jueves, 14 de septiembre de 2017

Agrupémonos todos cada día

Llevo observándolos durante años y he llegado a creer que la reivindicación de la independencia es un pretexto para revolcarse en el barro de la historia, para suspender, siquiera por un minuto, la enojosa realidad y entregarse al melodrama con frenesí de derviche. Que antes, en fin, que un horizonte nacional, les concierne esa mística de karaoke que tiene su cénit en Els Segadors. En el penúltimo aliento de su juicio, Maragall trató de subvertir la tradición incrustando en el programa de la Diada a Mayte Martín y Miguel Poveda, y dejando Els Segadors para el principio. Con los teloneros. La iniciativa no sólo no prosperó sino que diez años después, no hay en Cataluña un solo acto institucional que no se abroche con la letrilla de marras.

El 6 de febrero, Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau recorrieron a pie el trecho que separa la plaza de San Jaime de la sede del TSJC, en el paseo de Lluís Companys. La comitiva, a la que se fueron adhiriendo partidarios, y en cuyas primeras filas se hallaba el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, bajó por la calle Jaime I, enfiló Platería y, a la altura del Fosar de las Moreras, kilómetro cero del independentismo, se detuvo para entonar El Cant dels Segadors. Ya a las puertas del juzgado, y antes de que el engranaje estatal engullera a la terna de procesados, el gentío se arrancó otras dos veces con el himno catalán.

El 20 de marzo, el Palau de la Generalitat acogió la apertura del 40º aniversario del retorno del presidente Tarradellas. Tras las preceptivas intervenciones de Puigdemont y el hijo de Tarradellas, Josep, la Coral de Veus del Vallès interpretó Els Segadors. Otro tanto aconteció el 24 de ese mismo mes en el Ayuntamiento de Manresa, con ocasión del 125 aniversario de las Bases de Manresa, si bien en este caso la interpretación corrió a cargo de la Capella de Música de la Seu y l'Orfeó locales.

La coletilla 'Al término del acto, los asistentes entonaron El Cant dels Segadors', tan enquistada en la prensa catalana como lo estuvo el mítico sintagma 'El president de la Generalitat, Jordi Pujol,...' cerró asimismo las crónicas de la asamblea general anual de la ANC (29 de abril), la declaración de Carme Forcadell en el TSJC (8 de mayo), la movilización convocada por la Generalitat en apoyo del reférendum (11 de junio) y la Patum de Berga (17 de junio), que presidió Puigdemont desde uno de los balcones.

Con el calor llegaron los festivales de rock, hogar del anciano. "El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha agradecido al grupo de rock británico Deep Purple que anoche interpretase por sorpresa unos acordes del himno catalán "El Segadors" durante su actuación en el Rock Fest Barcelona, que se celebra este fin de semana en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona)". Visto con perspectiva, hablar de Els Segadors 'por sorpresa' parece una broma; es fama, además, que en ningún otro lugar se gastan como en Cataluña. Pero no no perdamos el hilo. Al día siguiente (3 de julio), al terminar el acto celebrado en el paraninfo de la Universidad de Barcelona en favor del referéndum, 'los asistentes entonaron El Cant dels Segadors'. Y un día después, en el Teatro Nacional de Cataluña, el Govern presentó la ley del referéndum: "Podemos garantizar a los ciudadanos de Cataluña que el día 1 de octubre votaremos", ha finalizado Puigdemont, segundos antes de que comenzara a sonar 'Els segadors', que ha marcado el fin del evento".

No bien hubo acabado agosto, Puigdemont y otros miembros del Govern tuvieron oportunidad de ir aclarando la garganta en las fiestas de Sitges, y así desmelenarse el 6 de septiembre en el Parlament, como es de ley, por lo demás, en cualquier cita con la Historia. El último hito conocido fue el día 11, en que se conmemora, dicen los conmemorandos, el Día Nacional de Cataluña. Definitivamente, no hay en el mundo bromas iguales.


The Objective, 14 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Soler, Buenafuente, Albà y... ¡Otegi!

