martes, 4 de septiembre de 2018

Pinker en el autobús

Las dos mujeres que se sientan enfrente deben de andar sobre los cuarenta y largos, tal vez cincuenta y pocos; empieza a ser complicado cifrar según qué edades, más cuando el ingreso en la madurez (y aun en la vejez) no conlleva renuncias. Ni al yoga ni al sexo ni a la indignación. Además de la esperanza de vida está ese insólito alargamiento de la plenitud. El Gardel que cantaba “las nieves de tiempo platearon mi sien”, conviene recordarlo, apenas había rebasado los cuarenta.

Dos mujeres enfrente. Una de ellas (la que está junto a la ventana, en diagonal respecto a mí) se queja cansinamente (un levísimo chasquido) del aire acondicionado; es probable, me digo, que sea esa gelidez de Corte Inglés la que hace el silencio entre los pasajeros. La otra se le apoya en el hombro, en un intento de serenarla que más parece un pretexto para la ternura y, con el índice de la mano derecha, le acaricia el dorso de la izquierda. Viene un beso. Y otro.

Trato de reprimir la indiscreción enterrando la cabeza en El orden del día, que me dejará atrapado un tiempo en el Hollywood Custom Palace, vistiendo nazis de cine desde 1940. Al levantar la vista, y como quiera que siguen los arrumacos, intento aparentar que la escena no me escandaliza sino-todo-lo-contrario. Ah, pero la búsqueda de ese contrario se revela infructuosa. Porque lo contrario sería aplaudir. Y no, acabáramos. Aunque bien pensado, ¿por qué no? Aplaudir al pasaje entero, a todos nosotros; al vehículo y su refrigeración escandinava; al hecho de que sean las cuatro de la tarde y nos dirijamos mayoritariamente a la mejor playa urbana de Europa y quién sabe si del mundo; a que nadie escupa ni fume; a que una plataforma móvil se haya desplegado para recoger a un minusválido (que ha ocupado de inmediato un acomodo preferente); a que una voz de galán anuncie las paradas. A que conduzca una mujer. Entiéndanme, yo aún recuerdo la mañana en que mi abuela, con una mezcla de asombro y piedad, me dijo: “Hoy bajaban dos negros por la calle Regomir”. Y con eso echábamos el día.

The Objective, 4 de septiembre de 2018

viernes, 31 de agosto de 2018

Particulares

Que hayan sido dos tuiteros, @troqueliano y @_Nikator_, quienes han destapado el intento de Puigdemont y sus asesores de falsear las palabras del juez Llarena, refiere, una vez más, el crónico desistimiento del Estado respecto a las asechanzas del independentismo. En este caso, además, se da el agravante de que desde el 5 de junio, fecha en la que se presentó la demanda, se sabía que ésta se fundamentaba en unas declaraciones que el magistrado había efectuado en Oviedo el 22 de febrero. Tan sólo había que aguardar a que se divulgara la traducción de esas declaraciones (no más de 100 palabras) para detectar el “et oui c’est ce qui s’est produit”. Vamos, que no había que ser precisamente un cerdo trufero.

Troquel y Nikator no son los únicos espontáneos que han suplido el absentismo de la Administración. El informático granadino Pablo Haro, militante de C’s, recopiló en mayo 440 artículos del presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, y los difundió en internet a través de Google Drive. Su ingente labor dio a conocer el sustrato xenófobo de la ideología del sustituto de Puigdemont y, de paso, evitó que el blanqueamiento de su figura, al que el Govern ya se había aplicado en las redes sociales, alcanzara a las hemerotecas. Asimismo, y a raíz de que los Mossos d’Esquadra (cumpliendo órdenes expresas de Torra) empezaran a identificar a los ciudadanos que retiran lazos amarillos de calles y plazas, otro particular, el abogado barcelonés José Domingo, presidente de Impulso Ciudadano, interpuso la denuncia que resultó en la apertura de diligencias contra dicho cuerpo policial.

Esas brigadas de descontaminación, por cierto, también deben su existencia a la que, sin duda, es la más flagrante de las desatenciones en que incurre el Gobierno central para con los derechos de los catalanes. No en vano, son el Ejecutivo y el Ministerio Público quienes habrían de impedir, con radical determinación, la apropiación simbólica del espacio público por parte del nacionalismo. En lugar de ello, dan en situar en pie de igualdad a independentistas y constitucionalistas, refocilándose una vez más en la grácil, proverbial e higiénica equidistancia, responsable última del atolladero en el que nos encontramos.

