jueves, 22 de junio de 2017

Surf

Últimamente, enciendo la tele y me quedo encantado en la sección de cine de Movistar, desplazándome cartelito arriba y cartelito abajo. Entiéndanme, si accedo al panel no es para ejercitar el pulgar, sino con el propósito (bien que no muy firme) de ver una película. Sin embargo, casi nunca doy con una que me satisfaga por entero, que así, enteras y superlativas, han de ser en estos tiempos las satisfacciones para que resulten convincentes. El caso es que voy saltando de peli en peli y la que no me parece demasiado moderna me parece demasiado tonta o demasiado antigua o demasiado vietnamita. En esos tránsitos, lo más productivo que se me ocurre es tratar de acertar el año de la peli, un solitario incomodísimo por cuanto acota mis años de esplendor: cuando se trata de las que se filmaron entre 1985 y 1999, rara vez fallo. Al cabo sobrevienen las tribulaciones. ¿Y este gañán, Staham, cómo ha podido protagonizar tantísimas películas sin que yo me diera cuenta? ¿Y Bruce Lee? Cualquiera de sus títulos es hoy un boomerang que te hace trizas la infancia, ese lugar en que todo era más grande y olía mejor. Bruce, por cierto, fue el nombre del guiñol de caucho que, a mediados de los setenta, sembró el terror en las costas de Amity, y que ya sólo me recuerda, de un modo trágicamente inevitable, al calamar gigante de Ed Wood. Debe de ser este calor, que segrega iconoclastia.

sábado, 17 de junio de 2017

Tuiteando el Bulli

Técnicamente era posible. Había un paso intermedio que los informáticos del periódico debían resolver aquella tarde, un ajuste menor del que no recuerdo los detalles, pero una vez salvado ese obstáculo, nada había de impedir que el columnista Salvador Sostres tuiteara una cena desde El Bulli. “Que se entienda”, le previno el director, Arcadi Espada, que, como buen críptico, se irritaba ante la prestidigitación verbal y, en general, ante cualquier tentativa de virtuosismo que convirtiera el relato en un galimatías. A Sostres también le preocupaba hacerse entender, sobre todo a partir de la tercera copa. “Del Bulli se sale algo tocado”, nos aclaró a Jordi Pérez Colomé y a mí, que solíamos atender con regocijo sus aventis de ‘tiet-recién-llegado-de-París’. Sea como sea, el anuncio a los lectores de que Salvador Sostres tuitería una cena desde el mejor restaurante del mundo contenía el germen de lo indómito, la promesa, bien que incierta, de encararse con el futuro.

Al margen de la novedad que suponía incrustar el tuit en la cascada de noticias, se trataba de la primera temporada otoñal del Bulli, que hasta entonces sólo había abierto en los meses de primavera-verano; la primera vez, en fin, que Ferran Adriá se adentraba de lleno en el recetario de las setas, la caza y los consomés (un tour de force encomiable, máxime si tenemos en cuenta que sólo faltaba un año y medio para que el restaurante echara el cierre). Por si fuera poco, el entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, también cenaba esa noche en El Bulli. Célebre fue el tuit en que Sostres y Ramírez, chorra en mano, conversaban animadamente sobre la luminotecnia de los inodoros, sin presentir uno e ignorante el otro de que ese intercambio de impresiones estaba cimentando un hito periodístico. Prueba de ello fue el españolísimo ninguneo del que fue objeto la escrituración y aun la existencia misma del periódico, del que sólo interesaron sus exequias.

A los dos meses de la salida del periódico, en efecto, el principal inversor anunció que no había más dinero, menos aún para seguir costeando extravagancias. Espada dimitió del cargo y el periódico inició una carrera a tumba abierta hacia la putrefacción de la que fueron dando cuenta y palma las notas de gastronomía, al cabo, tan perecederas.

El director que suplió a Espada eliminó la sección con la misma displicencia con que la directora que suplió al director que suplió a Espada la recompuso. Sostres, acaso consciente de que el barco no tardaría en hundirse, empezó a publicar lo que llamé ‘reseñas marisqueras’, esto es, críticas aguerridas de restaurantes de ultratumba. Fueron, no obstante, las que más convencieron al inversor, que, no obstante, ordenó a la directora que prescindiera de Sostres y, ya puestos, que se fuera ella también. ‘Cualquier día toma el mando David Vidal’, bromeaba mi amigo Trillas. A las siete de la tarde, eso sí, el periódico estaba liquidado; por decir verdad, antes de las dos la chapuza era ya de tal magnitud que quedaba poco por hacer.

El cuarto director era un comercial de imanes de nevera que, años atrás, había vendido publicidad de una revista de barrio. Al poco de tomar posesión del cargo, me comunicó que él mismo se haría cargo de las notas de gastronomía. Debutó con la reseña del bar de una amiga al que, según dijo sin inmutarse, “le vendrá bien una ayudita de la prensa”. Tituló la reseña “Algo más que comida”, sólo Dios sabe por qué. A mediados de junio, el inversor destituyó al comercial de imanes y nombró director al que, hasta ese momento, venía siendo el principal comentarista del periódico: ‘Nick Séneca’. “Con todo lo que escribe gratis, ¡qué no hará por unos eurillos!”, oí vociferar al encargado . Trillas, aplastado por la realidad, dejó de aventurar sustitutos, no fuera a aparecerse por la puerta el mismísimo Paesa.

A todo esto, al inversor no le faltó razón: en su primera jornada laboral, Séneca publicó un elogio del gin tonic, un perfil (ay) de Violeta la Burra (la había entrevistado en un rumboso descenso a los infiernos) y un chiste. En la mejor tradición de presidente-entrenador, el inversor acabó por adueñarse de la sección de gastronomía. La primera reseña que mandó publicar llevaba por título “Escalopines de pollo al roquefort”. Los escalopines, tal como anunció solemnemente, eran el fruto del primer patrocinio del periódico. El patrocinio, concretamente, lo había firmado con el concesionario Mundiauto. Cuando al fin me despidieron, y mientras bajaba al centro a dar la noticia a Trillas, me asaltó la certeza de que ni siquiera el cierre del periódico evitaría que la noche en El Bulli siguiera degenerando, como un monstruo de razón adormilada que no cesara de caer, caer, caer.


Publicado originalmente en Unfollow

jueves, 15 de junio de 2017

Hala




Durante la retransmisión, Helguera hablaba de Zidane como si este fuera, antes que un ex compañero, un viejo compinche. Debió de aparecérsele el vestuario de Hampden Park: “De jugador era igual; mientras el resto nos bañábamos en la piscina, él seguía en el banco, sonriente”. (‘Eso sí, no le mentes a la hermana’, me dije yo, sospecho que al unísono con alguno de los 9 millones de espectadores que congregó el partido.) Un día antes, sobre el césped del Millenium, habíamos visto a Raúl, Figo, Karembeu, Seedorf, Mijatovic, Salgado y Roberto Carlos alentando a Zizou. Hasta el hotel donde se alojaba el equipo se llegó McManaman, el jugador fetiche de Vicente del Bosque. En los prolegómenos, Suker, al recordarle Pedrerol que Pedja marcó el gol de la séptima en fuera de juego, zanjó en perfecto croata: “Cómo era aquello… Ah, sí… ¡Ajo y agua!”. Y Twitter mediante supimos de Gento, fundador del madridismo dinástico; de Arbeloa, cada vez más a gusto en su papel de chamán; de ¡Bodo Ilgner! (“soy muy orgulloso de formar parte de la historia de este gran club”). Beckham, por su parte, dejó recado en Instagram (“The Kings once again … Congratulations to Zizou, Florentino, the players and all the fans. What a night!”). Respecto al Madrid no cabe decir, siguiendo el tópico, que un hilo invisible vincula a las nuevas y las viejas generaciones; antes bien, las une un costurón de leyenda. El friso daría para un tratado sobre la gran familia blanca, un discurso hiperglucémico sobre los valores (así, sin complemento, que es como mejor se venden) u otra cursilería por el estilo. Por eso me admira que nadie en el club presuma de ello. Kroos se encaminó dándose cabezazos contra la techumbre, pero sólo tú y yo vimos en él la furia atormentada de aquel Juanito.


