sábado, 11 de agosto de 2018

Noticia del One

Fundación FG - Pablo Juliá
“Vivimos en un país curioso. Sobran los predicadores, los que se suben al púlpito dispuestos a pontificar, incapaces de asumir la irresponsabilidad de la prédica. Pocos quienes [sic] dan trigo, abarcan a dos manos la sociedad e intentan ir modificándola para conseguir una sociedad más justa”. Corre el mes de enero de 1989 y Felipe González no escatima reproches a los sindicatos en sus notas personales, que la fundación que lleva su nombre hizo públicas en julio*. El Gobieno aún no se había repuesto de la segunda huelga general (14 de diciembre de 1988), tercera de la democracia, de las cuatro que aquéllos le acabarían montando. A diferencia del paro del 20 de junio de 1985, convocado por CCOO contra la ley de reforma de las pensiones (finalmente aprobada), el del 14-D tuvo como detonante el Plan de Empleo Juvenil, punta de lanza de una reforma laboral que, al decir de la izquierda de la izquierda, no pretendía sino institucionalizar la mano de obra barata. Ante las acusaciones de venderse al capital, Felipe alega que no hay medida más progresista que la que propicia la creación de empleo.

Pero hay más. El 14-D supone el fin del modelo de concertación que ha regido desde la Transición, y, de algún modo, también lleva larvada la impugnación de la Transición misma. El despecho de Felipe responde a que nunca se ha sabido tan solo al frente de lo que él considera una cruzada modernizadora. Con la Alianza Popular de Hernández Mancha alentando la protesta (“El desprecio sistemático al Parlamento como foro de debate por parte del Gobierno cierra un amplio círculo de causas para la huelga”), El País torciendo el gesto (“Lo cierto es que el rechazo y la frustración ante la manera de gobernar de los socialistas han unificado el paro de ayer hasta extremos no conocidos en las últimas décadas”) y Julio Anguita descubriendo el filón de la demagogia profesoral, el Gobierno apenas encuentra consuelo en la CEOE, amor de pago. Asimismo, un archipiélago, y nunca mejor dicho, de partidos de ultraizquierda se ha adueñado de las calles al calor de las movilizaciones, poniendo a España al borde del estallido social.

Pero hay más, mucho más. Quien lidera el plante no es ningún coco de larga data, sino el ugetista Nicolás Redondo, hasta un año antes diputado del PSOE. El líder histórico del sindicato hermano, el socialista procesado durante el franquismo al que le viene como un guante el eslogan ‘cien años de honradez’, ha puesto a los obreros (también a funcionarios, empleados y profesionales liberales) en pie de guerra. Y a Felipe se lo llevan los demonios. Que un hombre como Redondo, al que no se le conoce una sola propuesta operativa (ya no digamos audaz), se lleve las vitolas de la integridad, la dignidad, la coherencia… y a él, que se está jugando el tipo y aun las siglas por sacar a España del atraso, se le tenga por un traidor… País curioso, ciertamente, donde curioso es el eufemismo más ajustado de despreciable que se permite el presidente, que gobernó, de hecho, a base de promulgar eufemismos.

Mas la irresponsabilidad de Redondo, se dice González, no es noticia. Cuando menos, no para él. “Recuerdo un mitin en Barcelona (¿Montjuic?) con Nicolás Redondo, poco después de la firma de los Pactos de la Moncloa. Nicolás Redondo fue aclamado por su rechazo a los Pactos. Cuando intervine yo, inmediatamente después, tuve que esperar algunos minutos a que amainara la bronca, pancartas incluidas. Nicolás estaba satisfecho y no se le ocurrió siquiera echar una mano para calmar los ánimos. No sé por qué me viene a la memoria con tanta nitidez. Comencé, después de guardar silencio en la tribuna durante varios minutos, pidiendo a los de las pancartas que las hicieran descender, porque ya habían conseguido su propósito de que las vieran en toda España por TVE, que se dispusieran a oír lo que tenía que decirles. […] Me costó media hora darle la vuelta a la situación, ya con la ventaja de ser el último en intervenir. Todavía entonces –finales del 77- Nicolás se veía comentando que había ganado la partida”.

El desconcierto del PSOE se pone de manifiesto en su Comité Federal, donde se constata la fractura de “la relación partido-UGT”. Entre quienes cierran filas con el presidente, hay quien propone ir “A por los sindicatos”. Felipe toma nota de todas las intervenciones y, cuando le llega el turno, improvisa una síntesis tan equívoca como brillante: “A por los sindicatos, no. Lo contrario, tampoco”. La fórmula alumbra, por estricta analogía, otros dos lemas: “Poder sí, responsabilidad no. (Actitud de los sindicatos.) Poder sí, responsabilidad también [actitud del Gobierno]”.