 Voz Pópuli,  31 de agosto de 2018

miércoles, 29 de agosto de 2018

Los nuevos antisistema

De vuelta a la casa, después de que los Mossos nos hubieran mandado parar y hubieran tomado nota de nuestros DNI (sí, yo también suis un bicho, y no en sentido retórico), el regocijo inicial (pura nerviosidad adolescente, las palabras pasma, papela y spray batiendo la noche) dio paso a una cierta inquietud. Después de todo, seguíamos en el pueblo, y no cabía descartar que la policía difundiera entre la canalla las señas del lugar donde nos alojábamos. El temor se haría sólido al día siguiente, cuando el alcalde de la localidad arrojó a Twitter un nombre como quien arroja un venado. Caza mayor. L. sometió a la consideración del grupo la posibilidad de anular la reserva en Mas d'en Curto, segunda estación de nuestro tour gastronómico por la comarca. No le faltaban razones. "Es un sitio algo apartado y nos podrían estar esperando, o propagarse la voz durante la cena; bastaría con que un camarero nos delatara." Me vi corrido a boinazos (¡a barretinazos!) en mitad del campo por una turba amarilla, y ni siquiera me hizo falta recurrir a la fantasía. Tenía frescas las imágenes del escrache, realísimo, al juez Llarena en Palafrugell, urdido en apenas 10 minutos de 'pásalos'. Qué no podrían hacer con 10 horas por delante. Mas un vozarrón entusiasta zanjó la deliberación: "¡Ni soñéis con cancelar esa cena!". El arroz de Rosa acabó conjurando el desasosiego, mas no por entero. A esa hora, ya nos habíamos enterado de que una mujer había sido agredida en el Parque de la Ciudadela.

Hoy nos reunimos allí, junto a la entrada donde Lidia recibió los golpes, en una concentración de repulsa a la que asistieron otras mil personas, pueblo en su más bronca acepción. Como es habitual en este tipo de actos, la llegada de Albert Rivera y de Inés Arrimadas fue saludada con gritos de ¡presidente! y ¡presidenta! Horas antes, en Alella, ambos habían predicado con el ejemplo, convirtiéndose en los primeros políticos que descontaminaban el espacio público. Veo a Félix Ovejero, Pepe Domingo, Carlos Feliu y demás sospechosos habituales. Juan Carlos Girauta, conocedor de nuestra peripecia en L'Ametlla, nos saluda cariñosamente. En ese mismo instante, la multitud clama "Si nos tocan a uno, nos tocan a todos". Una consigna típicamente feminista, travestida para la ocasión. No en vano, entre algunos manifestantes parece arraigar la convicción de que hoy en día no hay nada más antisistema que la defensa del sistema. El resto es ventriloquía para dummies. De ello da fe una pancarta artesanal que le recuerda a Colau algo vagamente similar.

Al abandonar el lugar, me detengo frente a una locutora de TV3 on the air que le cuenta a los televidentes las muchas dificultades con que han tenido que lidiar debido a la hostilidad de los concentrados, que han proferido insultos contra la cadena. Le habla, exactamente, a lo que ella considera la mitad de la población.

Apenas a doscientos metros de ese acceso, se alza la Glorieta de la Transexual Sonia, así llamada en memoria de Sonia Rescalvo, asesinada a golpes por seis skins nazis el 6 de octubre de 1991. Por estos aledaños, el viento de fronda trae, inexorablemente, su recuerdo.

El Mundo, 29 de agosto de 2018

viernes, 17 de agosto de 2018

Ni miedo ni vergüenza

En septiembre del año pasado, el comisionado de Programas de Memoria del Ayuntamiento, Ricard Vinyes, descartó la instalación de un monumento a las víctimas del atentado yihadista de Barcelona y Cambrils por “no dar supremacía a unos hechos o a unas víctimas sobre las muchas que ha vivido [sic] La Rambla a lo largo de su historia”. Anunció, eso sí, que había hablado con sus homólogos del Ayuntamiento de París y que lo más probable es que Barcelona adoptara el modelo parisino: placas con el nombre de las víctimas en el lugar donde se produjo el atentado, acotado en Las Ramblas al Pavimento Miró. Al igual que el subtexto de ‘Barcelona, ciudad de paz’ es ‘Madrid, ciudad de la guerra’, el de las declaraciones del memorable era ‘Y no como en Atocha’. Un año después del atentado, no hay en el lugar recordatorio alguno ni parece que vaya a haberlo. La presidenta del grupo municipal de C’s en el Consistorio, Carina Mejías, lo ha solicitado varias veces y siempre ha recibido la misma respuesta: “Una actuación así debe ser fruto del consenso, y no lo hay”. Insólito, máxime teniendo en cuenta la propensión del Gobierno municipal a manosear el callejero (de Puig Antich a Rubianes), y a proyectar su ideología sobre la simbología y señalética barcelonesas, del lazo amarillo de la Casa de la Ciudad al Open Arms de Colón. Y no sólo sin consenso, sino con la voluntad de reventarlo sin remedio.

