una incógnita, empero, a la que no dejo de dar vueltas: ¿Consumió Saviano cocaína para elaborar su ensayo? No parece una cuestión irrelevante, máxime teniendo en cuenta esos apartes pseudopoéticos consagrados a la fisiología de la euforia.
Paradójicamente, el embozo del oficio abre la espita de la hinchazón retórica. En otras palabras: ante la imposibilidad fáctica de incrustarse en el relato (lo que no se puede decir, no se debe decir), Saviano estampa su sello en forma de absurdos tautológicos del tipo "México no se puede definir. Es solo México. Es México y basta", o prodigándose en el caracoleo sabihondo del que está de vuelta del infierno mismo, abusando hasta la náusea de sentencias a lo 'tú, lector, que crees saber y no sabes un carajo…'. Las casi quinientas páginas de CeroCeroCero, en fin, dan para un cuaderno de agravios, entre los cuales habrían de figurar esa pulsión alucinada por la que cada mafia es más sanguinaria que la precedente, o el intento de anabolizar el texto con la especie de que el negocio de la coca no es sino una versión refinada (nunca mejor dicho) del capitalismo, o la insinuación de que el tráfico de cocaína por parte de las FARC es menos execrable que el que practican los cárteles, quién sabe si en virtud de una ignota derivada del «comercio justo», o la porfía en aseverar que la cocaína gobierna el mundo, sin que medie en tal aseveración el menor asomo comparativo con el sexo, el juego o la industria armamentística.»

En mi reseña de CeroCeroCero, de Roberto Saviano, atribuí la ausencia de datos en torno a la elaboración del libro a la reclusión del autor. Vivir amenazado, me dije, acaso tenga su ineluctable correlato en la escritura. No. Fue un plagio. Un plagio múltiple, sistemático y chabacano, wikipárrafos incluidos.Y si Saviano hurtó al lector las condiciones en que se efectuaron las pesquisas fue porque nunca las hubo. O no, al menos, en el modo en que Saviano dio a entender. El estilo ampuloso de la obra, en efecto, era una cortina de humo, como demuestra Michael Moynihan en su largo artículo "Saviano y el plagio", éste sí, producto de una pesquisa, y que fue publicado originalmente en septiembre de 2015 en The Daily Beast.