El Gobierno retiró el Plan de Empleo Juvenil.

*La Fundación Felipe González abrió el pasado 12 de julio los archivos personales del ex presidente, 90 documentos que comprenden centenares de páginas de cuaderno cuadriculado, organizados por materias, lugares, años y personajes e instituciones aludidas. También en este punto Felipe ha sido un precursor.

The Objective,  11 de agosto de 2018

viernes, 3 de agosto de 2018

Exhumación


No he tenido en cuenta los artículos en que Franco tiene un papel secundario, ni las cartas al director, ni las necrológicas de personajes vinculados al régimen (sí las de familiares), ni las informaciones sobre marchas antifascistas con el 20-N como pretexto, ni las entrevistas en que el entrevistado evoca de pasada a Franco o el franquismo. La mayoría de esas piezas (también) son indicativas del influjo del dictador, pero ante la posibilidad de que deformaran las cifras por abultamiento, me he inclinado por descartarlas.

Dado que el cómputo no pretende ser exhaustivo, me he basado únicamente en El País. La elección obedece, además de a su carácter referencial, a la fecha en que apareció: el 4 de mayo de 1976, tan sólo seis meses después de la muerte de Franco. Ningún otro diario revela con idéntica limpieza epistemológica el mayor o menor protagonismo del personaje en la agenda política de la democracia. O por decirlo de otro modo: el énfasis con que Franco, 'subject', se ha ido entreverando en la vida pública de un país libre, a menudo hasta monopolizarla. Bien es verdad que El País no sólo ha sido el reflejo de un estado de las cosas, sino también su principal artífice, pero no es menos cierto que no siempre ha actuado como tal, y es precisamente esa oscilación lo que permite fijar algo parecido a una pauta.

Los datos que presento habrán de dar lugar a un análisis que vaya más allá de lo que salta a la vista. Con todo, no he resistido la tentación de interpretar, o acaso contextualizar, las subidas y bajadas de la gráfica. Así, la caudalosa afluencia de noticias de mediados y finales de los setenta se enmarca en los últimos coletazos de la dictadura y tiene como primeros actores a sus fieros nostálgicos: misas por Franco en el Valle de los Caídos, manifestaciones en la plaza de Oriente, “gritos contra Suárez”… (Ningún otro presidente, por cierto, sufrirá como sufrió Suárez los embates del franquismo residual.) A partir de los ochenta se produce una brusca caída que no se detiene hasta 2004, con la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero. Ese año se baten todos los registros habidos hasta entonces, con 55 artículos. Por lo demás, 1989, con sólo 2 artículos (“Un millar de personas conmemoraron el aniversario de la muerte de Franco” y “Pilar Franco Bahamonde muere en Madrid a los 94 años”), constituye el grado cero de lo que, por emplear el lenguaje de los oncólogos, no deja de ser una sobreexpresión. (De no haber sido por la inflación generada por el centenario de Franco, con su hemorragia de biografías, documentales y simposios, ese grado cero habría llegado, con toda probabilidad, en 1992 y aledaños; en cualquier caso, no fue aquel un revival político, sino historiográfico).

Entre 2004 y 2011, como decía, la ley de memoria histórica se plasma en forma de súbita crecida: de la decena larga sobre la que pivotan los ochenta, los noventa y los primeros 2000, se pasa a la serie 55-34-53-53-32-19-45. En el ecuador de ese retroactivismo (que parece moderarse levemente durante el bienio más asolador de la crisis), despunta una noticia: “Sólo 70 personas en el Valle de los Caídos”. La cifra se dispara hasta 99 artículos en 2015, año I de los ayuntamientos del cambio, IV de la hipermovilización procesista e inicio de un trienio que tiene como suelo las 50 noticias de 2016. En 2018, sólo hasta el 22 de julio llevamos 77, por lo que, con toda seguridad, se rebasarán, con mucho, las 99 de 2015. Nunca un caído habrá estado tan ¡presente!