Quienes sí tendrán una señal conmemorativa son Pau Pérez, el hombre de 34 años de Vilafranca del Penedés apuñalado mortalmente por Younes Abouyaaquob en su huida, y Ana María Suárez, la zaragozana de 67 años que murió atropellada en Cambrils. En memoria de Pau, el Ayuntamiento de Vilafranca inaugura hoy un monolito de mármol. En memoria de María, el Ayuntamiento de Cambrils descubrirá mañana una placa frente al club Náutico. No creo que haya constancia en el mundo civilizado de que una misma secuencia de atentados, perpetrados, además, por los mismos individuos, acabe instaurando dos categorías de víctimas, pero en esta Cataluña y esta Barcelona todo es ya posible. Se trata, en cualquier caso, de un epílogo coherente con la miseria moral que ha envuelto la gestión política del atentado por parte de las autoridades locales y regionales. Y tan sólo cabe confiar en que, a no mucho tardar, el caso se estudie en las universidades. Pero a diferencia de la ejemplar Transición, tan detestada por Colau, Puigdemont y sus respectivas huestes, como antimodelo. Una actuación así, en que todo, absolutamente todo, se hace mal, sólo ha de procurar enseñanzas.

The Objective, 17 de agosto de 2018

sábado, 11 de agosto de 2018

Noticia del One

Fundación FG - Pablo Juliá
“Vivimos en un país curioso. Sobran los predicadores, los que se suben al púlpito dispuestos a pontificar, incapaces de asumir la irresponsabilidad de la prédica. Pocos quienes [sic] dan trigo, abarcan a dos manos la sociedad e intentan ir modificándola para conseguir una sociedad más justa”. Corre el mes de enero de 1989 y Felipe González no escatima reproches a los sindicatos en sus notas personales, que la fundación que lleva su nombre hizo públicas en julio*. El Gobieno aún no se había repuesto de la segunda huelga general (14 de diciembre de 1988), tercera de la democracia, de las cuatro que aquéllos le acabarían montando. A diferencia del paro del 20 de junio de 1985, convocado por CCOO contra la ley de reforma de las pensiones (finalmente aprobada), el del 14-D tuvo como detonante el Plan de Empleo Juvenil, punta de lanza de una reforma laboral que, al decir de la izquierda de la izquierda, no pretendía sino institucionalizar la mano de obra barata. Ante las acusaciones de venderse al capital, Felipe alega que no hay medida más progresista que la que propicia la creación de empleo.

Pero hay más. El 14-D supone el fin del modelo de concertación que ha regido desde la Transición, y, de algún modo, también lleva larvada la impugnación de la Transición misma. El despecho de Felipe responde a que nunca se ha sabido tan solo al frente de lo que él considera una cruzada modernizadora. Con la Alianza Popular de Hernández Mancha alentando la protesta (“El desprecio sistemático al Parlamento como foro de debate por parte del Gobierno cierra un amplio círculo de causas para la huelga”), El País torciendo el gesto (“Lo cierto es que el rechazo y la frustración ante la manera de gobernar de los socialistas han unificado el paro de ayer hasta extremos no conocidos en las últimas décadas”) y Julio Anguita descubriendo el filón de la demagogia profesoral, el Gobierno apenas encuentra consuelo en la CEOE, amor de pago. Asimismo, un archipiélago, y nunca mejor dicho, de partidos de ultraizquierda se ha adueñado de las calles al calor de las movilizaciones, poniendo a España al borde del estallido social.

Pero hay más, mucho más. Quien lidera el plante no es ningún coco de larga data, sino el ugetista Nicolás Redondo, hasta un año antes diputado del PSOE. El líder histórico del sindicato hermano, el socialista procesado durante el franquismo al que le viene como un guante el eslogan ‘cien años de honradez’, ha puesto a los obreros (también a funcionarios, empleados y profesionales liberales) en pie de guerra. Y a Felipe se lo llevan los demonios. Que un hombre como Redondo, al que no se le conoce una sola propuesta operativa (ya no digamos audaz), se lleve las vitolas de la integridad, la dignidad, la coherencia… y a él, que se está jugando el tipo y aun las siglas por sacar a España del atraso, se le tenga por un traidor… País curioso, ciertamente, donde curioso es el eufemismo más ajustado de despreciable que se permite el presidente, que gobernó, de hecho, a base de promulgar eufemismos.

