martes, 9 de enero de 2018

Treviñeses todos

Un vergonzante reflejo del delirio independentista, una fábula en torno a los límites de la ficción e incluso un constructo colectivo que acaso mereciera una redacción escolar. Franqueado ese umbral, el mito de Tabarnia no es sino la constatación de que entre el españolismo hay más, muchos más frikis de lo que creíamos y al menos tantas criaturas como entre el catalanismo. La invención de países zombi alcanzó uno de sus hitos con Camba, cuando éste aventuró con humildad de riquiño que le bastaban quince años y un millón de pesetas para hacer de Getafe una nación. Qué no podrá un ejército de tuiteros tocados por el mismo frenesí con que Dios bendice a los entusiastas del juego de rol: en quince días, en efecto, han tramado una constitución, tejido una bandera y rotulado una linde.

Confieso que hasta hoy no creía seriamente en la tesis del profesor Adolf Tobeña, que explica el soberanismo como un narcisismo grupal cuyo propósito es desbordar al enemigo a base de ensimismamiento. Mas desde que arrecia el tabarnismo, cómo no tener en cuenta su pasión secesionista; cómo, si el fenómeno no consiste más que en congratularse del ingenio que, al parecer, hermana a los tabarneses de ayer, hoy y siempre. Así, mientras que el orbe soberanista está enamorado de su infinita bondad, el tabarnés (una expresión, por lo demás, que también nubla a España) lo está de su inconmensurable agudeza. El extravío, me temo, es de raíz idéntica, y se fundamenta, aunque en distintas proporciones, en la pamema, el cinismo y la ligereza. Con todo, el verdadero denominador común es la catalanidad, condición de la que ya puede esperar uno cualquier derrape.

Mientras escribo deben de haberse fundado, si no lo estaban ya, el Instituto de las Letras Tabarnesas, la Radio Televisión Nacional de Tabarnia, el Instituto de Historia de Tabarnia (Colón, ajá, era tabarnés), Òmnium de Tabarnia, la Asamblea Nacional de Tabarnia y quién sabe si un Partido Tabarnés. Y no ha de tardar en aparecer el emprendedor que, remedando al tendero de Vilaweb, empiece a comercializar souvenirs de Tabarnia, elevando la broma a modus vivendi y abrochando así el calco del nacionalismo catalán. Todo, en espera de que en algún lugar de Tabarnia, una aldea insurrecta se proclame agudamente catalana.


Libertad Digital, 9 de enero de 2018

jueves, 4 de enero de 2018

Coartada


El nombre del insigne escritor solía aflorar en los discursos de los políticos de su presunto bando, como paradigma de la Cataluña que abrazaba el mestizaje. Con todo, la posibilidad de que le vincularan al llamado españolismo le llevaba a afirmarse en un lugar inconcluso entre el mundo y el mundillo o, si se quiere, entre la sombra y la caverna. “Y usted, don Evaristo, ¿por qué no suscribe ese manifiesto en favor de la lengua común?”. “Porque el hecho de que haya rehuido un nacionalismo no significa que deba abrazar el nacionalismo contrario, que es, sin duda, igual de intransigente o incluso más que el que denuncia ese texto”. Y así, situando en prodigiosa igualdad a belicosos y perplejos, fue sobrenadando años y tertulias, y a esa misma ficción se mantuvo aferrado hasta que, llegado el tiempo del encono, le acuciaron los murmullos, cada día más estrepitosos, acerca de su indefinición.

Sea como fuera, en los días en que secesionismo arrinconó al Estado con un simulacro de referéndum cuyo solo propósito (reconocido luego por los promotores) fue presentar a España como un Estado autocrático, el escritor fue de nuevo requerido por la prensa, ávida de prosa oracular. Como en él era costumbre, tomó la percha y se lanzó a caminar sobre la cuerda, ahora un dime, ahora un direte, un ojo puesto en el infinito y el otro en la red que había de envolverle si sufría un traspié. Su equilibrismo, no obstante, resultó incomprensible de puro virtuoso, y al punto arreció el desasosiego de quienes seguían confiando en su fino discernir.

No le quedaba otra salida que pronunciarse abiertamente y, en consecuencia, de forma inexorable, dejar de ser el literato transversal, el mandarín que tan grato, afable y encantador resultaba a sus lectores e incluso a quienes jamás le habían leído.