Uno de los hitos de TV3 en 2005 fue el programa El Favorit, que glosaba la figura de algunos de los catalanes que habían merecido un lugar en los libros de historia. Se trataba de desmenuzar el pasado mediante el uso de un lenguaje directo, asequible y a ratos incluso chistoso, conforme al principio pedagógico, tan caro a nuestros educandos, de instruir divirtiendo y divertir instruyendo. Al frente de El Favorit se hallaba el inefable Toni Soler, ideólogo, junto con Mikimoto y Buenafuente, de esa escuela radiotelevisiva de factura estilosa donde lo que no es broma es agravio. A su lado, el profesor de Historia Moderna y Contemporánea Oriol Junqueras oficiaba de autoridad académica, contrarrestando con templanza jesuítica la chocarrería de Soler. El payaso torpe y el payaso serio.

Pensaba en ello al hilo de la aparición de Junqueras en la retransmisión de la Diada en TV3, alcachofa en mano, en lo que parecía un remedo de su antiguo rol televisivo, por el que, gracias al trampantojo del croma, guiaba al espectador a través de escenas históricas, mezclándose con personalidades de la época. Un Forrest Gump après la lettre. Así, en el episodio dedicado a Companys vemos al hoy líder de ERC deambular por la Plaza Cataluña el 6 de octubre de 1934, esto es, el día en que aquél proclama el Estat Català (min. 22:29). En la imagen, y al decir de Junqueras, un grupo de mossos d'esquadra efectúa trabajos preparativos "de la movilización ciudadana". El corolario podría haber sido escrito este mediodía: "Teniendo en cuenta que es el propio Gobierno de Cataluña quien ha convocado la huelga general [que precedió al golpe], es lógico que los mossos d'esquadra y la Policía apoyen la convocatoria". La presunción de que el 1-O, en fin, lleva años escriturándose en directo resulta en ocasiones de una grotesca literalidad.

Es probable que a Otegi no le haya pasado por alto que la chacota, por xenófoba que sea, rinde más beneficios que el tiro en la nuca. Ello explicaría que para su intervención en el programa de TV3 Preguntes Freqüents se preparara un chiste sobre Albert Rivera en la mejor tradición del histrión Toni Albà. Él mismo había dado la clave minutos antes, a cuenta de una reflexión que debió de parecerle demasiado grave para el tono general de la cadena: "Igual con esto me pongo un poco trascendente, y sé que aquí también intercaláis el humor". Una claudicación, en efecto. Aunque siga dejando salpicaduras.

(Coda: "Pensamos que el día en que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías y se oiga música rock americana, y todo el mundo vista ropa americana, y deje de hablar su lengua para hablar inglés, y todo el mundo esté, en vez de estar contemplando los montes, funcionando con internet, pues para nosotros ese será un mundo tan aburrido tan aburrido que no merecerá la pena vivir". Arnaldo Otegi, en La pelota vasca.)


Libertad Digital, 12 de septiembre de 2017

martes, 5 de septiembre de 2017

Letras protestadas

Los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils trajeron un alud de columnas, consignas y pecios de variada podredumbre moral. A la histérica invocación de unas causas que permitieran señalar al sistema como responsable subsidiario se añadió esta vez el pleonasmo del innoble nacionalismo, que, conforme a su querencia alquimista, trató de convertir la sangre en mito fundacional. El histórico 17 de agosto lo sería, sobre todo, por el ufano aleteo del Nou Estat. Nada más coherente con este fin que sugerir, como sugirió Vicent Partal, de Vilaweb, que el Gobierno de España planeó la matanza para sacar al Ejército a la calle "pensando en el 1 de octubre". En cuanto a Antoni Puigverd, de La Vanguardia, su "corristeis a escribir deprimentes editoriales" se levanta sobre un ensueño tan pintoresco como apolillado: un batallón de periodistas mesetarios llegó, vio y mintió. Y lo hicieron, además, al unísono. Como si el editorial único no fuera un (sub)género exclusivamente catalán. Y como si los reporteros de los diarios nacionales no estuvieran ya en Barcelona cuando el mal embistió a la multitud. A tal punto que conforman el grueso de la prensa local. Quienes no estaban, advierte Dragó, eran los manteros, bien entendido que el "tam-tam de las aljamas de la inmigración funciona de maravilla". A los diez días llegaría el turno de los morigerados. ¿Pudo evitarse?, se pregunta Ramoneda. No, no se refiere al atentado, sino a la muerte de los terroristas.