The Objective, 8 de junio de 2017

Vistalegre 3

Cuando se supo que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, designó primer ministro a Edouard Philippe, el Extranjero Profesional se hizo eco en su blog de algunos de los artículos en que Philippe había criticado a Macron. No eran reproches antediluvianos, que el mero paso del tiempo habría de disculpar por la hipótesis de que aquel Philippe era uno y este Philippe es otro. No, los textos en que éste zahería tan sagazmente a Macron aún presentaban rígor mortis. Éste, por ejemplo, publicado en Libération, es de enero de este año: "El romano que más se parece a Macron es Macron, más concretamente, Naevius Sutorios Macro, llamado Macron, alto funcionario que, al calor de una revolución palaciega, se convierte en consejero de Tiberio, emperador desconectado de los asuntos corrientes y al que acabará asesinando. Macron es un tribuno adepto al populismo impúdico, que no asume nada y lo promete todo, con el brío de un joven conquistador y el cinismo de un veterano de vuelta de todo". El hombre que firmó esto hace cinco meses, repito, es hoy el primer ministro de Macron.

La evocación contrasta de plano con la moción de censura de Podemos, paradigma del más rabioso sectarismo que se haya visto en democracia, descontada, claro está, aquella filípica de la cal viva con que este partido presentó sus credenciales. Cómo vamos a fiarnos de un tipo como usted, Sr. Rajoy, con los muchos amigos que tiene en la cárcel. La sal gorda a la que son adeptos los chicos de la Complu habría merecido que Rajoy hubiera respondido: "Para amigos presos, Sr. Iglesias, los 250 etarras que aún siguen en nuestras cárceles, y a los que a usted siempre ha defendido, o el concejal Bódalo, que está encarcelado, se lo recuerdo, por un delito de atentado con resultado de lesiones". (Ah, qué discursista se ha perdido España). Pero no. Y lo entiendo. Rajoy, gobernante paradójico donde los haya (digo gobernante y no hombre porque nada, absolutamente nada se sabe de él más allá de los anzuelos que él mismo ha tendido: Marca, el Tour, el Casino de Pontevedra), tiene como principal virtud la sensatez, o acaso su apariencia. Y como principal defecto la sensatez o acaso su apariencia. Hablarle de tú a tú a cualesquiera de los provocadores de la Complu le debe de parecer inconcebible; tan inconcebible, por cierto, como hablarle de tú a tú a Puigdemont.

Suele decir Albert Rivera, citando a Víctor Hugo, que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su hora. El fulgurante ascenso al poder de Macron avala el adagio, aunque tal vez no tanto como las baladronadas de la yunta Iglesias-Montero o ese tuit del cándido Errejón condenando a la bancada del PP a 21 años de cárcel. No hay idea menos poderosa que la que ha de reptar por el barro.


Libertad Digital, 13 de junio de 2017

Que el 15-M hubiera provocado 66 muertes

La Policía y los paramilitares chavistas han matado a 66 venezolanos desde el inicio de las marchas contra Maduro. Pablo Iglesias, en ese espacio electoral gratuito que atiende por el nombre de La Sexta, justificó ayer los crímenes en razón del mantenimiento del orden público. A su decir, el Estado bolivariano no hace sino responder a la violencia de las guarimbas, que así, con ese localismo, se conoce a los manifestantes que protestan contra el régimen.

El término proviene de los tiempos del dictador Marcos Pérez Jiménez, cabecilla militar que había liderado las conjuras contra los presidentes Isaías Medina, primero, y Rómulo Gallegos, después. Pérez Jiménez estranguló la libertad de expresión, reprimió los movimientos sociales y mandó asesinar opositores. A las algaradas que pusieron fin a su mandato, caracterizadas por el cierre de calles en zonas residenciales, se las llamó guarimbas, cuyo significado original, según el Diccionario de americanismos de las Academias de la Lengua, es "lugar en el que, en los juegos infantiles, los jugadores se ponen a salvo de una persecución".

Guarimbear es, exactamente, lo que hicieron los indignados que el 15-M de 2011 tomaron la Puerta del Sol al grito de "Democracia real ya", en una movilización que se prolongó hasta finales de junio de ese año, con réplicas en la mayoría de las poblaciones españolas. El hecho de que Podemos surgiera de aquella movilización hace doblemente repugnante el quite de Iglesias al chavismo, máxime teniendo en cuenta que en Venezuela sí hay razones objetivas para rebelarse, pues el sátrapa que gobierna ha liquidado la democracia. Lo mismo, véase, que hizo a principios de los cincuenta del siglo pasado Pérez Jiménez, del que Chávez dijo que había sido el mejor presidente que había tenido Venezuela en mucho tiempo.

La infausta posibilidad de que el 15-M hubiera sembrado España de cadáveres, y que en algún lugar del mundo un iglesias turrión excusara la matanza, da una idea de la clase de frívolos a los que nos enfrentamos. Frívolos a los que habrá que empezar a preguntar por los criterios que rigen su umbral de tolerancia, ese que deglute con media sonrisa el terrorismo de Estado en Venezuela y en España agita las redes sociales por el insufrible manspreading.


Libertad Digital, 8 de junio de 2017

La pérdida de la inocencia


El yihadista que ha atacado a un policía en París ha sido neutralizado de un disparo en el tórax por otro agente. Iba a escribir abatido en lugar de neutralizado, pero el agresor no ha muerto. Y me temo que agresor no pesa lo suficiente para designar a alguien que, después de todo, ha intentado matar a un hombre. Hace diez o quince años, menos incluso, el uso por parte de la prensa de un lenguaje beligerante habría provocado la estupefacción no ya de cualquier deontólogo, también del público lector. Basta releer algunas de las noticias que informaron de la muerte de etarras para constatar la exquisitez con que los periódicos les solían dar sepultura: "Tres presuntos activistas de ETA Militar perdieron la vida"; "Dos presuntos miembros del comando Vizcaya fallecieron esta madrugada en un tiroteo con agentes de la Guardia Civil"; "Los activistas respondieron a la voz de alto haciendo uso de sus armas". Haciendo uso. Salvo por el grotesco relativismo de cierta izquierda y algún que otro equilibrismo retórico, a ningún yihadista se le trata de activista; menos aún de activista nivel usuario. "Abatido", decimos sin inmutarnos, cuando hay libros de estilo que todavía prescriben que, al informar de una carga policial, no se diga que "la policía tuvo que cargar", sino simplemente que "cargó". Así el terrorismo ahorma la vida. Sigue habiendo chasquidos de fastidio a la hora de someterse a un control en el aeropuerto, pero son cada vez menos, y lo que ya no hay, desde luego, son articulistas que recreen su enojo ante tamaño atropello en las páginas de un dominical. Los debates a que dará lugar el terrorismo serán aún más incómodos que quitarse los zapatos y el cinturón. La tenencia de armas, por ejemplo. El Reino Unido habrá de elegir entre dotar de pistolas a sus policías o salvaguardar el folklore. En cualquier caso, no siempre hay un policía a pocos metros, como hoy lo ha habido en Notre Dame. ¿Debemos empezar a armar a la población civil? Militarizarla, dícese. A esas incomodidades me refiero.


Libertad Digital, 6 de junio de 2017

miércoles, 14 de junio de 2017

Mar de asfalto




Tres chavales de unos 12 años se detienen frente al escaparate de una agencia de viajes, imantados por un decorado que evoca el Caribe y que contrasta vivamente con el tono plomizo, como de crematorio a cielo abierto, del barrio en el que viven, en el extrarradio de Madrid. En cada extremo de la vidriera hay una palmera artificial, del techo cuelga una esfera anaranjada que remeda el sol, y un ribete azul representa, al nivel del suelo, el mar. En el centro del retablo, una mulata en bikini ofrece, solícita, un cocktail tropical al viandante. A Rai, Manu y Javi también ella les parece de verdad. Un cartel anuncia los destinos: Cuba, República Dominicana, México. De los tres muchachos, sólo Rai sabe que las siglas AD significan 'alojamiento y desayuno'. Se lo dijo su hermano, que también le contó que en Cuba te sirven el desayuno en la cama, y que si quieres también te hacen una mamada, y que las negras se contonean de ese modo porque tienen una vértebra más que las blancas. O una menos. Javi no da crédito ('porque tienes envidia', dice Rai) y Manu le pregunta si lo del desayuno es cierto.