Cualquier inmersión en la hemeroteca tiene algo de chapoteo melancólico. En 1977, El País titulaba así la noticia sobre la manifestación del 20-N: "Unos 150.000 franquistas, contra la democracia en el 20-N". Ni 'histórica exhibición de fuerza' ni 'otro 20-N multitudinario' ni 'nueva demostración de fuerza'. 150.000 nacionalistas contra la democracia. Y en 1978: "Millares de personas uniformadas de azul 'tomaron' Madrid después del acto en la plaza de Oriente". Ni 'la marea azul inunda las calles de Madrid' ni 'miles de personas celebran...'. Uniformados 'tomaron' la ciudad.

Voz Pópuli, 3 de agosto de 2018

viernes, 27 de julio de 2018

Ni César ni nada

Así como la derrota en unas elecciones no impide integrar el Gobierno que forme el vencedor, perder un congreso supone, si no el destierro, sí la marginación. En ello influye el encono con que suelen librarse esta clase de lizas, cristalizado en la célebre gradación de Adenauer, a la que Andreotti dio una vuelta de tuerca: “Hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido”. Por obvias razones darwinistas no hay estructura de poder que despierte mayor hostilidad entre sus miembros. Y aún más insalvable que el encarnizamiento, que la radicalidad de la contienda (acrecentada por el prurito de disimulo a que obliga enfrentarse a un compañero), es la incompatibilidad de los proyectos. Ni el PSOE de Rosa Díez era conciliable con el PSOE de Zapatero ni el Podemos de Iglesias podría acomodar, sin menoscabo de su ideario, al Podemos de ErrejónSantamaría no es ajena a tales inercias, por lo que su intento de negociar la pax a cambio de un 43% de los puestos en la Ejecutiva de Casado sólo refiere su incapacidad para asumir la derrota.

Los manejos que se le atribuyen (una leyenda que ella misma ha cultivado a base de omisiones, en la convicción de que tendemos a asociar la perversidad con la inteligencia, y en la que también ha tenido algo que ver el gusto de cierta prensa por la literatura de intriga), topan en el caso del máster con una evidencia: el periódico que más a fondo se ha empleado contra su rival no ha sido El País, sino El Mundo. Antes que la ponzoñosa regurgitación sobre su paso por la Rey Juan Carlos que viene publicando el primero (y que demuestra que tampoco Soledad Gallego-Díaz sabe perder), lo que hizo peligrar la candidatura de Casado fue la información del presunto aprobado ¡político! de 12 asignaturas de Derecho en 2007, que firmaron Quico Alsedo y Pedro Herráiz en 'EM', y que supuso el arranque de un formidable despliegue que incluyó otras cinco piezas. La Complutense, universidad a la que estaba adscrito el centro donde cursaba la carrera el joven diputado palentino, abrió una investigación al respecto y, según se supo el pasado día 23, no ha hallado ninguna irregularidad. Como es norma en el gremio, y en ese aspecto no hay distingos, a esta hora del jueves, día en que escribo, 'EM' aún no ha dado cuenta del desenlace.

Voz Pópuli, 27 de julio de 2018

martes, 24 de julio de 2018

Sacerdotisas, al fin

En su peripecia igualitaria, la mujer ha conquistado una cima impensable o acaso inadvertida: la retransmisión televisiva de partidos de fútbol. En el pasado Mundial, la locutora brasileña Isabelly Morais narró para Fox Sports el debut de la ‘penta’ contra Suiza, y sólo cinco días después, la británica Vicki Sparks, tertuliana habitual de Final Score, el programa decano de los ‘estudio-estadio’ europeos, puso voz al Portugal-Marruecos. En España, la periodista que está llamada a hollar ese ocho mil es Natàlia Arroyo, comentarista de Bein Sports (así ensalzaba sus análisis el técnico del Betis, Quique Setién), cronista del diario Ara (se ocupó durante un tiempo del RCDE y como quiera que sus piezas eran las que despertaban mayor interés, le asignaron el Barça; hasta los cronistas nos roban) y seleccionadora catalana.

Cualquier deporte que lleve adosado el adjetivo ‘femenino’ implica un consenso sobre las limitaciones. El sexo es un hándicap tan natural como la edad, de ahí que las hazañas de las mujeres y los alevines se celebren con un deje inexorable de arrogancia. Mal que nos pese, de las chicas no se dice que son marcianas, sino que son messis, ¡ronaldinhas! Pero una locutora no sólo puede medirse con Víctor Hugo Morales, Matías Prats o Héctor del Mar, sino que está obligada a ello. Como es fama, todas esas leyendas empezaron de críos, recitando alineaciones frente al palo de una escoba o, en demediado delirio (¡bien lo sé!), cantando sus propias jugadas de forma simultánea (y en tercera persona, como Hugo Sánchez). En casi todos los cursos de mi colegio había una chica que prefería el fútbol a la comba, pero nunca conocí a ninguna que ‘jugara’ al carrusel deportivo. Ignoro si Sparks o Morais cumplieron de crías con ese rito iniciático. Sea como sea, tan asombroso como una mujer oficiando es un hombre dejándose oficiar. Por eso el progreso es general.