Como la infelicidad tolstoiana, cada uno de estos artículos es desgraciado a su manera. Hay, con todo, un nexo: en todos ellos, las víctimas no son más que una molestia argumental. Unas veces nervio, otras tendrum.

"Y cuando me he puesto a escribir, solo me salía amor –pido disculpas–. El amor que domina el duelo. (...) El amor mata al odio. Lo dijo Martin Luther King varias veces, precisamente. Pero del odio tendremos que hablar. Para buscarle causas y atajarlo".

"La policía de Cataluña ha demostrado con matrícula de honor que está preparada para asumir cualquier gestión que le encarguen, cualquier función que en un futuro inmediato deba asumir. En esta ocasión es muy difícil hacer ninguna crítica a un operativo técnicamente complicadísimo –se han llegado a desplegar ochocientos controles simultáneos–, científicamente impecable y políticamente mucho más que digno. Y, además, sin colaboración. Desconectada de los bancos de datos internacionales y con un estado inexistente, el español, que ya se ha demostrado que no es necesario para garantizar el funcionamiento normal de Cataluña".

"Necesito abrazar a un musulmán".

"Los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils han desatado una reacción de islamofobia que en palabras de la Plataforma contra la Islamofobia tiene dimensiones de una "brutal ola" sobre todo en las redes que no se produjo tras el 11-M. El odio al islam se propaga en Internet, pero se han registrado también ataques al menos a cuatro mezquitas y pintadas a locales, y ha llegado incluso a la agresión física denunciada por un menor musulmán".

"En el caso de los atentados de Barcelona y Cambrils hay datos muy importantes que hay que estudiar a fondo, pero a estas alturas todavía no he visto a nadie que aportara un solo dato serio que obligara a pensar en un ataque de falsa bandera. Ahora bien, es evidente que podría serlo. Son muchas las preguntas que, según sea la respuesta, nos podrían llevar a ello: cómo el imam, extrañamente, no fue expulsado después de haber estado en la cárcel, por ejemplo. O por qué el gobierno español tardó siete interminables horas en comparecer. O hasta qué punto pensaron en aprovechar el atentado para hacer salir el ejército a la calle pensando en el 1 de octubre".

" ¡No pudisteis reprimiros ni cuando la sangre de los muertos de la Rambla era tibia! ¡Corristeis a escribir deprimentes editoriales en los que se mezclaba la atrocidad de los yihadistas con el proceso independentista! Ins­trumentalizasteis la tragedia para con­seguir rendimiento político. Habéis despertado el mal espíritu que por partida doble torturó a las víctimas madrileñas de Atocha. ¡Lo habéis despertado otra vez!".

"Las Ramblas, a las cinco de la tarde, siempre están llenas de manteros. El día del atentado no había ni uno. ¿Peco de paranoia? Puede, pero el tam tam de las aljamas de la inmigración funciona de maravilla".

"Lo único que no interesa es investigar las causas reales de este fenómeno de radicalización de personas tan jóvenes así como los fallos de seguridad que se hayan podido cometer para que esta importante célula terrorista pasase desapercibida al Ministerio del Interior".

"Estoy convencido de que si Peret viviera, hoy lamentaría amargamente el reciente atentado terrorista de la Rambla y tal vez hubiera compuesto una canción alusiva".

"Tras saber que el Gobierno ocultó a los Mossos la información de que el imán era peligroso y permitir así que siguiesen preparando el atentado ¿no va a pasar nada? Va a seguir ese Gobierno? No hay crisis política? Hay oposición en este sistema podrido? Tiene este gobierno Rajoy alguna autoridad moral o política para amenazar a los catalanes que quieren votar?".