-----------------

En el súper, Rai rellena un boleto para participar en el sorteo de un viaje al Caribe. Hay otros premios, pero lo que a él le nubla la vista es el Caribe, siquiera para constatar que nadie te sube el desayuno a la cama. Qué palabra tan hermosa, caribe, cómo no va a ser hermoso lo que lleva dentro.

----------------

Ahora están plantados frente a un establecimiento de trofeos. Una vez más, un vidrio parece alzarse entre ellos y todo aquello que les está vedado. Fijaos en esa copa, dice Rai, es como un caballo. Sí, pero para premiar a quién, ¿a ajedrecistas o a jinetes?, pregunta Javi. En el barrio no hay jinetes, murmura Manu. Tampoco ajedrecistas, replica Rai, quien, al cabo, incitará a sus amigos a asaltar la tienda. Asombrosamente, no les mueve otra aspiración que tomarle las medidas al mundo, aunque sea a hurtadillas. A Rai le llama la atención un trofeo coronado por la silueta de un hombre con el agua al cuello y el brazo derecho extendido. No le cabe duda de que es un tipo calvo que se está ahogando, y así se lo dice a Javi, quien, en cambio, cree que se trata de un nadador, y que lo que él interpreta como calvicie es en verdad el gorro. A Rai la realidad empieza a resultarle un galimatías. "¡Un gorro! Qué vas a saber tú si no sabes nadar; y sí, vale, yo tampoco sé pero sé de ahogados porque he visto a uno en la tele y sé que son azules porque se les pone la cara del color del mar. Listo".

----------------

Hartos de ver pasar las horas, Rai, Javi y Manu buscan refugio en el túnel del antiguo ferrocarril, el único lugar donde se saben príncipes. No en vano, es también guarida de sinpapeles, drogadictos y demás descartados. Hoy sabrán que uno de esos descartados es el hermano de Rai, al que éste tenía por un profesional de éxito; cómo, si no, llegó a conocer el Caribe.

----------------

"Arriba, que son las doce; no sé ni cómo puedes dormir con este olor." La madre de Rai ha entrado en su habitación para aireársela y le ha dejado una carta sobre la sábanas. Rai se sacude el letargo y tantea el sobre en busca de una doblez por donde introducir la uña. La parte frontal lleva el membrete de una empresa de transportes.

---------------

Un camión llega al barrio con gran fanfarria y aparca frente a la colmena de Rai. Dos mozos bajan de la caja, envuelta en una sábana, una moto de gran cilindrada. Sólo le falta el lazo. El enjambre de vecinos que, expectantes, rodean el vehículo, jamás olvidará este día. No acaban de explicarse por qué Rai, que es sin duda el agraciado, atiende con pesadumbre al tipo trajeado que le tiende el comprobante. "Que la disfrutes". Una moto, en efecto. Pero acuática. La jauría se carcajea: estamos en una película y ha de conducir la emoción del espectador.

----------------

Una vez mitigada su perplejidad, Rai decide ponerla a la venta. A tal fin cuelga un anuncio en el tablón del supermercado. Se trata del mismo supermercado en el que rellenó la papeleta del sorteo. Medita la posibilidad de que no haya nadie interesado en una moto acuática en muchos kilómetros a la redonda. Tantos como lejos está el Caribe.

Pero por él no va a quedar.



Club Pont Grup Magazine, 15 de junio de 2017

sábado, 10 de junio de 2017

Juez de guardia

Escribo a Arcadi Espada para preguntarle por la escenificación por parte de la CNN de una protesta musulmana en Londres. Hubo quienes, en lugar de escenificación, hablaron de fabricación. El viejo debate entre Take a Photo y Make a Photo. Tengo una opinión al respecto, pero dado que es un asunto de su jurisdicción, qué menos que interrumpir sus vacaciones.


Querido Arcadi,


Se habrá enterado de la acusación a la CNN de falsear un escenario por el hecho de situar detrás de la reportera a un grupo de musulmanes que protestaban contra el atentado. A mí me parece una crítica muy traída por los pelos, a no ser que aceptemos que todo el lenguaje televisivo se basa en esa clase de aderezos. Los musulmanes ya estaban allí, 'convocados' por las cámaras, por lo que no parece que haya contradicción entre la imagen 'seminal' y la 'vista general'. Creo incluso que dejarlos fuera del encuadre habría entrañado más falsedad que mostrarlos, por mucho que los pretendieran mostrar de forma tan ortopédica; pretendieran, digo, porque finalmente no aparecieron (cabría preguntarse si previeron precisamente ese reproche, lo cual sería interesantísimo, o hubo algún tipo de dificultad técnica). Pero claro, me pregunto aquello de qué habría dicho Arcadi Espada.


Un abrazo grande,



 
Cuando yo estoy fuera usted se ocupa de decir lo que diría Arcadi. También cuando la palme, por cierto. Que me ha encantado ese tono necro de qué diría Arcadi.


Abrazo grande,

miércoles, 31 de mayo de 2017

Leyenda del equidistante

La tensión que agarrota la política española, alimentada en Cataluña por el sector independentista y en el resto de España por el Gobierno del Partido Popular, está llegando a extremos preocupantes. Mientras los primeros vienen amenazando con proclamar una república independiente, los segundos no han hecho sino acrecentar el malestar de una significativa mayoría de catalanes.

Las probables deficiencias de la ley de transitoriedad, también llamada "de desconexión", no deben hacernos perder de vista que el presidente del Gobierno ha despachado con indiferencia, y aun cabría decir que con una clamorosa ausencia de calidez, las legítimas demandas del pueblo catalán, que han discurrido siempre, conviene no olvidarlo, por cauces estrictamente pacíficos. Y si bien es verdad que el catalanismo, antaño razonable y constructivo, se ha escorado en bloque hacia un radicalismo cuando menos inquietante, y que el Govern se halla condicionado por un partido, la CUP, cuyo encaje en la vida institucional presenta alguna que otra complejidad; aun siendo eso verdad, no lo es menos que ese radicalismo no sólo tiene sus causas en la existencia de un sustrato independentista, sino también en la cerrazón que lo ha reverdecido.

El tan cacareado choque de trenes, presagio de un desenlace abrupto (confiemos en que no se produzca ningún brote de violencia, siempre condenable vddv) del conflicto entre España y Cataluña, remite a su verdadera raíz, cual es el desencuentro entre obtusos de uno y otro signo. El PDCat y ERC deberían poner fin a su deriva arbitraria, por más que ello suponga sacrificar su programa de máximos y defraudar a sus votantes, y Rajoy debería tender la mano a Puigdemont, pero no para retirársela en cuanto éste pronuncie la palabra independencia, sino para, con ese gesto, iniciar un diálogo que desbloquee el contencioso.

Sólo el mutuo reconocimiento en la discrepancia y la adopción de una política más asertiva, más empática (especialmente por el lado del Partido Popular) podrán amansar unas aguas que, a estas alturas, bajan ya demasiado revueltas.


Libertad Digital, 31 de mayo de 2017

jueves, 25 de mayo de 2017

Una historia barbateña

Atún y chocolate, sí, pero no se te ocurra decirlo. En el otoño de 2003, Pablo Carbonell rodó entre Barbate y Zahara una comedia con ese mismo título, Atún y chocolate, que trata sobre un lugareño (Manuel, interpretado por el propio Carbonell) que, sin posibles para costear el banquete de su boda, decide robar un atún destinado al mercado japonés. La película, en la que sobresale la actuación de Antonio Dechent, el Jack Palance español, tiene como telón de fondo la crisis pesquera, el tráfico de hachís, la inmigración ilegal… Ken Loach metido por chirigotas y pasado por un cristal de aumento. Cuenta Nacho Carretero en Fariña, el gran reportaje sobre el narcotráfico gallego, que el cine español no ha dejado más testimonio de aquel cataclismo que Airbag. Resulta extraño, en efecto, más en un gremio que se ufana de comprometerse con todas las causas imaginables. Ni su tiempo ni la realidad, en fin, parecen estar entre ellas. Atún y chocolate viene a ser el ‘airbag’ del sur. Pero no vayas y lo digas. En sus desquiciadas memorias, El mundo de la tarántula, de las que ya me ocupé en The Objective, Carbonell desmenuza los problemas que le trajo la película. ¡Qué se habrá creído ése, relacionarnos a nosotros con la droga! Ni el hecho de que una legión de barbateños participara en la figuración ni el alegre desparrame de dinero que supuso el rodaje libró a Carbonell, con casa en Zahara, de la difamación. A ello contribuyó una entrevista promocional en el programa de Jesús Quintero, que no hizo sino confirmar la sospecha fuenteovejunera.