The Objective, 24 de julio de 2018

viernes, 20 de julio de 2018

Barcelona, puerto franco


Me alertó la menor de mis hijas mientras rodeábamos la estatua en autobús. “En el dedo de Colón han puesto algo.” Como quiera que no acertábamos a identificar el objeto, tecleé en el iPhone ‘Barcelona’ + ‘Colón’ + ‘Activistas’. Y ahí estaba: “Dos escaladores, activistas de la organización Proactiva Open Arms, han colocado este miércoles un chaleco salvavidas gigante en la estatua de Cristóbal Colón en Barcelona, coincidiendo con la llegada al puerto del barco Open Arms con 60 migrantes a bordo”. (Migrantes, sí, como las golondrinas en invierno.) No era la primera vez que miembros de un movimiento social, ONG o similar se encaramaban al monumento para quebrar el skyline de la ciudad con un reclamo reivindicativo. En 1991, dos insumisos al servicio militar obligatorio se encerraron en la cúpula tras inutilizar el ascensor y desplegaron una pancarta, no recuerdo si alusiva a la mili, los objetores presos o la guerra del Golfo, por ahí andaría. Lo que distingue aquella acción de la del pasado 4 de julio es que la segunda fue el colofón a una campaña puesta en marcha por el Ayuntamiento de Barcelona, primer agitador de la ciudad. Ese mismo día, del balcón de su sede, en la plaza de San Jaime, colgaba, además del preceptivo lazo amarillo, una pancarta de bienvenida al barco Open Arms con la inscripción ‘Barcelona, puerto seguro’. 

Desde que Ada Colau ejerce de alcaldesa, buena parte de las causas que defiende Barcelona en Comú han tenido eco en la fachada del edificio, relegando a lo exiguo el escudo que proyectara Molina i Casamajó, único emblema que debería distinguir a la Casa de la Ciudad. Así, además del lazo amarillo y el ‘safe passage’ (con la aberración que supone situar en idéntico plano a quienes huyen de la guerra y de la miseria y a quienes, como gobernantes de una próspera región de Occidente, se dieron al capricho de violentar la ley y azuzar a una mitad de la población contra la otra); aparte de tan antitéticas proclamas, en fin, hemos visto pancartas con los lemas ‘Llibertat presos polítics’, ‘Més democràcia’ (un modo como otro de insinuar que en España no la hay), el recurrente ‘Welcome Refugees’, una declaración de huelga por el 8-M, el arcoíris LGTBI y un estupefaciente ‘The planet first’, para que los turistas sepan cómo se las gasta la alcaldesa con Trump. 

El consistorio es hoy un top manta ideológico, en cabal reflejo del top manta textil que se extiende por el casco antiguo a rebufo de la retórica de integración, sindicación, cooperativismo… En la certeza de que no hay mejor solución para un problema que declararlo irresoluble, Colau y su equipo no plantean otra medida que la invocación de las causas. Así, la proliferación de manteros, lejos de interpelar al Gobierno municipal, constituye una expresión del desequilibrio estructural entre el Norte y el Sur, un asunto, en fin, sobre el que poco o nada podemos hacer, salvo sensibilizar a la población. E idéntico tratamiento merecen el vandalismo ultraizquierdista o las algaradas nacionalistas.  ¿Que la muchachada de Arran asalta un autobús turístico, como sucedió no hace mucho? Se trata de “una iniciativa simbólica, una de las tantas que se producen en la ciudad” [el vandalismo como iniciativa que se produce], y que hace necesario impulsar un debate sobre la gentrificación. ¿Que los CDR okupan la antigua cárcel Modelo? Lo que en verdad merece nuestra repulsa es que el Estado español pisotee los derechos y las libertades de los dirigentes independentistas. Entre los efectos más lesivos del trienio populista en Barcelona se halla la supeditación de cualquier posibilidad de progreso a un magma de razones inconsútiles que van de Chomsky a Montalbán, concejales áulicos. Si Manuel Valls aspira finalmente a la alcaldía, el primer punto de su programa ni siquiera ha de ser el restablecimiento del orden. Habrá que ir más allá: habrá que restablecer la política.