"Carles Puigdemont no deseaba que el Rey fuese pitado y abucheado, pero no lo pudo evitar".

"Dos semanas después de los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona), que dejaron 22 muertos -incluidos seis de los terroristas- y un centenar de heridos".

"Es la primera vez en la historia reciente de España que unos policías optan por abatir —'hacer caer sin vida a una persona o animal', define la RAE ese término muy empleado en el mundo de la caza— a todo un grupo de presuntos terroristas y no hay polémica alguna. El mosso que mató a cuatro yihadistas ha llegado a ser calificado de héroe mientras se recordaba elogiosamente su paso por la Legión".

"¿Era inevitable que los Mossos abatieran a los terroristas? ¿Qué esperan los partidos a plantear esta pregunta en sede parlamentaria? Son cuestiones de fondo —que atañen a nuestros valores— que no deben eludirse. Creo que urge restaurar el lugar de cada cosa (el terrorismo yihadista no es el principal problema de España); renunciar a las explicaciones simplistas que solo sirven para columpiarse en la construcción de la islamofobia, sin respeto para muchos conciudadanos; y no utilizar el terrorismo ventajistamente en problemas que no tienen nada que ver, como el soberanismo catalán".

"Muchos os preguntaréis si el salafismo lleva a la paz debido a que algunos de los criminales que más aparecen en los medios dicen ser de este movimiento. Pues la respuesta es fácil: un diamante es una piedra preciosa que a muchos de vosotros os gustaría tener, ¿no? Pues ese mismo diamante puede abrir una cabeza si a alguien se le ocurre la desviada idea de tirársela a otra persona. Algo parecido pasa con el islam".


Libertad Digital, 5 de septiembre de 2017

jueves, 31 de agosto de 2017

La hora del patio

El Barça, la inmersión lingüística, el club infantil Súper 3 y la casa madre de este último, TV3, son los cuatro instrumentos de que se ha valido el catalanismo para socializar a la infancia. Si bien se trata de instituciones que cumplen funciones distintas, presentan dos rasgos comunes: la glorificación del ocio y un antiespañolismo que, las más de las veces, se expresa en forma de chiste.

Hasta tal punto tiene asumido el nacionalismo que dichas fábricas, por emplear el símil con que alude al PP y a C’s, son de su entera propiedad, que ayer el portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, invocó en su alegato prorreferéndum una canción del Club Súper 3 titulada ‘Uh, oh, no tinc por’ (quitándole, de paso, el último velo de ambigüedad al lema de la manifestación del sábado). Sea como fuera, antes de incrustar el ‘Uh, oh…’ en el Diario de Sesiones, Tardà ilustró a Rajoy: “El Club Súper 3 tiene el triple de socios que el Fútbol Club Barcelona”. Habiendo hablado tantas veces en nombre de Cataluña, que lo hiciera en nombre de los niños del Súper 3 aun podría considerarse un rapto de modestia.

En cualquier caso, no estaría de más que la próxima vez acreditara el permiso de los padres, que fue, por cierto, lo que hizo la Casa del Rey cuando el Gobierno de Puigdemont exigió que retirasen de la web las fotos de niños y adolescentes heridos. No fueron escrúpulos, no; es que a mis niños, señora, sólo les pego yo.