JQ- Si vivieras en Zahara o en Barbate, ¿te dedicarías al atún o al chocolate?

PC- Me dedicaría al atún, pero si no me fuera bien, al chocolate.

“Algunas personas de Barbate y Zahara vieron la entrevista y entendieron que yo había estado en el programa diciendo que en esa zona sólo se vive del atún o del chocolate. Al presidente de los hosteleros de Zahara, Gaspar, fueron a contarle el chisme de que yo había declarado exactamente eso. ¿Acaso pretendían que respondiera a Quintero que también podía dedicarme a ser cocinero, camarero, abogado, policía municipal o perito agrícola? […] A Gaspar le faltó tiempo para mandar una carta al periódico manifestando el malestar de todos los hosteleros por mis afirmaciones. A otros también les faltó tiempo para pegar carteles con mi foto en la puerta de mi casa pidiendo que se me declarara persona non grata. A mi hija Carlota le dijeron que en cuanto yo pusiera un pie en Zahara me iban a romper las piernas.”

El infundio que más disgustó a Carbonell tuvo que ver con su acento. Gaditano de nacimiento, el cantante de Los Toreros Muertos fue uno de aquellos damnificados del estándar madrileño, que ahormó en la atonía a varias generaciones de intérpretes andaluces, canarios y extremeños. Para su papel de Manuel, no obstante, recuperó el ceceo de La Caleta, lo que fue tenido por un menosprecio a la cultura local.

“Me planté allí a dar la cara. El primer sitio al que acudí fue el epicentro de la maledicencia. Pedí una cerveza y una tapa de huevas aliñadas. Me contestaron que, ya que iba por ahí diciendo que todos ellos eran unos delincuentes, si no quería también un poco de hachís. […] Tendría que armarme de paciencia para dar todas las explicaciones que me pidieran los ofendidos. Y las fui dando. Una a una. De vez en cuando alguien me gritaba desde una obra que me iban a rajar. Otros me aconsejaban que no fuera solo por la calle. […] Si queda algún vestigio de aquella insidia suelo achacarlo a la merma neuronal del que me ataca, el cual, habitualmente, no recibe ninguna respuesta por mi parte.”


The Objective, 25 de mayo de 2017

martes, 23 de mayo de 2017

Golpistas on tour

Que Puigdemont pronuncie en Madrid una conferencia sobre 'cómo dar un golpe de Estado (sin sucumbir en el intento)', restituye el símil capitalino de rompeolas de todas las Españas. Que lo haga, además, en un local cedido por el Ayuntamiento, da idea de hasta qué punto el 'Régimen del 78' ha institucionalizado la acogida e incluso el mimo de quienes pretenden destruirlo. ¡Welcome Indepenees!

El recinto, o lo que quiera que Carmena les tenía preparado, guardaba inquietantes similitudes con las fan zones que las autoridades habilitan a los bárbaros en las finales futboleras. No porque sonara el Despacito y se sirvieran cubatas, no, sino porque la gran mayoría de los asistentes eran, por así decirlo, ultrasures. El presidente de la Generalitat, en efecto, 'tendió la mano' a un puñado de hooligans desplazados ex profeso. Los mismos, probablemente, que le jalearon en Bruselas, o que arroparon a Homs en su declaración ante el Supremo, o hicieron el pasillo a Forcadell de camino al TSJC. El Tot això qui ho paga ha dejado de ser un latiguillo. A Pla, apóstol de la concreción, le habría encantado saber que en el caso de Homs, la cuenta subió a 13.470 euros.

Así, y de modo similar a esos borrachos que balbucean "yo ya me entiendo", el nacionalismo farfulló una vez más para sí mismo, recreando la españolísima tradición del hogar regional. La única espectadora que no batió palmas fue Cayetana Álvarez de Toledo, que se coló en la fiesta (literalmente) junto con Rosa Belmonte, y fue dando noticia en Twitter de un suceso puramente extraordinario: cómo un paleto de Gerona trataba, siquiera retóricamente, de poner contra las cuerdas al Estado de derecho.

Entretanto, y según he sabido por la misma Cayetana, el corresponsal del New York Times, Raphael Minder, rendía homenaje a Hemingway (¡aquí bebió!) alertando al mundo de que cincuenta fascistas protestaban en la calle contra Puigdemont: "Fascists protest Catalan secession in front of Madrid police - Not sure this can help bridge divisions". Resistiendo el acoso de las hordas fascistas, una delegación de demócratas catalanes (pleonasmo) trataba, infructuosamente, de llamar al diálogo. Fechado en Madrid, el 28 de marzo de 1939.


Libertad Digital, 23 de mayo de 2016

martes, 16 de mayo de 2017

Goyesca

La mera posibilidad de que haya un caso Banderas da perfecta cuenta de hasta qué punto España anda atollada, de Algeciras a Estambul, por obra y gracia de una turba que si en Barcelona criminaliza a hoteleros y en Madrid dispensa dignidad institucional a colectivos chavistas, en Málaga, según acabamos de ver, escupe alaridos contra quien promueve la construcción de un equipamiento cultural.

Que el promotor en cuestión sea nuestro actor más internacional, el hombre que en Átame bordó un polvo para la eternidad, el mismo, sí, que le dijo a la Abril "tengo 23 años, 50.000 pesetas y estoy solo en el mundo"; que ese titán, en fin, deba someterse a la silbatina del garzoncito de turno, ejemplifica a las claras cómo el dilema entre nosotros y el caos es un bucle melancólico. E ilustra, de paso, en qué consiste "ser comunista hoy", a lo que siempre hay que responder: "Lo mismo, exactamente lo mismo que ser fascista ayer".

El día en que Pablo Iglesias o alguno de sus pretorianos hilen un discurso (¡un retazo de vida!) como el que hiló Banderas cuando recibió el Goya a su trayectoria artística, un discurso, por cierto, que empezaba diciendo: "Todo lo que tengo se lo debo a mi profesión"; el día en que cualquiera de estos andrajosos, literatos frustrados a los que, dada su falta de talento para renombrar el mundo, no les queda sino rebautizar el callejero; el día, insisto, en que uno, uno solo de estos almíbares a los que tanto disgusta que Patria sea "una novela parcial", esté a la altura moral de un tipo como Banderas; ese día habremos salido de la crisis.

Por de pronto, valga este recado:

Lo que he ganado en mi larga vida como profesional ha sido básicamente fuera de mi tierra, viviendo en hoteles, en aeropuertos, sin ver crecer a mis hijos. Aquí he venido a gastármelo.

Y donde lo que jode, obviamente, no es"lo que he ganado", sino ese sucio "gastármelo".


Libertad Digital, 16 de mayo de 2017

jueves, 11 de mayo de 2017

Cuestión de estilo

Un minuto por página. Eso había respondido Sergi, compañero de clase en 3º de BUP, al preguntarle yo por su velocidad de lectura. Recién entrados en la adolescencia, el hecho de leer mucho o poco, con rapidez o parsimonia, empezaba a ser un rasgo susceptible de coquetería. Sergi trataba de ajustarse a esos 60 segundos porque aspiraba a convertirse en dirigente de un partido político en el que, de hecho, ya militaba, y en el que también acabaría militando yo, aunque en mi caso la palabra 'militar' sea un embalaje un tanto mendaz. Tan vaporosa era mi conciencia, digamos, revolucionaria, que en el círculo de formación para simpatizantes se me ocurrió decir, a propósito del Manifiesto comunista, que el estilo me parecía algo tosco. "No estamos aquí para hacer un comentario estilístico", me reprochó Sergi, a la sazón responsable de mi destete. Poco después le pedí una lista suplementaria de títulos, algo así como unos créditos de libre elección, para acelerar mi adiestramiento. Fue en ese trance, y ante la enormidad de la bibliografía que me propuso, cuando le formulé tan fatídica pregunta: "¿Cuánto tardas en leer un libro?". Sea como fuere, me apliqué a la tarea con denuedo de presidiario, subrayando pasajes que luego, en alguna de las asambleas del instituto, utilizaría para zaherir a nuestros más enconados adversarios, que no eran, como ordenaría la lógica, liberales o conservadores, sino aquellos otros izquierdistas que no suscribían por entero nuestras tesis. En fin, todos recordamos la célebre escena del graderío de La vida de Brian. Debió de ser por aquel tiempo cuando las novelas dejaron de ser lecturas escolares para investirse del aura de las verdades reveladas.

