viernes, 18 de noviembre de 2016

Un asomo de vejez

(Para Mercutio.)

1---Todo iba oliendo peor, pero no cobramos conciencia de ello hasta el día en que, en 1º de BUP, la profesora de Historia, Srta. García, nos llamó la atención a la vuelta de gimnasia. "Chicos, cuando regresáis de deporte se carga un poco el ambiente. Corréis, saltáis y, claro, sudáis. Y ya no sudáis como cuando teníais 11 o 12 años. Ahora sudáis como más fuertecito. Decidme: ¿Y si os ducharais?". 

 2---Siempre había creído que la afición al fútbol era una prolongación de la infancia. Lo que no había previsto es que fuera además un fenómeno pendular: prende con los cromos, se inflama con el juego y estalla en el graderío. Luego va reculando hasta quedar fosilizado en cuatro o cinco instantes. Un centro de Marañón en el viejo Sarriá, el empate de Dani frente a Austria en Argentina'78, un remate a gol de Santillana en un Madrid-Sporting. Cromos. El último objeto que intercambian los hombres en los rastrillos del mundo. 

 3---La impuntualidad es una coquetería que a medida que uno se hace adulto va dejando de tener sentido. 

4---Presumir de las hijas mientras son pequeñas; lucirlas como un trofeo cuando aún no requieren más que cuentos; engreírse de paternidad a condición de ejercerla sin traumas. Esa ficción acaba de un plumazo cuando oímos: "Ets patètic!", y sólo nos salva la presunción, cada vez más vaga, de que cualquier adolescencia es más siniestra que uno mismo. 

 5---La ensoñación en el sofá con la serie de turno. El despertar airado, a la cama entre gruñidos. El transistor vomita "Ra, ra, ra... el lobito está cobrando..." Maradona no duerme, leí una vez, Maradona se derrumba. Vuelta y vuelta. El lado frío de la almohada. Un programa de apariciones marianas. Lo mío ya no es insomnio sino remordimiento. Jamás he sabido, por cierto, en qué consiste conciliar el sueño. 'Está usted escuchando la repetición de... El larguero'. Son las 7 y la voz en retumbo de Losantos me agarra por la pechera, me zarandea, me apremia a las abluciones matinales. Es inútil. Maradona no duerme, soñé una vez, Maradona se derrumba: modorra, desplome, alirón. Y este mensaje de mi ex, mediadas las 8: 'Recuerda que a las dos tenemos hora con la profesora de Lola. Procura ser puntual'. 

 6---El banquete interdental. 

 7---Exploré con un amigo abogado la posibilidad de editar una compilación de relatos sobre la crisis. La idea era inventariar (con nombres apócrifos, claro está) una selección de expiaciones del derrumbe a partir de correos personales: matrimonios que echaban el cierre, socios empresariales que se divorciaban, antiguos millonarios que habían de guarecerse en casa de la madre (¡y el gato!), finos clientes de José Luis que cambiaban de acera al pasar frente a la terraza. Se trataba, en fin, de explicar la hecatombe desde el punto de vista de los ricos. Finalmente despreciamos la veta, digamos, literaria, y armamos unas frías obras completas. Éste es el índice: "Se ha suspendido el uso de su cuenta." "Servicio de apertura descubierto." "Actualice su información de pago." "Hay un problema con su tarjeta de crédito, póngase en contacto con su entidad." La nueva versión tiene la insuperable ventaja de que es perfectamente transversal. 

 8---"Ah, si ahora mismo se me aparecieran, uno sobre otro, todos los billetes, los demasiados billetes que me he llegado a gastar en chanel, cocaína y dom perignon." También este estúpido rencor hacia uno mismo tiende a mitigarse con los años. 

 9---Con la edad sobreviene una cierta aptitud para identificar y, sobre todo, jerarquizar el placer. Una taxonomía de la felicidad. "Dime algo que te parezca irresistible", me preguntó hace poco una mujer. Apenas hube de meditarlo: "Chupar la tapa de los yogures". 