The Objective, 31 de agosto de 2017

martes, 29 de agosto de 2017

Ciudad muerta



1) El islam es una religión de paz que nada tiene que ver con el terrorismo. La guerra que libra el islamismo contra la civilización rinde, de manera más o menos cotidiana, matanzas de infieles, crímenes de honor, ablaciones de clítoris, jurisprudencias basadas en el ojo por ojo y, en general, estados de opinión contrarios a la democracia. Alá es el único dios en cuyo nombre se sigue asesinando en el siglo XXI, y al margen de disquisiciones teológicas o etimológicas sobre conceptos como el de sharía, no parece pertinente dejar de lado esa evidencia a la hora de abordar sucesos como el de Barcelona. Un hombre tan poco sospechoso de islamofobia como Mario Vargas Llosa ha llamado la atención al respecto en infinidad de ocasiones. Esta reflexión, por ejemplo, tan afable como certera, corresponde a un artículo publicado en El País hace 4 años: "Tengo algunos amigos musulmanes y todos ellos, personas cultas, modernas, tolerantes, genuinamente democráticas, me aseguran que no hay nada en su religión que no sea compatible con un sistema político de corte democrático y liberal, de coexistencia en la diversidad, respetuoso de la igualdad de sexos y de los derechos humanos. Y, por supuesto, yo quiero creerles. Pero, ¿por qué no hay todavía un solo ejemplo que lo demuestre?". Más expeditivo, el periodista libanés Ghasan Charbel, en un artículo reciente en el periódico panárabe Asharq al Awsat recogido por El Medio, se preguntaba: "¿De dónde sacamos [nosotros, el islam] semejante carga de odio? ¿Por qué sentimos la tentación de colisionar con el mundo y no de vivir con él y en él?".

2) Muchachos como tú y como yo. De los asesinos hemos conocido a sus padres, sus hermanos, sus abuelos, sus tíos, su educadora social, su maestra, su alcalde, sus amigos y hasta las hectáreas de marihuana que cultivaba uno de ellos en su Marruecos natal. De las víctimas, apenas un apunte. No tengo la menor duda de que hay que encararse con el mal y a sus aledaños, pero no para aliñar el relato de un sueño truncado.

3) Barcelona es una ciudad abierta, diversa y tolerante. Es probable que confundiéramos nuestra dicha con la circunstancia de vivir en una ciudad dichosa, que nos hiciéramos un lío y, obnubilados por la rumba olímpica, termináramos por pergeñar un falso recuerdo. Pla, nuestro primer xerraire, ya previno al mundo acerca de Barcelona ("una ciudad espantosa, agobiante y de escasísima calidad [...] con un nivel de violencia indescriptible", le dijo a Soler Serrano). Sea como fuera, Cobi, el maragallismo y la apacible sonrisa de Eduardo Mendoza propiciaron el espejismo de una ciudad de dibujos animados, modalidad línea claral, si bien al entuerto también contribuyó, y no precisamente de forma residual, la ofuscada admiración que España, y particularmente Madrid, ha profesado por Cataluña. La manifestación del sábado, en que los nacionalistas hostigaron a militantes de Nuevas Generaciones, SCC y C's, destrozaron carteles en español y llamaron "asesino" a un individuo que portaba una bandera de Israel, sepulta definitivamente una leyenda que, en los últimos años, presentaba variados signos de agotamiento. La vergüenza que sentí me resultó vagamente familiar, pero mientras duró el desfile no acerté a identificar en qué otro instante de mi vida había sentido una repulsión así, tan angustiosamente física. Al poco me acordé: fue en septiembre de 1989, con motivo del abucheo al rey Juan Carlos I en la inauguración del Estadio Olímpico, aquel Freedom for Catalonia entre cuyos promotores, por cierto, figuraba el consejero Forn, sexador de muertos. El mismo zumbido encrespado, el mismo espesor en el aire, la misma fronda envenenada.

Por lo demás, la prueba de que el multiculturalismo no sólo no es un trasunto de la diversidad sino que se opone a ella fue la ausencia de las banderas de las 34 nacionalidades de las víctimas (incluyendo a los heridos): Alemania, Argelia, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Marruecos, Canadá, China, Colombia, Cuba, Ecuador, Egipto, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Grecia, Reino Unido, Holanda, Taiwán, Honduras, Rumanía, Hungría, Irlanda, Italia, Kuwait, Macedonia, Mauritania, Pakistán, Perú, República Dominicana, Turquía, Venezuela y España.

4) Una manifestación masiva. En las fotos, los manifestantes aparecían formando un bloque por efecto de los teleobjetivos, que tienden a comprimir el espacio. En verdad, la densidad en el centro del Paseo de Gracia no excedía de 1 manifestante por metro cuadrado, y por los laterales se circulaba perfectamente. No hay que despreciar la posibilidad de que una de las razones por que los barceloneses no atestaran las calles fuera el Alavés-Barça, que se disputaba a la misma hora.