Urnacinas

En Cataluña hay urnas. Las de Barcelona, concretamente, se guardan en una nave industrial de propiedad municipal sita en la calle Perú, en el barrio del Pueblo Nuevo. El almacén, una antigua fábrica de productos químicos de unos 3.000 metros cuadrados, alberga unos 6.000 receptáculos de metacrilato cuyas medidas, conforme a lo estipulado por el Ministerio del Interior (al que corresponde la titularidad del material) son 45 cm de largo, 34 de alto y 32 de ancho, con una ranura en el centro de 18 cm y 0,5 de cm abertura. (La democracia, ya ven, conjuga el rigor normativo con toda una semántica del orificio, para que luego digan que carece de sex-appeal.) Tal como se aprecia en esta imagen, las urnas se hallan dispuestas en columnas, sobre palés. Por lo demás, y dado que la ciudad requiere unas 1.800 (salvo cuando se celebran elecciones al Congreso y al Senado, en que hacen falta el doble) es probable que una parte de las 6.000 se destine a otras localidades de la provincia.

Además de urnas, en Cataluña hay elecciones. Unas semanas antes de los comicios de turno, un grupo de empleados de la empresa Mercalim se afana en la limpieza y desinfección del material. De no ser así, las cajas llegarían a los colegios con un poso de inmundicia por el que no habría diferencia entre depositar el voto en el contenedor y echar la basura en la urna. Se trata, en fin, de que esos fachendosos que se jactan de votar tapándose la nariz no deban hacerlo de verdad, por mucho que lo merezcan.

Deben de haber leído que el Gobierno autonómico pretende comprar 8.000 urnas para dar la palabra al pueblo. No. Lo que pretende es tirar esas 6.000 al vertedero.


The Objective, 11 de mayo de 2017

martes, 9 de mayo de 2017

Despachos colonos

En las últimas dos semanas hemos visto cómo el máximo representante de la vieja trova catalana anunciaba represalias contra aquellos funcionarios (en alusión, sobre todo, a jueces y policías) que no se avengan a infringir las leyes, postrera distinción entre catalanes afectos y desafectos por la que, contradiciendo a título póstumo a otro don Luis, De Galinsoga, sólo los últimos serían una mierda.

Unos días antes, el Govern, valiéndose de su comité de agitación popular, la ANC, había sembrado las calles de túmulos con forma de SÍ, en lo que suponía la enésima vulneración de la neutralidad institucional.

A fin de zanjar cualquier duda respecto a la inobservancia de dicho principio, Puigdemont anunció poco después en una reunión de ese mismo comité, que habría pregunta y que habría referéndum. Restando, de paso, dignidad y atribuciones al Parlamento autonómico, que en el imaginario soberanista ha quedado reducido a un mero decorado en el que hacer ostentación del desprecio a España. Por ejemplo, y sin ir más lejos, prodigando toda clase de vítores al insigne trovador, en reconocimiento a su jovial homilía golpista.

Para lenguaje litúrgico, no obstante, el de Marta Ferrusola. Que la mayor parte de los periódicos consideren semejante puerilidad un "código secreto" o un "mensaje oculto en clave religiosa", una expresión, en fin, de sagacidad, no deja de ser un rescoldo de la pleitesía que le rindieron durante tantos años.

El desafío al Estado ha cobrado renovado brío esta misma semana con la despedida de Forcadell en su tránsito sacrificial al juzgado, que, conforme a la costumbre, fue acordonado por un séquito de provincias. (Es probable que no haya día en Cataluña en que no se cante Els Segadors, con las consiguientes réplicas televisivas.)

A todo esto, la expresidenta de la ANC alega que su imputación equivale a criminalizar la palabra, sin entender que ningún violador podría hacer valer, en su defensa, que su procesamiento equivale a criminalizar el sexo.

Mientras escribo este artículo, leo que la Generalitat publica la licitación para comprar 8.000 urnas.

Ahora multipliquen estos días, apenas quince, por ocho años.



Libertad Digital, 9 de mayo de 2017

viernes, 5 de mayo de 2017

Una comunidad de lectores: diez años del cierre de 'Diarios'

El blog Diarios, del periodista Arcadi Espada, fue pionero en España entre los dedicados al comentario de actualidad y la anotación diarística. Casi me atrevería a decir que fue pionero a secas, pues el año en que su autor lo puso en marcha, 2004, la bloguería española ni siquiera tenía conciencia de comunidad.

El antecedente de Diarios se halla en el ensayo homónimo del mismo autor, un dietario escrito durante 2001 que tenía como principal y casi único desvelo la lectura crítica de los periódicos, con la espinosa particularidad de que el crítico también se dedicaba a escribirlos. Diarios sentó las bases de lo que desde entonces ha sido la piedra angular de la obra de Espada: la (auto)crítica de la razón periodística. O lo que es lo mismo, el examen del oficio desde el oficio.

La obra, premiada con el Espasa en 2002, suscita tantos elogios como invectivas, éstas provenientes sobre todo de colegas que, al ver cómo alguno de sus artículos merece las objeciones del autor, lo tildan de arrogante, entrometido, etc. Consciente de que ha inventado un género (o de que se ha atrevido a inaugurarlo, pues la crítica periodística, como el Everest, estaba ahí) Espada se plantea proseguir con la labor en la red. Así, el 1 de enero de 2004 nace el blog Diarios, cuyo impacto en el ecosistema mediático es extraordinario. No en vano, a la audacia y agudeza de los textos, se une el hecho de que éstos ven la luz de forma inmediata, al compás de la actualidad.

Espada cuelga su post no más tarde de las 11 de la mañana, y raro es el día en que se retrasa. De este modo, el lector que accede al blog a partir de esa hora jamás ve defraudadas sus expectativas (como las habría visto defraudadas, por ejemplo, cualquier lector de periódicos que acudiera al quiosco y no encontrara el suyo; internet, en efecto, no difiere en absoluto del mundo, digamos, analógico).

Con todo, el factor que catapulta el blog hacia el éxito es el Nickjournal, una sección de comentarios que propicia que, en lo que Espada denomina la 'bodega' o 'galeras', y a los pocos minutos de que haya aparecido el texto, varias decenas de personas opinen sobre el mismo. Esa relación de instantaneidad entre el autor y sus críticos, tan común en nuestros días, había sido hasta entonces la fantasía erótica de todo escritor. Tal como apunta el propio Espada, "¡una situación soñada! O sea, una pesadilla".

Pero el Nickjournal es algo más que un conjunto de comentarios o postillas al discurso de Espada. Sus contribuyentes, ya sea embozados en un alias o nick o con su nombre y apellidos reales, dan vida en el subsuelo a una proteica conversación sobre política, cine, literatura, periodismo, si bien el tema predilecto de todos ellos son las inquinas, intrigas y amoríos que propicia el roce cotidiano, esto es, el propio Nickjournal. Espada describirá el fenómeno con estas palabras: "Lo mejor del blog, sin duda ninguna, ha sido la creación de una comunidad rojonacional. Donde, como no podía ser de otro modo, hay cafres y enfermos (a los que cuidamos: mereceríamos apoyo por nuestra labor humanitaria), y gente de la que aprendo, sin excepción, cada día".

Consciente de que algunas de las reflexiones del Nickjournal rayan en la exquisitez, Espada rescata al final del día algunas de ellas para airearlas en la página principal, en pie de igualdad con sus textos. Los comentaristas dan en llamar al reconocimiento 'pasar el día en cubierta', en alusión al hábitat original, 'galeras', y así, con la pértiga clavada en esa jerga, suelen felicitar al agraciado: '¡Feliz día en cubierta!'. Como una charca en la que germinara la vida, Diarios estaba engendrando su propio lenguaje. 