 10-- Rust: ¿Por qué dejaste la poli, Marty? Podrías haber sido jefe, ¿no? Teniente, al menos... O capitán. 
Marty: Bueno, estuve otros cuatro años después de irte tú, y me pareció que el trabajo ya me había dado lo que tenía que darme. 
Rust: Explícate. 
Marty: Yo quería ser jugador de béisbol, cowboy... Y acabé siendo algo que no quería.
Rust: Supongo que yo podría haber sido pintor. No sé, de tema histórico: escenas antiguas, detalles nuevos.
Marty: Ajá... ¿Y pintas mucho?
Rust: No. Es un poco tarde para empezar a hacerlo. La vida es muy breve para ser bueno en más de una cosa. Así que ten cuidado con lo que se te da bien. 

(True Detective; temporada 1, episodio 7)

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Hay partido


El Mundo, 2 de noviembre de 2016

Nido de ratones


No future

Y aun así, qué piadosa es la prensa con la muchachada. Si Espinar fuera un pepero valenciano no se hablaría de compra-venta de un piso con saldo favorable de 30.000 euros, sino de pelotazo inmobiliario, sintagma del que colgarían voces como 'maquinación', 'especulación' y quién sabe si 'testaferro'. El hilo no presenta nudos gordianos: el padre de Espinar, Ramón Espinar Gallego, pertenecía al consejo de Caja Madrid, donde también se sentaba José Caballero Domínguez, a la sazón alcalde de Alcobendas, el municipio promotor de las viviendas que nos ocupan. No hay que echarle mucha imaginación para intuir que el "Óyeme, Ramón, ¿tu hijo no buscaba piso?" se habría convertido, en la salvífica germanía de La Sexta, en una red de tráfico de influencias que implicaría a altas instancias de la banca. Teniendo en cuenta la posibilidad de que Espinar Sénior se valiera de fondos black, y dado que Caballero Domínguez, viejo apóstol de la igualdad salarial, se pasó en 2011 del PSOE a UPyD, al presunto saqueo se añadiría el seguro transfuguismo. ¿Una compra-venta ilegítima? ¿Un asuntillo de doble moral? Probablemente, pero habrá que hacer constar, siquiera para los amantes de la estadística, que no es ése el rasero que se venía aplicando en España.

La corrupción a que apunta el caso, no obstante, no es sólo la que se deriva de especular con vivienda protegida. Más trascendente resulta que el apocalipsis que fueron pregonando los dirigentes de Podemos, y que les abrió las puertas de las televisiones, primero, y de las instituciones, después, quede desmentido con sus propias vidas. Lo ha dicho, en antológica greguería, el periodista Rafa Latorre: "Una juventud sin futuro, sí, pero con próspero presente". De esa misma impostura, por cierto, es tributaria la opinión de que Cebrián pretende influir en las primarias de Madrid. ¡Cebrián, el último errejoner, ahí es nada! Hoy Espinar ha sido trending topic mundial y con esto los cielos ya irían quedando más que asaltados.