5) Una minoría que no representa a nadie. Reducir la presencia independentista al cogollo de banderas que se ve en las imágenes es erróneo. Las banderas más aparatosas, en efecto, correspondían a quienes allí se concentraban, pero toda la manifestación era una fan zone independentista, con profusión de esteladas anudadas al cuello, carteles contra el Gobierno y el Rey, y una presencia más que notable de viejas-del-visillo prestas a zarandear españoles. Siempre Pla: "¿Cataluña? Un país de groseros".

6) Los españoles también llevaron banderas. Cierto, pero, que yo viera, ningún español trató de achicar el espacio de nadie (menos aún de forma organizada) ni concibió la posibilidad de abuchear o insultar a Puigdemont, Junqueras o Colau. Y pese a ello, el coolumnismo a lo Évole, ese que aspira a salir sin mácula de todos los charcos, sigue arrastrando el fardo de esos dos-nacionalismos-igualmente-perniciosos, confundiendo (copyright: Savater) apéndice con apendicitis.

7) Ada Colau cedió el protagonismo a la policía, los bomberos, los taxistas y los servicios médicos. La tortuosa relación de Ada Colau con la democracia da lugar a equívocos que son en verdad claudicaciones. Colau tenía la obligación de estar al frente de la manifestación no por una cuestión de protagonismo, sino porque los políticos electos son la única dignidad civil que representa a todos y cada uno de los ciudadanos. Entiendo, no obstante, que un personaje que basó su campaña electoral en consignas como "No nos representan", en el desprecio, en suma, a las instituciones democráticas, sea incapaz de asumir esa evidencia y acabe cediendo al pueblo la cabecera de la marcha y a los insurrectos el servicio de orden.

8) En cambio Myriam Hatimi, de la Fundación Ibn Battuta, que se decía representante de una comunidad, lo fue a pie juntillas. Aunque antes que repesentante deberíamos decir delegada, comisionada o embajadora. Porque en la manifestación hubo pocos, muy pocos musulmanes.

9) El abrazo del padre del niño asesinado con el imam de su pueblo fue un ejemplo de concordia. Y la demostración de que la bondad suprema también puede ser aterradora.


Libertad Digital, 29 de agosto de 2017

martes, 22 de agosto de 2017

Un fallo en el sistema

Vengo de leer en bucle el mensaje que Raquel, la educadora de Ripoll que había tratado con algunos de los terroristas, ha publicado en Facebook. En especial este párrafo, en que la autora ha puesto su mejor afán:

Erais tan jóvenes, tan llenos de vida, teníais toda una vida por delante ... y mil sueños por cumplir. [...] Ya no podré volver a decir "qué guapos estáis", o "¿ya tienes novia?". O "madre mía, cómo has crecido". No podré ver a vuestros hijos, como veo los de los demás. No os podré abrazar... Me duele tanto. No me lo puedo terminar de creer.


Increíble, en efecto, porque estas palabras, que corresponden a la fraseología de la consternación, se emplean aquí para llorar a los asesinos, enaltecidos en virtud de "un sentimiento tan fuerte [que] no es racional". Inaudito, asimismo, es el intento de la educadora de dar con lo que, en su perturbado discernimiento, deben de ser los verdaderos culpables, tentativa que parece aletear en la mención de esa "otra cara de la moneda, la que no sale en los periódicos", y que acaso se funda en la necesidad deontológica de iluminar el mundo con un prurito de simetría.

En su angustiada búsqueda, no obstante, no logra dar con ninguna traza del maléfico, enajenador sistema. Al contrario, los muchachos ("¿Cómo puede ser, Younes...?") pertenecían a familias de clase media-baja, habían cursado estudios, habían disfrutado de clases gratuitas de refuerzo, y algunos de ellos habían aprendido un oficio y se habían empleado en la industria local. Todo ello, al abrigo de un Estado cuya más afable encarnación fue, precisamente, Raquel, quien en lugar de interrogarse a sí misma, someter siquiera a examen su siniestra candidez, prefiere interrogar a la providencia, confundida con un nosotros en que se aprecian las hechuras de la siempre coactiva sociedad.