Entonces se le apareció la solución. Escribiría un libro. Un libro en apariencia implacable, en apariencia pedagógico y en apariencia lúcido. Y que, conforme a la apariencia, no dijera nada. Absolutamente nada. Y así, al fin, se le entendiera todo.


The Objective, 4 de enero de 2018

martes, 26 de diciembre de 2017

Un rey entre claudátors


Me dirijo a todos vosotros para felicitaros la Navidad y transmitiros junto a [me permito sugeriros, majestad, la fórmula "también en nombre de", o acaso "en mi nombre y en el de"] la Reina, la Princesa de Asturias y la infanta Sofía [si nombráis a Sofía, majestad, también deberíais nombrar a Letizia y a Leonor] nuestros mejores deseos para el año 2018.

Y os agradezco que en esta noche de encuentro de familias y de seres queridos [distinguir entre familias y seres queridos, majestad, podría prestarse a un real equívoco, por lo que os recomiendo que no dupliquéis el sintagma. Pensad que a los familiares, por lo común, se les quiere, y que los matices los carga el diablo] me permitáis acompañaros unos minutos para compartir con vosotros algunas reflexiones, cuando estamos ya a punto de terminar el año [es el año, majestad, el que termina. Y lo hace solo, sin que medie en su acabamiento la voluntad del hombre. Ni siquiera, me temo, la vuestra].

2017 ha sido en España, sin duda, un año difícil para nuestra vida en común; un año marcado, sobre todo, por la situación en Cataluña, a la que luego me referiré.

Pero también ha sido un año en el que hemos comprobado el compromiso muy sentido, firme y sincero de los españoles con la España democrática que juntos hemos construido.

Porque a lo largo de los últimos 40 años hemos conseguido hacer realidad un país nuevo y moderno, un país entre los más avanzados del mundo:

Hemos asentado definitivamente la democracia, incluso superando hace décadas un intento de involución de nuestras libertades y derechos [dado que el capítulo segundo de la Constitución está dedicado a "derechos y libertades", y que la sección primera habla específicamente de "derechos fundamentales y libertades públicas", pasaré por alto que la libertad no sea sino un derecho. Mis apostillas, majestad, no tienen como objetivo reformar la Carta Magna]. Somos una parte esencial de una Unión Europea con la que compartimos objetivos y una misma visión del mundo.

Frente al terrorismo hemos conseguido hacer prevalecer [¿qué os parecería, majestad, aligerar ese convoy –haber + conseguir + hacer + prevalecer– y decir, haciendo un guiño al pueblo y su llaneza, "hemos conseguido que prevalezcan"] la vida, la dignidad y la libertad de las personas con la fuerza de nuestras convicciones democráticas [por lo demás, majestad, intentemos que la llaneza no se deslice hacia la rudeza: "gracias a" sirve más delicadamente a vuestro propósito que ese primario "con"].

Y hemos llevado a cabo, en fin, la transformación más profunda de nuestra historia en muchos ámbitos de nuestra vida: en educación y en cultura, en sanidad y en servicios sociales, en infraestructuras y en comunicaciones, o en defensa y seguridad ciudadana.

En definitiva, a lo largo de todos estos años de convivencia democrática, los derechos y libertades, el progreso y la modernización de España, y también su proyección y relevancia internacional, han ido de la mano.

Y todo ese gran cambio, todo ese gran salto sin precedentes en nuestra historia, ha sido posible gracias a una España abierta y solidaria, no encerrada en sí misma; una España que reconoce y respeta nuestras diferencias, nuestra pluralidad y nuestra diversidad [no me he detenido, majestad, en la dupla "reconoce y respeta" por su valor enfático, pero el paralelismo o anáfora de "nuestras diferencias, nuestra pluralidad y nuestra diversidad" parece más la treta de un plumilla que ha de alargar el texto que un recurso regio], con un espíritu integrador; una España inspirada en una irrenunciable voluntad de concordia.

En el camino que hemos recorrido, desde luego, hay que reconocer que no todo han sido aciertos; que persisten situaciones difíciles y complejas [lo complejo, majestad, debe gestionarse, no corregirse. En cualquier caso, si con "situaciones difíciles y complejas" aludís eufemísticamente a "problemas", tengo para mí que los españoles agradecerían, al menos, que el velo no indujera a error. Mas también el lenguaje es negociable, y "situaciones problemáticas" podría ser, sin duda, una salida airosa] que hay que corregir, y que requieren de un compromiso de toda la sociedad para superarlas.