Libertad Digital, 2 de noviembre de 2016

domingo, 30 de octubre de 2016

Tomatina

Acláreme algo, yaya: ¿Mi madre nació en Murcia porque tú y el yayo estabais de paso? Eso nunca lo he tenido claro.
-¿De paso? No, no, vivíamos allí.
-¿Cuánto duró la estancia?
-Dos años, más o menos. Regresamos a Barcelona cuando tu madre tenía cinco meses.
-¿Por qué?
-Por qué. Ay, por qué. Yo sé que tu abuelo fue diciendo por la Barceloneta que por la muerte de su padre. Que al morir su padre la vida en Murcia dejó de tener sentido, que si todo le recordaba a su padre y tal. Hubo otras razones.
-Recuerdo aquel retrato de su padre, como planchado: Don Gabino de Paco Ródenas. Un infarto, ¿no?
-Eso. Estaba atendiendo a un borracho en la casa de socorro y se desplomó.
-No debía de ser muy mayor.
-Cuarenta y pocos. Pero insisto: la muerte de tu bisabuelo no fue la única razón para que regresáramos a Barcelona. Es verdad que en los meses siguientes tu abuelo no levantó cabeza, pero hubo otras cosas, cosas que un hombre de su tiempo no siempre podía comentar en público.
-¿A qué te refieres?
-A mi tristeza.
-¿A tu tristeza?
-Añoraba Barcelona.
-Tira, la condenada.
-Sí que tira, sí. ¡Lo que yo he llorado por Barcelona no lo ha llorado nadie! Cada vez que recibía carta de mis padres... Ni leerlas podía.
-¿Y dices que un hombre no podía airear la tristeza de su mujer?
-Digamos que, en 1944, la tristeza de una mujer no podía regir la vida de un hombre.
-Háblame de tu vida en Murcia.
-¿De mi vida en Murcia?
-Sí, a qué te dedicabas.
-¡Si te contara! En cuanto nos instalamos, la madre de tu abuelo despidió a la mujer de hacer faenas y me dijo que me pusiera el delantal. Putas, las pasé en Murcia.
-Una mujer imponente, la madre de mi abuelo.
-No había día en que no me pidiera un tomatico con aceite, sal y pimienta. Harta me tenía con sus tomaticos.
-Al yayo también le chiflaban.
-Él también me tenía harta.
-En Barcelona seguiste con el delantal.
-Sí, pero ya fue otra cosa. Sobre todo desde que entre a trabajar en el Ayuntamiento. Fíjate: con lo importante que era el dinero, el día en que supe que la plaza era mía no pensé en el dinero.
-¿En qué pensaste?
-En que les iban a dar mucho por culo a tu abuelo, a su madre y a los tomaticos.
-¿Me preparas uno a mí?
-Sinvergüenza que eres.
-Sabes que sí.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Esperando a Gurb

JON NAZCA / REUTERS
Lo que más me admiró de La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, fue la literatura adyacente, todo ese florilegio de cartas, bandos y noticias que no sólo conferían verosimilitud a la ficción; además, y como mandan los tratados de narrativa, hacían progresar la acción, lo que equivale a decir que no eran dramáticamente irrelevantes. Ignoraba por entonces que el diablo estuviera en los detalles pero de eso sin duda se trataba.

A través de mi buen vecino, Teniente Coronel de Aviación, con el que coincido durante el verano en Blanes, he conseguido esta dirección, que según me indica es la adecuada para enviar el informe que tengo sobre la observación de un ovni, y es por esto que con la presente carta, le adjunto una memoria y un conjunto de dibujos del objeto observado.

La finura con que Mendoza, orfebre del folletín chapado en oro, incrustaba esa documentación (que en La verdad sobre el caso Savolta llegaba a organizar el relato, según la técnica del pastiche), me llevó a creer que el oficio de escritor podía ser placentero. A tal punto lo creí que ante cualquiera de sus livianos ingenios, dejé de ver a sus personajes para verlo a él, sentado ante un amplio escritorio adquirido, qué sé yo, en Vinçon, y sonriéndose como lo haría yo cada vez que daba con algún giro, alguna fórmula, que limara la credibilidad del simulacro. Esta declaración de amor, por ejemplo, que Nicolau remite a Margarita: “Mientras oíamos el Otello de Verdi en el palco de sus distinguidos padres, he sentido la tentación de inclinarme hacia delante y besar sus hombros. Habría sido, esto lo sé, un despropósito inadmisible y por eso no lo hice. También habría sido la única forma de que tal vez usted algún día llegase a quererme”.

Con esta memoria no pretendo llamar la atención sobre la credulidad de si he visto o no el ovni o ha sido una imagen de espejismos e imaginación, ya que de ser así me ahorraría el trabajo de hacerlo y no hablaría más del asunto. Lo que deseo es hacer llegar a la persona o personas más indicadas una serie de datos que considero que pueden tener una importancia a no despreciar, y quizás pueda contribuir a una posible visión sobre el funcionamiento de estos aparatos y la tecnología que utilizan. […] Añadiré que el aparato visto con los anteojos no tiene nada de complicaciones fantásticas o luces de colores destelleantes que tanto muestran las representaciones televisivas de observaciones reales, sino que es de una extrema sencillez y no se resalta nada que no haya puesto en el dibujo.