Mas la irresponsabilidad de Redondo, se dice González, no es noticia. Cuando menos, no para él. “Recuerdo un mitin en Barcelona (¿Montjuic?) con Nicolás Redondo, poco después de la firma de los Pactos de la Moncloa. Nicolás Redondo fue aclamado por su rechazo a los Pactos. Cuando intervine yo, inmediatamente después, tuve que esperar algunos minutos a que amainara la bronca, pancartas incluidas. Nicolás estaba satisfecho y no se le ocurrió siquiera echar una mano para calmar los ánimos. No sé por qué me viene a la memoria con tanta nitidez. Comencé, después de guardar silencio en la tribuna durante varios minutos, pidiendo a los de las pancartas que las hicieran descender, porque ya habían conseguido su propósito de que las vieran en toda España por TVE, que se dispusieran a oír lo que tenía que decirles. […] Me costó media hora darle la vuelta a la situación, ya con la ventaja de ser el último en intervenir. Todavía entonces –finales del 77- Nicolás se veía comentando que había ganado la partida”.

El desconcierto del PSOE se pone de manifiesto en su Comité Federal, donde se constata la fractura de “la relación partido-UGT”. Entre quienes cierran filas con el presidente, hay quien propone ir “A por los sindicatos”. Felipe toma nota de todas las intervenciones y, cuando le llega el turno, improvisa una síntesis tan equívoca como brillante: “A por los sindicatos, no. Lo contrario, tampoco”. La fórmula alumbra, por estricta analogía, otros dos lemas: “Poder sí, responsabilidad no. (Actitud de los sindicatos.) Poder sí, responsabilidad también [actitud del Gobierno]”.

El Gobierno retiró el Plan de Empleo Juvenil.

*La Fundación Felipe González abrió el pasado 12 de julio los archivos personales del ex presidente, 90 documentos que comprenden centenares de páginas de cuaderno cuadriculado, organizados por materias, lugares, años y personajes e instituciones aludidas. También en este punto Felipe ha sido un precursor.

The Objective,  11 de agosto de 2018

viernes, 3 de agosto de 2018

Exhumación


No he tenido en cuenta los artículos en que Franco tiene un papel secundario, ni las cartas al director, ni las necrológicas de personajes vinculados al régimen (sí las de familiares), ni las informaciones sobre marchas antifascistas con el 20-N como pretexto, ni las entrevistas en que el entrevistado evoca de pasada a Franco o el franquismo. La mayoría de esas piezas (también) son indicativas del influjo del dictador, pero ante la posibilidad de que deformaran las cifras por abultamiento, me he inclinado por descartarlas.

Dado que el cómputo no pretende ser exhaustivo, me he basado únicamente en El País. La elección obedece, además de a su carácter referencial, a la fecha en que apareció: el 4 de mayo de 1976, tan sólo seis meses después de la muerte de Franco. Ningún otro diario revela con idéntica limpieza epistemológica el mayor o menor protagonismo del personaje en la agenda política de la democracia. O por decirlo de otro modo: el énfasis con que Franco, 'subject', se ha ido entreverando en la vida pública de un país libre, a menudo hasta monopolizarla. Bien es verdad que El País no sólo ha sido el reflejo de un estado de las cosas, sino también su principal artífice, pero no es menos cierto que no siempre ha actuado como tal, y es precisamente esa oscilación lo que permite fijar algo parecido a una pauta.

Los datos que presento habrán de dar lugar a un análisis que vaya más allá de lo que salta a la vista. Con todo, no he resistido la tentación de interpretar, o acaso contextualizar, las subidas y bajadas de la gráfica. Así, la caudalosa afluencia de noticias de mediados y finales de los setenta se enmarca en los últimos coletazos de la dictadura y tiene como primeros actores a sus fieros nostálgicos: misas por Franco en el Valle de los Caídos, manifestaciones en la plaza de Oriente, “gritos contra Suárez”… (Ningún otro presidente, por cierto, sufrirá como sufrió Suárez los embates del franquismo residual.) A partir de los ochenta se produce una brusca caída que no se detiene hasta 2004, con la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero. Ese año se baten todos los registros habidos hasta entonces, con 55 artículos. Por lo demás, 1989, con sólo 2 artículos (“Un millar de personas conmemoraron el aniversario de la muerte de Franco” y “Pilar Franco Bahamonde muere en Madrid a los 94 años”), constituye el grado cero de lo que, por emplear el lenguaje de los oncólogos, no deja de ser una sobreexpresión. (De no haber sido por la inflación generada por el centenario de Franco, con su hemorragia de biografías, documentales y simposios, ese grado cero habría llegado, con toda probabilidad, en 1992 y aledaños; en cualquier caso, no fue aquel un revival político, sino historiográfico).