A pesar de todo ello, el balance tan positivo de todos estos años es innegable. Tenemos que apreciarlo y valorarlo [la insistencia en esta clase de remaches, majestad, evoca la fraseología del ex presidente Zapatero, y a este respecto he de advertiros que tenéis proscrita la identificación con tal o cual político]. Merece la pena y nos lo merecemos como país y como sociedad. [Presiento, majestad, que su afán copulativo carece de remedio].

Porque la historia de la España que juntos hemos construido es la historia de un gran triunfo de todos los españoles [bien es verdad, majestad, que un texto es una escalera que requiere descansillos, pero incluso éstos han de tener algo debajo]. Una España a la que no debemos renunciar, que debe ilusionar y motivarnos [...] y que debemos seguir construyendo, mejorándola, actualizándola, sobre la base sólida de los principios democráticos y los valores cívicos de respeto y de diálogo que fundamentan nuestra convivencia.

Unos principios y valores que, como hemos comprobado incluso en este año 2017, están profundamente arraigados en nuestra sociedad, en la vida diaria de nuestros ciudadanos, y tienen raíces muy hondas en las conciencias y en los sentimientos de los españoles [reparad, majestad, en que lo arraigado vale para "sociedad" pero "raíz" no vale para "españoles", tomados de uno en uno y con su raíz honda en la conciencia. O habrá quien vea, en lugar de españoles, al monstruo arbóreo de Bayona]. Mucho más de lo que nos podíamos imaginar.

España es hoy una democracia madura, donde cualquier ciudadano puede pensar, defender y contrastar, libre y democráticamente, sus opiniones y sus ideas ["donde cada ciudadano puede pensar sus ideas". La hinchazón del lenguaje, majestad, conlleva el riesgo cierto de perder el hilo y con él, el sentido]; pero no imponer las ideas propias frente a los derechos de los demás ["opiniones" e "ideas", majestad, están muy cercanas como para que no resistan el pronombre, y en "propias" y "frente" me ha parecido ver la mano de nuestro plumilla apurado. Dejémoslo así: "pero no imponerlas a los demás"].

Respetar y preservar […] los principios y valores […] de nuestro Estado social y democrático de Derecho es imprescindible para garantizar una convivencia que asegure "la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político", tal y como señala nuestra Constitución [dado que esos principios, majestad, incluyen la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo, lo que estáis diciendo, en realidad, es que el respeto a los principios garantiza la convivencia que asegura los principios. Y el pavo se enfría]. Porque cuando estos principios básicos se quiebran, la convivencia primero se deteriora y luego se hace inviable. [Como quiera que "inviable" está reservada a empresas o proyectos –qué influenciable soy, lo sé, majestad–, la sustituiremos por "insufrible", que es, lo he vivido en mis carnes, la palabra que mejor define el punto de deterioro de la convivencia en Cataluña].

Hace unos días, los ciudadanos de Cataluña han votado ["votaron", majestad; si hace unos días, "votaron"] para elegir a sus representantes en el Parlament, que ahora deben afrontar los problemas que afectan a todos los catalanes, respetando la pluralidad y pensando con responsabilidad en el bien común de todos [el bien común, majestad, es de todos por definición].

El camino no puede llevar de nuevo al enfrentamiento o a la exclusión, que –como sabemos ya– solo generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y –por supuesto– económico de toda una sociedad.

Un camino que, en cambio, sí debe conducir a que la convivencia en el seno de la sociedad catalana –tan diversa y plural [...] como es– recupere la serenidad, la estabilidad [...] y el respeto mutuo; de manera que las ideas no distancien ni separen […] a las familias y a los amigos. Un camino que debe conducir también a que renazca la confianza, el prestigio y la mejor imagen de Cataluña; y a que se afirmen los valores que la han caracterizado siempre en su propia personalidad ["los valores que la han caracterizado en su personalidad", majestad] y le han dado los mejores momentos de su historia: su capacidad de liderazgo y de esfuerzo, su espíritu creativo y vocación de apertura, su voluntad de compromiso, y su sentido de la responsabilidad.