Y los nombres, claro. Onofre Bouvila, Honesta Labroux, Efrén Castells (¡el gigante Castells!), Odón Mostaza, Marichuli Mercadal, Carlos Prullàs, Lorenzo Verdugones, Pajarito de Soto, María Coral, Paul André Lepprince, Nemesio Cabra… Cómo escribir no iba a ser una experiencia gozosa, si brindaba la posibilidad de levantar un paisaje y bautizar a sus criaturas en la pila de todos los asombros.

Era el día 19 de agosto de 1982 (un jueves), a las 22 horas y 30 minutos. Una noche despejada y con mucha visibilidad aunque en poniente aparecía una tenue neblina a gran altura, en la que todavía se reflejaba la luz del crepúsculo. […] Salí a la terraza, cuando oí un ruido que me pareció un avión, por lo que levanté la vista y justo encima de mí presencié la formación de un rosario de luces que aparecían y desaparecían de forma periódica y regular. Eran unas siete luces correlativas y simétricas. […] Llamé enseguida a mi familia gritándoles que había un ovni. […] Era un disco cilíndrico que rodaba sobre sí mismo, siguiendo siempre la dirección de las agujas del reloj, y como las luces solo bordeaban el objeto en sus tres cuartos, podía verse que giraba cada dos o tres segundos, según cuentas en el cronómetro de mi hijo.

En el caso de Mendoza, además, mediaba una condición definitiva: se había hecho rico gracias a la escritura; por si fuera poco, y dada su elegancia, no lo parecía, lo cual culminaba el equívoco. Qué otra cosa, en fin, podía hacer yo, salvo dedicarme a escribir. Aunque fuese, me dije, historias de verdad.


The Objective, 26 de octubre de 2016

martes, 25 de octubre de 2016

Lo que al Rey le he soltado

Aun aceptando que la democracia reside en las formas, ha llegado el momento de sopesar la idoneidad de la ronda de consultas del Rey con los representantes de los partidos. Sobre todo porque lo que debiera ser una ceremonia de afirmación de la monarquía parlamentaria y el Estado de Derecho se ha convertido en la corrala de quienes pretenden socavarlo, en una suerte de happening altermundista donde, en lugar de un proyecto de gobernabilidad, se ventila la impugnación del sistema.

Uno se le presenta en guayabera, otro le llama "ciudadano", el de más allá le lleva anchoas, un cuarto le regala una serie para arrancarle el velo de ignorancia en que lo envuelven (que a mí a perspicacia, hum, no me gana nadie) sus consejeros aúlicos, y aun hay quien le advierte, como el criptocomunista Garzón, de la inminencia de toda clase de desastres. Eso sí, naturales, puesto que, como el propio Garzón ha puntualizado, "esas movilizaciones no estarán dirigidas por nosotros, pero vamos a estar con un pie puesto en ellas". Disociación, por cierto, que recuerda la de aquellos políticos (entre los que, por supuesto, se contaba el cripto) que en plena crisis alertaban del riesgo de un estallido social. Con la entrañable transparencia, ay, de quien se sabe promotor del mismo.

Y si conocemos las conversaciones con el Rey es porque, al término de cada entrevista, llega lo verdaderamente insólito, esto es, que el consultado revele su contenido ante un centenar de periodistas. Y lo haga, además, gustándose, como dando a entender que él no se achanta ante el Borbón, y convirtiendo, de paso, la comparecencia en lo más parecido a una viñeta de Makinavaja: y en eso que me lo quedo mirando y le suelto... Imagino que también ustedes tienen la sospecha de que todas esas bravuconadas que dicen haberle dicho no las han siquiera insinuado. Ese Homs, sin ir más lejos. ¿Alguien puede creerse que le haya dicho al Rey que el proceso seguirá su curso "caiga quien caiga"? Hombre, hombre.

Que Felipe VI tenga que pasar por esa clase de trances empieza a ser humillante no sólo para él; también para cualquier ciudadano que, en la obligación de reunirse con él, esté dispuesto a ponerse traje y corbata, llamarle "señor" y hablar de lo que conviene a España.


Libertad Digital, 25 de octubre de 2016