Paz Vega López

La metaliteratura en el Nickjournal alcanzaría su cénit con la irrupción entre los comentaristas de Paz Vega López, que se presenta como "una joven madrileña de 18 años, estudiante de primer curso de filología que ansía convertirse en escritora". En sus primeras intervenciones, se ciñe al 'menú del día', es decir, a juzgar el texto de Espada, bien es cierto que con sin par candidez. Andando el tiempo, no obstante, empieza a explayarse acerca de su escarceos sexuales, la animadversión que siente por su padre, sus amores frustrados. Todo ello, salpicado con apuntes de sus tentativas como novelista, en lo que, tal como ella misma presume, no son sino los comienzos de una férfil y exitosa carrera literaria.

Pocos sospechábamos que el personaje de Paz era una construcción literaria del escritor Antonio Gálvez, que incluso había arropado a su criatura con una página web para divulgar su primer manuscrito, Loko y brillante, un texto frenético y descoyuntado, infestado de mamadas al profesor y desplantes a la ortografía; una fina parodia, en suma, de las jóvenes que pretendían emular a Lucía Etxebarría.

En el apogeo de su comedia bufa, Gálvez llega a enviar el manuscrito de Paz a editoriales como Anagrama, Poliedro, Anaya, o la revista Lateral. Y Paz, por supuesto, no tiene el menor empacho en airear las respuestas de los editores en el blog de Espada: los noes diplomáticos de Horacio Vázquez-Rial, Paula Canal, Mihály Dés...

Un año y medio después, el propio Gálvez se quitaría la máscara en su propio blog. El artificio había mantenido engañados a decenas de escritores, periodistas, profesores, pues tal era el perfil de los usuarios del blog de Espada. Algunos de ellos aun cayeron en la humanísima tentación del flirteo a lo pigmalión. Gálvez (profesor de bachillerato en Cornellá) recogió su peripecia en un libro, Caliente, donde relataba los pormenores de su genial impostura, incluyendo una jugosa correspondencia privada que dejó en evidencia a más de un insigne contribuyente del blog de Espada.

La escritura de la intimidad

Uno de los temas en que Espada pretendió ahondar, con resultados dispares, fue la escritura de la intimidad, asunto capital en la literatura. Con estas palabras describía su 'fracaso' ante Justo Serna, asiduo del blog: "Tengo un problema con el blog. Específico. La intimidad. En el primer volumen de Diarios había retazos, como usted dice. Ahora me cuesta mucho más. Incluso los retazos. No encuentro la voz apropiada. Y si no la encuentro es que, quizá, no debo encontrarla. La intimidad, el léxico de la intimidad es el principal problema literario, dijo Pla. Estoy bastante de acuerdo. En los blogs hay muchos ejemplos de esa intimidad expuesta. Y muy pocos bien resueltos. Supongo que la escritura en directo, esta escritura que se produce y se ve debe de estar en la raíz del problema. Voy a seguir intentándolo. Quisiera alcanzar una exhibición violenta y educada de lo íntimo. Verdadera y transitiva".

El más justo comentario respecto a lo que supuso, para toda una generación de escritores, el blog de Espada, corresponde a Roger Corcho, que al ser preguntado por Cristian Campos por el libro que le marcó, respondió: "No fue un libro".

martes, 2 de mayo de 2017

Del Ibex 35 al CAC 40

La candidata ultra Marine Le Pen suele referirse a su rival como el exbanquero Macron, burda atribución con la que trata de azuzar la inquina del electorado. No en vano, y en tiempos del ¡sí, se puede!, un banquero no es sino un sujeto despreciable, un rufián al que mueve únicamente el amor al dinero; un prontuario, en fin, de la vileza del mundo. El populismo ha revestido de fatua dignidad las injurias típicamente antisemitas, lo que explica que Le Pen, aun a riesgo de ser acusada nuevamente de racista, haya explotado ese filón sin embozo alguno. La célebre superioridad moral de la izquierda, en efecto, ha propiciado que el Frente Nacional se sacudiera su más vergonzante complejo.

El tercer vaso comunicante de esa ciénaga es la prensa, que en Europa ha sido bastante menos hostil a Mélenchon y Le Pen de lo que Washington se mostró con Trump, y que ha tendido a asumir, cuando no a ensalzar, las razones que aquéllos han esgrimido para salvar a Francia de sí misma. (Del mismo modo que en España hizo fortuna la especie de que Podemos erraba en las soluciones pero acertaba en el diagnóstico).

En lo que concierne a Macron, algunas de esas razones son prodigiosamente retroactivas. Hace apenas dos años, el candidato socioliberal era (extraigo los sintagmas de cuatro diarios de referencia: dos españoles y dos franceses) "el ministro estrella", "el ministro más liberal del Gobierno socialista", "el ministro mejor valorado del Gobierno", "el político de la izquierda preferido por los franceses", "el electrón libre del Ejecutivo francés", "el máximo representante del ala socoliberal del Gobierno" o "la joven estrella del Gobierno de Manuel Valls". Asimismo, "Manu, como le llaman sus próximos", se había formado en "la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración" y no había "discusión respecto a sus cualidades: brillante, trabajador, simpático, culto y con capacidad para escuchar".

Hoy, el político llamado a impedir el desmoronamiento de Europa ni siquiera merece tal condición. Y en reverberación, insisto, del bullshit melencho-lepenista, ha pasado a ser un "candidato de diseño", un "tecnócrata sin ideales", un "servidor del establishment", el "inspirador del fallido quinquenato" o un "vendedor de humo" que "daba cenas en su ático para tejer una red de amistades que lo condujera a la Presidencia". Por lo demás, la Escuela Nacional de Administración ha dejado de ser prestigiosa. Ahora, y conforme a las apetencias del pueblo, es elitista.


Libertad Digital, 2 de mayo de 2017

jueves, 27 de abril de 2017

Anémona y cuchillo


Mientras subimos la rampa que da acceso al Bullilab, 3.000 metros cuadrados de almacén en una de las faldas más sórdidas de Montjuic, Salvador Sostres me advierte: "Si ahora no sabes en qué consiste el Bullilab, lo más probable es que al salir sigas sin saberlo". Dentro nos esperan Arcadi Espada y Ferran Adriá, al que la gripe no acaba de aplacarle su entusiasmo. No en vano, Sostres y Espada han sido los más conspicuos divulgadores de la obra de Adriá, en un pródigo apostolado que ha contribuido a que tantísimos profanos, como es mi caso, comamos polenta helada por delegación.

El Bullilab es un laberinto donde 70 profesionales, entre los que se cuentan diseñadores, filósofos y periodistas, tratan de ordenar, clasificar y jerarquizar todo lo que el hombre sabe sobre gastronomía. Y extraer de ese conocimiento algo así como la piedra filosofal de la creatividad (su genoma, precisa Adriá) con la idea (les hablo a tientas) de pasar por el cedazo conceptual de El Bulli cualquier actividad humana. El recinto, un semillero entre el garaje de Steve Jobs y la biblioteca de El nombre de la rosa, contiene miles de legajos, libros, vídeos, paneles interactivos... La idea, supongo, es acabar linkando los documentos. Al término de la visita, la pregunta (retórica) que Adriá formuló en Twitter, "¿Qué tipo de información necesitamos de un ravioli para que se convierta en conocimiento?", adquiere un barniz socrático.

Cenamos en Estimar, el puesto de pescado que Rafa Zafra, discípulo de Adriá, tiene en Santa María del Mar. Sostres y Arcadi no parecen dispuestos a hablar de otra cosa que no sea de cocina o, más precisamente, de cocineros, y como dos improvisados pitchers le van lanzando nombres a Adriá, que, no obstante, los batea con una flacidez exasperante. Espada le reprocha su renuencia a criticar a los profesionales de su gremio; es más, intenta persuadirlo de que hay un aspecto de su trabajo, el que tiene que ver con la prescripción, que le obliga a ello. Mas Adriá sólo hablará, y muy bien, de Ángel León; curiosamente, sin haber probado nada de lo que cocina actualmente, fiando su criterio a lo que ve, a lo que le cuentan: a su intuición. En la conversación aparece el nombre de Dìdac López, quien diera vida a La Estrella de Plata, el mejor bar que ha habido en Barcelona en los últimos 20 años, gastro avant la lettre. "Está mejor; trabajando en Florida", oigo. Y me viene a la cabeza una noche de hace veinte años en que el mismo hombre que tengo ante mí, en la barra de La Estrella, le pidió a Dídac una anémona y un cuchillo. Y entre trago y trago de vino, empezó a rasgarle los tentáculos al animalillo, tratando de descifrar, imagino, qué tenía ante sí, si un ravioli en ciernes o la capipota del futuro. El Bullilab es, sobre todo, una disposición de ánimo.