Pero superar los problemas de convivencia que ha generado esta situación no nos puede hacer olvidar, por supuesto, otras serias preocupaciones y desafíos de la sociedad española, que también condicionan nuestro futuro y a los que me voy a referir muy brevemente:

Nuestra economía y el empleo han mejorado sustancialmente, pero la creación de puestos de trabajo estables tiene que ser siempre un objetivo esencial y prioritario […] Como igualmente no puede caer en el olvido la obligación y la responsabilidad […] de afrontar la desigualdad y las diferencias sociales […], sobre todo tras las consecuencias generadas por la reciente crisis económica, que tanto daño ha hecho a no pocas familias, y ha afectado tanto al futuro de muchos jóvenes.

El terrorismo yihadista sigue siendo una amenaza mundial y este año nosotros lo hemos sufrido directamente en Barcelona y Cambrils. Los españoles sabemos muy bien que solo desde la unidad democrática, la firmeza del Estado de Derecho y la eficacia de la cooperación internacional podremos vencerlo y derrotarlo [disculpad mi osadía majestad, pero sois un cachondo]. Y así lo haremos, teniendo siempre muy presentes el recuerdo y el respeto permanente a sus víctimas.

La corrupción se mantiene también como una de las principales preocupaciones de la sociedad, que demanda que sigan tomándose las medidas necesarias para su completa erradicación ["erradicación", majestad, es "extracción total", por lo que convendría ahorrarse el "completa"], y que los ciudadanos puedan confiar plenamente en la correcta administración del dinero público.

Por otra parte somos Europa, y Europa se encuentra en estos momentos en una encrucijada histórica. España debe recuperar su protagonismo en un proyecto europeo que ahora requiere una mayor vitalidad e impulso […] Europa –y España con ella– tiene que hacer frente a unos retos que son globales y ante los que no cabe la debilidad o la división sino la fortaleza de la unión.

La defensa del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático no son problemas menores ni secundarios […] por la dimensión y los riesgos que acarrean y que ya estamos sufriendo. Debemos ser muy conscientes de ello, e implicarnos todos mucho más. Y España debe mantenerse firme en sus compromisos ante un problema que afecta a todo el planeta y que requiere soluciones no sólo globales, sino verdaderamente urgentes.

Tenemos otras muchas preocupaciones –desde luego–, pero esta noche no quiero olvidarme de las mujeres que, en un silencio tantas veces impuesto por el miedo, sufren la violencia de género. Una lacra inadmisible que nos hiere en nuestros sentimientos más profundos y nos avergüenza e indigna.
Mantengamos la firmeza y el apoyo político para ayudar y defender […] a las víctimas y concienciemos a toda la sociedad contra esa violencia, criminal y cobarde, que degrada nuestra convivencia.

2018 nos espera en unos días y debemos seguir construyendo nuestro país, porque la historia no se detiene. Y no hemos llegado hasta aquí para temer al futuro sino para crearlo.

Y estoy seguro de que nadie desea una España paralizada o conformista, sino moderna y atractiva, que ilusione; una España serena, pero en movimiento y dispuesta a evolucionar y a adaptarse a los nuevos tiempos.

Sintámonos, sin complejos, orgullosos de todo lo que hemos conseguido porque es mérito de todos; confiemos en lo que siempre nos ha unido, en lo que somos, tal y como somos, y sobre todo en lo que podemos alcanzar juntos con una fe firme en nuestras convicciones y en nuestras capacidades. Si seguimos por ese camino, si lo hacemos así, y con todas nuestras energías, yo estoy convencido de que el año que viene –y los que vendrán después– serán mucho mejores. Sin duda.
Ese es mi deseo para todos en esta noche tan especial.

Muchas gracias. Feliz Navidad, Eguberri on, Bon Nadal y Boas festas.

Buenas noches. Y Feliz y próspero año 2018.


Libertad Digital, 26 de diciembre de 2017

sábado, 23 de diciembre de 2017

Democracia no escrita

No ha habido mejor prueba de que nada será igual en Cataluña tras el procesismo que la suspensión (aunque, probablemente, ni llegara a plantearse la posibilidad) de la tradicional-foto-conjunta-de-los-presidenciables al término de la campaña. Se trataba, como saben, de un ceremonial que tendía a conjurar las injurias que los candidatos se habían lanzado en el fragor de los mítines o los debates. Una vez terminada la sesión, qué duda cabe, la disputa seguía a cara de perro, circunstancia que no ignoraba el grueso de los electores. No en vano, el carácter pedagógico de aquel ritual no consistía en exhibir a los políticos entre bambalinas, en una suerte de tercer tiempo donde hasta la más sucia ofensa era susceptible de relativizarse. Lo que enseñaba, aunque yo lo aprendiera algo tarde, es que el cinismo es un valor democrático, tanto como puedan serlo la fraternidad, la complejidad o la secularidad.