Voz Pópuli, 20 de julio de 2018

viernes, 13 de julio de 2018

Verdad o acción

Raras veces me han dicho “no”, así, a bocajarro, pero lo que me inquieta de verdad es que tampoco recuerdo que me hayan dicho “sí”, por lo que a no mucho tardar (¡o eso espero!) habré de responder de mi conducta ante un juez. Hablo, por supuesto, de mi experiencia como adulto; de crío, el sí y el no, de viva voz o manuscritos en una de esas notitas que iban circulando de pupitre en pupitre, fueron el código binario de mis desasosiegos. De ese sin aristas parecen sacados los usos amorosos que impone el nuevo mujerismo, y a los que el Gobierno pretende otorgar rango de ley. En adelante, todo lo que la seducción tiene de sofisticado, de civilizatorio, ¡de humano! habrá de pasar por el cedazo del metoo. La conversación ingeniosa, las ocurrencias chistosas, aquel pestañeo suyo; el lenguaje, en suma, ese milagro que nos exime de la humillación de preguntar sí o no, será un crédito potestativo, pues en última instancia, y antes de rozarse siquiera, habrá que sellar una póliza.

Y qué hay de los arrebatos, esos lances en los que no media palabra ni consentimiento alguno, por vago o impreciso que sea, y en los que se entremezclan la brusquedad, el desespero e incluso el desdén. Qué hacemos con la mantequilla de El último tango y la harina de El cartero siempre llama dos veces, qué con Eyes Wide Shut o Herida. ¿Y el alcohol, presente en la inmensa mayoría de las relaciones entre desconocidos? ¿Qué ha previsto el progresismo (¡el progresismo!) para sancionar esa evidencia? Desde que a propósito de los 5 de Pamplona, tantísimas (y tantísimos) comentaristas concluyeron que hacer una mamada con los ojos cerrados revela coacción, cabe esperarlo todo. Y no lo digo retóricamente: Podemos registró ayer una proposición no de ley que incluye una multa de tres a nueve meses o de 31 a 50 días de trabajos comunitarios para quien se dirija “a una persona en vía pública con proposiciones, comportamientos o presiones de carácter sexual o sexista que, sin llegar a constituir trato degradante ni atentado contra la libertad sexual, creen para la víctima una situación intimidatoria”. Aluden, en efecto, a las zalamerías de toda la vida, a las que tan propenso soy. Ya no digamos mi amigo Juan Abreu, del que las charcuteras del mercado celebran sus preciosidad, belleza, mami linda y qué te has hecho en el pelo hoy, esa querencia suya al piropeo frente a la que la izquierda no ofrece más que cilicio.

Voz Pópuli, 13 de julio de 2018

sábado, 7 de julio de 2018

Dios es cuadrado

Bajo el pretexto de la sofisticación tecnológica y el prurito civilizador, el fútbol moderno ha ido renovando las cláusulas del contrato con el público. Si en mi niñez, en mitad de una retransmisión, el locutor de turno (del que sólo se esperaba que murmurara el nombre del futbolista que tocaba la pelota; sólo José Félix Pons se permitía algún aderezo) hubiera anunciado: “No se pierdan, después del partido, la nueva entrega de Lo que se avecina, la serie más disparatada de la ficción televisiva”, habría abjurado del mundo. Hoy, en cambio, finjo no haber oído nada, y de esa suspensión de la incredulidad saco el aplomo para seguir, mal que bien, a pie de obra.

El emplazamiento de las cámaras no ayuda. Como nos hizo ver Patricia Jacas a su marido y a mí en la final de la Champions contra la Juventus, la omnisciencia de la realización, y en especial esa steady que cuelga del cielo, están más cerca del FIFA Nintendo que de aquellos picados unicejos que tantos goles dejaron fuera de plano, en el limbo perfecto de la fantasía. Y qué es hoy el estallido de la celebración sino una pura retención de humores en espera del dictamen del VAR; gozos en diferido y desconsuelos tántricos, sí, también a ello nos iremos acostumbrando en memoria del niño que somos. A lo que no logro hacerme, pues el colapso es casi multiorgánico, es a que los jugadores, cuya única gesticulación homologada de Platko a Benzema ha consistido en casar las mitades de una esfera abollada, se den a la mímica del cuadrado. Por esa insólita ventana se está yendo mi fe.

The Objective, 7 de julio de 2018