The Objective, 27 de abril de 2017

martes, 25 de abril de 2017

Deus ex Macron

En Francia ha faltado poco para que dos partidos retropopulistas de sesgo totalitario y abiertamente hostiles al europeísmo se disputaran la presidencia de la República. Uno profesa el odio de raza y otro el odio de clase, de ahí que la comparación entre ambos no sea sólo pertinente sino también necesaria, por mucho que Pablo Iglesias levante un dique entre Mélenchon y Le Pen en virtud del ultranacionalismo de que adolecen los primeros. No en vano, lo que define a Francia Insumisa es, antes que el antifascismo, la inquina contra los partidos tradicionales, las élites ilustradas y los medios de comunicación; la misma clase de proclamas antiestablishment, en fin, que alimentan el discurso del Frente Nacional (y de Trump, los brexiters y Podemos). No cabe descartar, así, que una parte sustancial de votantes de Mélenchon se decante el 7 de mayo por Le Pen. Sumisamente.

A la evidente semejanza de relaciones, y que convergen, de forma aparatosa, en la sacra apelación a la Francia cazurra, terruñera y premoderna que ambiciona, sin ir más lejos, el campesino José Bové (y que guarda similitud, por cierto, con la bucólica ensoñación de Otegi, ya saben: "El día en que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías y se oiga música rock americana..."; entre gañanes se entienden). A ello, decía, se añade que rojos y nacionales comparten la frívola querencia al cuanto peor mejor. Sospecho, eso sí, que si fuera Mélenchon quien hubiera precisado los votos de Le Pen, ésta no habría puesto tantos reparos al trasvase. Le habría bastado un cínico laissez-faire!

Afortunadamente, una suerte de Deus ex machina llamado Emmanuel Macron ha desbaratado (o está en condiciones de desbaratar) la amenaza lepenista. Su eclosión es también ilustrativa de una cierta modernidad. Haciendo de la necesidad virtud, Francia ha moldeado a su Rivera en un santiamén, liberando de paso a su formación, EM, de las molestas adherencias que deposita el paso del tiempo. Más allá de ese décalage, a Macron y a Rivera les une la renuencia a las etiquetas izquierda-derecha, la adscripción a un vago social-liberalismo, el repudio del nacionalismo y, sobre todo, un furibundo optimismo, credencial que a estas alturas de la Historia es, ha de ser, decididamente política.


Libertad Digital, 25 de abril de 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

Síes como túmulos

El proceso no tiene mecenas ni se nutre de donaciones de su grey, que a lo más que alcanza es a la compra de camisetas por la Diada. Las asociaciones, entidades y medios de comunicación que lo animan, desde la ANC hasta el Ara, pasando por Òmnium, la Plataforma per la Llengua o TV3 (que en eso ha quedado, en una plataforma), se financian mediante subvenciones de la Administración, y en particular de la Generalitat, dedicada desde hace casi cuarenta años al fomento y extensión del tinglado, que en Cataluña recibe el nombre de sociedad civil. Para ilustrar el amaño recurriré una vez más a la película El escándalo de Larry Flynt. Flynt, editor de pornografía, asiste como invitado de honor al congreso de una agrupación llamada Estadounidenses por la Libertad de Prensa. En un aparte, uno de sus esbirros se congratula del trato que los lobistas les dispensan, a lo que Flynt repone: "No seas idiota, ¿quién te crees que paga todo esto?".

En su enésima maniobra de apropiación del espacio público, la ANC, cuya primera presidenta, recordemos, fue Carme Forcadell, instaló en las calles de algunas localidades catalanes una especie de mamotretos por el sí. Los primeros divulgadores de la iniciativa fueron Puigdemont y el actual presidente de la ANC, Jordi Sánchez, que trataron de envolverla en un halo de misterio, a semejanza de esas campañas que velan el nombre del anunciante. Que lo lograran da una idea de hasta qué punto la prensa empieza a ser el brazo tonto del poder.

Obviamente, no me refiero a los medios afines, cuyo único sentido es precisamente ése, el de servir de reflejo nervioso a la consigna de turno, sino a periódicos donde supuestamente todavía sigue en pie alguna aduana. Tal es el caso de El País: "Unos círculos blancos que muestran un sí gigante se han instalado en diferentes municipios catalanes, en una campaña a favor de la independencia en un referéndum". Y a continuación, sin sombra alguna de ironía: "Incluso el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha compartido una de estas imágenes, instalada en la Rambla de Girona, en su cuenta de Twitter". (Una de estas imágenes instalada, sí, eso dice).

Esta clase de propaganda, por su naturaleza delictiva, de atentado contra la democracia, ni siquiera debería aparecer como anuncio retribuido. Que aparezca como noticia, ¡y conforme al estilo del propagandista!, explica en parte por qué la prensa va camino del sumidero.


Libertad Digital, 19 de abril de 2017

lunes, 17 de abril de 2017

Abriles

Gran día en la dacha de Juan y Marta. Virginia y Jordi pusieron los vinos y una voluptuosa caprese; los Ferrer, Jorge y Marlene, trajeron caviar rojo, y Arcadi preparó su mítico potaje de vigilia. Llevo un tiempo fijándome en que los hombres cocinamos con celo de ingeniero, como si planeáramos un atraco. Mi hija Laura se aburrió sin aspavientos, incluso con elegancia, sin que las monerías de Arcadi lograran rescatarla de su bendito sopor. Hablamos de periódicos, de mujeres, de Lezama (si está Ernesto, Lezama no anda lejos). Y de Léautaud, claro, el hombre del momento. Así, por cierto, le ha puesto Juan a su perrito, Léautaud, después de haberle llamado Benny desde que era un cachorro. Ayer sonero y hoy diarista, justa metáfora del rumbo que suele tomar una vida. La comida no derivó en fiesta porque nunca fue otra cosa. Sencillamente, el tiramisú dio paso al champán y al baile, o acaso Patricia ya bailara en el centro (¿en lo alto?) del jardín desde quién sabe cuándo. Sonaba El Cuarteto Cedrón y la luz declinaba, pero lo hacía de un modo peculiar, como si en lugar de derrumbarse sobre nosotros alguien graduara su intensidad: un atardecer bang-olufsen. Laura y yo nos marchamos antes de la conga, y a mí no deja de sorprenderme que a diferencia de tantísimas soirées, digamos, intelectuales, ésta nunca se celebre para ser escrita, sino para ser filmada. Un potaje, sí, pero con huevo poché.


jueves, 13 de abril de 2017

Aguafiestas


Todo empezó a comienzos de los ochenta, cuando mi tío fue trasladado a una sucursal bancaria de La Coruña y me cedió su carnet del Barça. Entre los 12 y los 15 años, alterné el gol sur de Sarriá con el segundo graderío del gol norte del Camp Nou, si bien feliz, lo que se dice feliz, lo fui sobre todo en el segundo. Aquel 0-2 contra el Madrid, con goles de García Hernández y Santillana, en que Cunningham puso al público de rodillas. El 1-3 contra el Betis (Benítez, Morán y Cardeñosa), con la hinchada verdiblanca dando palmas de tango en el gol sur. El 1-3 de mi Español (Urbano, Lauridsen y Murúa) que tanto contribuyó a que al Barça se le escapara la liga. El empate a 2 del Celta, con gol del imposible Atilano. La eliminación en la Recopa a manos del Metz (1-4), en una eliminatoria que el Barça tenía casi resuelta, tanto que en el campo apenas había 20.000 espectadores. Veinte mil y yo, claro; la lealtad de un aguafiestas no suele presentar fisuras. A fin de evitar la ojeriza de los socios de mi sector, aprendí a enmascarar el alborozo mordisqueándome la lengua, según la estrategia que años después le vería poner en práctica en Las amistades peligrosas a Madame de Mertuil. Lo cierto, no obstante, es que no hubiera hecho falta el disimulo, pues los socios del Barça, de aquel Barça glorioso, jamás prestaban atención a nada que no fuera su íntima agonía. Así, ante la vislumbre de un empate o una derrota, se desataba un runrún que para mis oídos era música celestial, como lo eran, ay, las ovaciones inopinadas al rival de turno, aquellos pintorescos olés con que pretendían zaherir a los suyos, empezando, como es de rigor, por los mejores: Rexach, Carrasco, Maradona…

Cuatro años son muchos para pasar inadvertido. Mi tío regresó de La Coruña y en su primer partido tras el paréntesis, un vecino de asiento le preguntó quién coño era el resentido que había estado yendo al campo en su ausencia y que siempre, siempre iba a favor de los forasteros. Desde entonces sigo al equipo por televisión, o por radio, y aun en ocasiones, ávido de noches aciagas, me dejo caer por mi antigua localidad. Ha habido pocas, para qué engañarme. Desde que Cruyff dotara al club de sentido de Estado, los títulos se han ido sucediendo con asombrosa naturalidad. Pero esa época toca a su fin. Bien pensado, mi antibarcelonismo acumula ya tanta solera que tal vez haya llegado la hora de reclamar al club un pin conmemorativo. Porque yo soy del Barça. De un modo siniestro y disfuncional, de acuerdo, pero del Barça. Que desee que pierda en lugar de que gane es un asunto anecdótico, tan trivial y azaroso como, a menudo, lo es el desamor.