En justo correlato a esa extinción, Inés Arrimadas, candidata ganadora, no ha recibido la felicitación de Puigdemont, que reserva las enhorabuenas al Girona de sus amores, máxime si el derrotado es el Madrid. Sí lo ha hecho el presidente Rajoy, cumpliendo así con una de esas reglas no escritas que confieren a las democracias timbre de civilidad.

Esa trama de cortesías, en fin, ha desaparecido de la esfera pública en Cataluña, y aunque, dada la hondura de la brecha social, parece razonable que así sea (pues, en caso contrario, nada nos salvaría ya de la locura), no está de más recordarlo. Como tampoco está de más recordar, a este respecto, el modo en que la clase política local, con Pujol a la cabeza, se vanagloriaba en los años del peix al cove de ser poco menos que un dechado de sutilezas. A diferencia de Madrid, claro, donde se estilaba el navajeo a la luz del día. Éramos, ay, una insólita cuña de elegancia en la piel de toro, donde eran norma la grosería, la chulería y la procacidad.

El poso de aquella mentira se aprecia perfectamente en las palabras del politólogo Orriols, que habla de deterioro del sistema democrático español cuando es en verdad en Cataluña donde los indicadores, ya sean tácitos o explícitos, han saltado por los aires.


Libertad Digital, 23 de diciembre de 2017

jueves, 21 de diciembre de 2017

Unas palabras sobre 2017

Algunas están por novedosas, pero el criterio de inclusión no tiene que ver con que la Academia les haya abierto las puertas (admisión, ay, que tantas veces supone un fin de trayecto), sino con su timbre de almanaque o, si se quiere, su vigencia periodística. Sin ellas no se habrían podido escribir algunas de las noticias más relevantes de 2017, pues han sido y siguen siendo el sostén semántico de la actualidad. Mi principal caladero han sido los periódicos, con la salvedad de ‘posturear’, que mis hijas conjugan con una mueca de desdén, ‘bitmoji’, de cuyo significado he sabido este mediodía por la actriz Patricia Jacas (que ya dispone de uno), e ‘hiperventilado’, keyword del Twitter catalán. El orden, dictado por el azar, propicia algunas de esas fricciones de alto voltaje con que soñó el surrealismo. Por lo demás, no teman: ‘amodio’ no figura en el lote.

Muro, pussy hat, CRISPR, procés, posverdad, DUI, turismofobia, chemsex, cacerolada, referéndum, estelada, sedición, golpe, dreamers, transgénero, madre de satán, injerencia, micromachismo, procastrinación, preverdad, manada, iros, VTC, abatir, big data, 280, pulpo, repechaje, desobediencia, mantra, posturear, uberización, acoso, coffice, plurinacional, ciberataque, machirulo, bolardo, gentrificación, VAR, duodécima, adoctrinamiento, tractorada, gravitacional, amarillo, unicornio, narcopiso, disrupción, fake news, relato, 155, eurorden, ulsterización, criptomoneda, bot, posthumanismo, hiperventilado, patear, aprendibilidad, bitmoji.


The Objective, 21 de diciembre de 2017

martes, 19 de diciembre de 2017

Manque pierda

El manifiesto que dio pie a la fundación de Ciudadanos, presentado en la primavera de 2005 en el restaurante Taxidermista, no sólo enumeró de forma preclara los estragos de más de dos décadas de nacionalismo (conservador, primero, y de izquierdas después). Además, aventuró la posibilidad de que esa Cataluña uniforme (en el lenguaje del régimen, integradora), de la que manaban casi a diario proclamas de país, tal vez no lo fuera tanto. A los quince intelectuales que elaboraron el texto (probablemente, uno de los documentos políticos más influyentes de nuestra democracia) les asistía la certeza de que Cataluña era una comunidad heterogénea. En cierto modo, no tenían más que mirarse a sí mismos y a la mayoría de las gentes de su entorno fraternal o familiar para inferir que no todos los catalanes creían que el castellano era una lengua impuesta por el franquismo, o que los problemas se resolvieran aflojando los vínculos con España. De hecho, los firmantes presumían que, si bien no todas, algunas de las soluciones bien podrían venir del restablecimiento de esos mismos vínculos, en los que, lejos de ver un yugo, intuían una trama de afectos.