Entre 2004 y 2011, como decía, la ley de memoria histórica se plasma en forma de súbita crecida: de la decena larga sobre la que pivotan los ochenta, los noventa y los primeros 2000, se pasa a la serie 55-34-53-53-32-19-45. En el ecuador de ese retroactivismo (que parece moderarse levemente durante el bienio más asolador de la crisis), despunta una noticia: “Sólo 70 personas en el Valle de los Caídos”. La cifra se dispara hasta 99 artículos en 2015, año I de los ayuntamientos del cambio, IV de la hipermovilización procesista e inicio de un trienio que tiene como suelo las 50 noticias de 2016. En 2018, sólo hasta el 22 de julio llevamos 77, por lo que, con toda seguridad, se rebasarán, con mucho, las 99 de 2015. Nunca un caído habrá estado tan ¡presente!

Cualquier inmersión en la hemeroteca tiene algo de chapoteo melancólico. En 1977, El País titulaba así la noticia sobre la manifestación del 20-N: "Unos 150.000 franquistas, contra la democracia en el 20-N". Ni 'histórica exhibición de fuerza' ni 'otro 20-N multitudinario' ni 'nueva demostración de fuerza'. 150.000 nacionalistas contra la democracia. Y en 1978: "Millares de personas uniformadas de azul 'tomaron' Madrid después del acto en la plaza de Oriente". Ni 'la marea azul inunda las calles de Madrid' ni 'miles de personas celebran...'. Uniformados 'tomaron' la ciudad.

Voz Pópuli, 3 de agosto de 2018

viernes, 27 de julio de 2018

Ni César ni nada

Así como la derrota en unas elecciones no impide integrar el Gobierno que forme el vencedor, perder un congreso supone, si no el destierro, sí la marginación. En ello influye el encono con que suelen librarse esta clase de lizas, cristalizado en la célebre gradación de Adenauer, a la que Andreotti dio una vuelta de tuerca: “Hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido”. Por obvias razones darwinistas no hay estructura de poder que despierte mayor hostilidad entre sus miembros. Y aún más insalvable que el encarnizamiento, que la radicalidad de la contienda (acrecentada por el prurito de disimulo a que obliga enfrentarse a un compañero), es la incompatibilidad de los proyectos. Ni el PSOE de Rosa Díez era conciliable con el PSOE de Zapatero ni el Podemos de Iglesias podría acomodar, sin menoscabo de su ideario, al Podemos de ErrejónSantamaría no es ajena a tales inercias, por lo que su intento de negociar la pax a cambio de un 43% de los puestos en la Ejecutiva de Casado sólo refiere su incapacidad para asumir la derrota.

Los manejos que se le atribuyen (una leyenda que ella misma ha cultivado a base de omisiones, en la convicción de que tendemos a asociar la perversidad con la inteligencia, y en la que también ha tenido algo que ver el gusto de cierta prensa por la literatura de intriga), topan en el caso del máster con una evidencia: el periódico que más a fondo se ha empleado contra su rival no ha sido El País, sino El Mundo. Antes que la ponzoñosa regurgitación sobre su paso por la Rey Juan Carlos que viene publicando el primero (y que demuestra que tampoco Soledad Gallego-Díaz sabe perder), lo que hizo peligrar la candidatura de Casado fue la información del presunto aprobado ¡político! de 12 asignaturas de Derecho en 2007, que firmaron Quico Alsedo y Pedro Herráiz en 'EM', y que supuso el arranque de un formidable despliegue que incluyó otras cinco piezas. La Complutense, universidad a la que estaba adscrito el centro donde cursaba la carrera el joven diputado palentino, abrió una investigación al respecto y, según se supo el pasado día 23, no ha hallado ninguna irregularidad. Como es norma en el gremio, y en ese aspecto no hay distingos, a esta hora del jueves, día en que escribo, 'EM' aún no ha dado cuenta del desenlace.

Voz Pópuli, 27 de julio de 2018