Piloto, maestro, médico, colaborador de una ONG. ¿Cómo se ha podido esfumar esto? ¿Qué os ha pasado? ¿En qué momento...? ¡Qué estamos haciendo para que pasen estas cosas!

El resultado de tan alucinante operación es que los terroristas acaban convertidos en víctimas y quienes sufrimos su acometida criminal, en culpables, acaso merecedores, digámoslo en la jerga de Raquel, de un período de reclusión en el rincón de pensar.


Libertad Digital, 22 de agosto de 2017

viernes, 18 de agosto de 2017

Rambla del Páramo

Salí de casa pasadas las cuatro sin rumbo fijo, con el propósito de darme una vuelta y tal vez llegarme hasta la Barceloneta. En una ruta no del todo inhabitual, tomé la Ronda de San Antonio desde Manso, abrevié por Tallers y enfilé las Ramblas.

Me admiré, maldita la hora, de la parsimonia, o acaso fuera pachorra, con que iba vadeando el bulevar; y me sonreí, siquiera por contraste con los tiempos en que apretaba el paso al llegar a la altura de Unión. Eran las 16:19 (lo sé por un mail de Arcadi que me detuve a leer) cuando arribé al final, ese final que tantas veces fue principio de todo.

Desde allí, anduve por la calle Ancha hasta Santa María del Mar y me senté frente al templo a tomar un café. A la media hora, empecé a ver cómo alrededor de mí, los clientes de la terraza, todos los clientes de la terraza, atendían compulsivamente la pantalla del móvil. La escena, tan ruidosa y apacible a un tiempo, me llamó tanto la atención que a punto estuve de tomar una foto. Al poco sabría que no estaba ante el epítome de la enajenación moderna. También yo me conduje, a partir de ese momento, conforme a los círculos concéntricos por que se rige el periodismo.

Llamar a mis hijas para decirles que estaba bien, llamar a mi madre para decirle que estaba bien, llamar a mi abuela para... (había fallecido en julio pero se conoce que aún no tengo el dato afianzado; ¡la de veces que la he vuelto a enterrar por esos lapsus!), tratar de localizar a mi hermano (que gusta, como yo, de deambular por la zona); eso, mientras rastreaba el Twitter para ir sabiendo de amigos y conocidos. Luego, ya en el Paseo de Colón, me crucé con los primeros viandantes que venían de las Ramblas: llevaban el espanto en la mirada.

A esa hora, el trasiego urbano, esa amable trepidación en que a menudo se resume Barcelona, había cesado. Desde el pie del monumento a Colón, adonde llegaba el cordón policial (faltaban apenas unos minutos para que empezaramos a familiarizarnos con tecnicismos del tipo perímetro de seguridad), las Ramblas eran un páramo. Se dice, y es verdad, que es una de las pocas vías barcelonesas, ya no digamos españolas, en que puede uno encontrarse a alguien a cualquier hora de cualquier día. Estaban vacías; la misma clase de vacío, por cierto, que asoló Canaletas el día del golpe al Central, allá por mayo del 81.

En casa, frente a la tele (un hurra por Marc Sala, de TVE), no hubo un solo plano que no reconociera. Ni un retazo del paisaje que no estuviera cosido a una vivencia, ya fuera ésta fiera, dulce o tremebunda, como los desayunos en la Boquería después de darlo todo en el Karma, o el día en que mis hijas descubrieron, maravilladas, los puestos de animales; los mismos que, poco después, les acabarían repugnando. Este viejo cauce de alcantarilla, me dije entonces, no acaba de encajar en el siglo XXI. Ayer lo hizo con estrépito. Barcelona, en efecto, es una ciudad abierta, tolerante, rumbera. Pero, con todos mis respetos, alcaldesa, vaya poniendo unos pilones.


El Mundo, 18 de agosto de 2017