¡Qué fría estaba el agua aquel 7 de junio en Barcelona! Mas se lanzaron, reclamando la creación de un partido que se identificara con la tradición ilustrada, los valores laicos y los derechos sociales, y que tuviera como objetivo inmediato la denuncia de la ficción política instalada en Cataluña. El temor que aquel llamamiento infundió en palacio no tardó mucho en aflorar. Se evidenciaba, sobre todo, en la nerviosidad de las risas, que pronto devinieron en insultos ("lerrouxistas", "inadaptados", "fascistas") amenazas y agresiones.

Ni el diagnóstico ni el remedio estaban errados. Ciudadanos, el partido que más se parece al que los 15 bosquejaron en interminables sobremesas, está en condiciones de ganar las elecciones autonómicas, lo que da perfecta cuenta de la ingente cantidad de figurantes que deambularon, que deambulamos, por el plató catalán. Sin embargo, aunque las pierda o no llegue a gobernar, habrá satisfecho el propósito capital para el que fue concebido: restaurar la realidad.


Libertad Digital, 19 de diciembre de 2017

viernes, 15 de diciembre de 2017

El bolo de Ada en el De Luxe

Cuando Jorge Javier Vázquez le dijo a Ada Colau que en ninguno de los artículos que había leído sobre ella se hacía mención de que hubiera tenido una novia, Colau respondió que no era algo que fuera contando por ahí, que si lo había contado en su programa había sido porque el tema había surgido de manera "natural", que, en cualquier caso, no tenía por qué esconderlo y que no se había planteado que su revelación le fuera a restar votos. Era mentira, claro.

En febrero de este año, Joana Bonet entrevistó a Ada Colau para el Fashion & Arts Magazine de La Vanguardia. Como sabemos sus lectores, Bonet suele desplegar con sus entrevistados una complicidad que favorece la secreción de confesiones, inventadas o no. La estratagema, recuérdese, le franqueó el paso a la alcoba del matrimonio Zapatero, donde recolectó una de las perlas que mejor ilustraron aquel tiempo de lágrimas socialdemócratas, si tú supieras, Sonsoles.


También a Colau se le aflojaron las aduanas del sentimentalismo. "Nací horas después de que mataran a Puig Antich. Eso marca", llegó a manifestar a Bonet, quien, tal vez en un acceso de magnanimidad, rescató del abismo a la alcaldesa con una pregunta-sofá que hoy, a la luz de las últimas revelaciones, presenta un renovado interés: "¿Qué es lo más doloroso que te ha pasado?". Y no, no respondió que los dos intentos de agresión sexual que, según aireó el 26 de noviembre desde un atril, había sufrido en su adolescencia. Tampoco se refirió a la ruptura con su novia italiana, Elena, que había sido, al decir de su relato en SDL, "lo más tremendo" que había vivido. El tuteo, la entrevistadora-confidente, el escenario (una mesa de trabajo en el estudio del fotógrafo Manuel Outumuro), todo, en fin, parecía dispuesto para propiciar que Colau se arrancara por intimidades (o acaso extimidades), pero la alcaldesa sobrenadó el dolor en estilo libre:

¡Uf! Estas preguntas de lo más tienes que pensarlas un rato… He padecido sufrimientos distintos. No recuerdo mucho la separación de mis padres, tenía 3 años, pero por cosas que he pensado sí que creo que sufrí. El accidente de coche de mis tíos, el sufrimiento intenso de las rupturas amorosas de la juventud.
No fue la única ocasión durante la entrevista en que pudo hablar de los dos intentos de agresión sexual y de Elena, pues Bonet siguió merodeando el flanco amor, feminidad, feminismo: "¿Cómo conociste a Adrià Alemany, tu pareja? ¿Fue un flechazo?". "Debe ser difícil compartir política y cama". "¿Cómo describirías tu feminidad?". "[De joven] ¿Te pintabas los labios y te ponías perfume?". "¿Qué significa el feminismo para ti?". "¿En qué consiste la feminización de la política?". De lo que cabe concluir que la naturalidad de la que presumió con JJV le fue esquiva durante los dos encuentros que mantuvo con Bonet hace diez meses, cuando en el horizonte no había nubarrones que amenazaran su hegemonía.


Libertad Digital, 15 de diciembre de 2017