The Objective, 13 de abril de 2017

martes, 11 de abril de 2017

Albania


ETA emergió del pueblo y se diluye en el pueblo, carne de su carne. Tal es la parábola semibíblica que el común de los batasunos pretende incrustar en la Historia, con un doble objetivo: legitimar seis décadas de crímenes y propiciar que el acrónimo ingrese en el reino de lo imperecedero. Así, si ETA es una excrecencia popular, una 'expresión' de violencia que germina entre las gentes del País Vasco, sus orígenes son casi geológicos. Y si rinde las pistolas para emulsionarse con el magma verificador, su aliento será perpetuo. El Gran Gudari te vigila. Una potencialidad. Tras la polimili y la militar, la ETA retráctil.

En la entrevista con Carlin, Otegui lo plantea en estos términos: "Yo diría que esta tesis de que ETA es una organización que nace de este pueblo y al final entrega las armas a este pueblo, bueno, forma parte de ese relato, y es un relato de una parte, como lo son todos los relatos. Pero es un relato que se hace en términos constructivos, no se hace en contra de nadie. Es un relato que permite planear una dinámica que no pretende ofender o humillar a nadie, sino que busca cerrar un capítulo de la forma más digna posible".

Entre los conceptos que cimentan la tesis, destaca el de 'sociedad civil'. Sociedad civil designa, en lenguaje recto, un ente de ciudadanos de ideología diversa que, desde los aledaños del poder, suscita debates en torno a lo público. Si en el País Vasco hubiera habido algo parecido a una sociedad civil, es probable que ETA no hubiera pasado de banda residual; unos grapo con ínfulas, a lo sumo. Obviamente, la ausencia de sociedad civil tiene su corolario en el hecho de que ETA se arrogue el copyright para dignificar a un hatajo de mamporreros. Entregar las armas a este pueblo.

Por el contrario, el País Vasco tiene trazas de sociedad incivil. Y acaso la mayor ostentación de incivilidad corresponda a San Sebastián, donde el pastel de cabracho fue perfectamente compatible con el tiro en la nuca, souvenir. De ello saben bien los miles de catalanes que en verano 'subían al Vasco' a jugar a la revolución.

Hace casi veinte años que no voy por allí. No, no se trata de ningún boicot. Sencillamente, cada vez se me hacía más insoportable la idea de compartir la barra de un bar con alguno de esos miles. Y acabar disuelto, también yo, en el pueblo.



Libertad Digital, 11 de abril de 2017

martes, 4 de abril de 2017

La liga antivicio

No veo ninguna razón para que Pedro Antonio Sánchez, expresidente de la Región de Murcia, siga siendo diputado autonómico y presidente del PP murciano. No parece razonable que los delitos por que se le investiga le inhabiliten para presidir el Gobierno regional pero no para representar a la ciudadanía ni liderar la sección local del partido. A no ser, claro, que Ciudadanos, formación que ha forzado su salida del Ejecutivo, entienda que apartarlo de todas sus responsabilidades sea un castigo excesivo, como esos árbitros que, en la tesitura de señalar un penalti y expulsar al infractor, se inhiben de la aplicación del segundo castigo, en la certeza de que el penalti era más bien dudoso.

Sea como sea, aún no hemos oído decir de Sánchez que es un cadáver político, como suele decirse, con ridícula gravedad, de todo aquel representante que se desgaja de la manada. Entre los más ilustres portadores de la mortaja, por cierto, se halla Mariano Rajoy, al que había de retirar un sms.

Respecto a Sánchez, tengo la impresión de que ni siquiera sus más inflamados detractores conocen los pormenores de su presunto tejemaneje. Al cabo, se trata de cobrarse una pieza, al precio que sea (ahí estaba, gravitando sobre Murcia, la amenaza de un gobierno en el que habría participado Podemos), conforme a una concepción de la política a medio camino entre el póker y hundir la flota. Confío al menos en que nuestros azotes de la corrupción sean lo suficientemente cínicos como para no creer de veras que esta clase de achiques tiene alguna virtud depurativa. O que la regeneración de la vida pública llegará por la vía de dejar en suspenso la presunción de inocencia.

Por de pronto, la ceremonia con que Sánchez se ha despedido (sin despedirse) ha desactivado el necesario componente ejemplarizante que, en teoría, debe caracterizar cualquier iniciativa anticorrupción. El hombre que hoy hablaba, en efecto, lo era todo menos un político vergonzante.


Libertad Digital, 4 de abril de 2017

viernes, 31 de marzo de 2017

Cuando la vida te hace perla

Joan Garriga presintió que el banderazo caería de forma prematura, pues no conocía otra existencia que la que transcurre en el filo de la navaja. "Esto no acabará bien", solía decirse, como si al echar cuentas se supiera un espectro. Su historia es la historia del mundo, la del ángel caído que no encuentra su sitio al apagarse los focos, la del héroe crepuscular al que la vida le hace perla. 

Todo se se torció a principios de los noventa, cuando en pleno declive profesional, Comecocos, como le apodaban en los circuitos, empezó a consumir cocaína. Salvo por algún que otro paréntesis, jamás dejó de hacerlo. Contaba a quien quisiera escucharle que tomó la primera raya para no dormirse al volante de su motorhome. Tabacalera había renunciado a patrocinarle en la categoría de 500 y se vio "yendo a Superbikes a Italia, recolocando a la gente, cerrando las tiendas que tenía, haciendo mil kilómetros". Cada ficha fue empujando a la siguiente y cinco años después, la policía irrumpió en su casa de Vallvidrera y decomisó 25 gramos de farla, dos balanzas de precisión, billetes de cinco mil pesetas falsos y un revólver... El motociclista que en 1988 había estado a una curva del título de 250, en una liza memorable con Sito Pons, se había convertido en un traficante menor. El estruendo de la noticia fue proporcional al fervor que aquella rivalidad había despertado en el colectivo motero, dividido a finales de los ochenta entre partidarios de Pons y partidarios de Garriga, centauros con chasis de torero.

La participación de Garriga en la red de tráfico de estupefacientes se saldaría en 2003 con dos años de cárcel, pena que, dado que carecía de antecedentes, no comportó su ingreso en prisión. Al verse frente al abismo, trató de reinventarse ejerciendo de monitor de motociclismo en Almería, pero se ahogó en el intento. En su deriva, fue acusado de haber prendido fuego a un negocio de su propiedad para cobrar la poliza, extremo que él negó hasta el fin de sus días.

El golpe más duro, no obstante, y del que ya nunca se recuperaría, estaba por llegar: debido al impago de una deuda municipal de 20.000 euros, perdió su casa de Vallvidrera, valorada en algo más de un millón. En la subasta posterior, salpicada de irregularidades (entre ellas, el hecho de que él mismo quedara excluido de la puja), la vivienda fue adjudicada por 250.000 euros. Un saldo. El hombre que en Jérez se ganara el sobrenombre de Boieng 747 (así lo había bautizado el histórico speaker del circuito, Baldomero Torres) se vio en la calle, sin más pertenencias que su perro y una dentadura postiza. Y ni siquiera la buena. Tal como él mismo lamentó en septiembre de 2013 en una entrevista con Jordi Basté, sólo pudo recuperar la dentadura mala. "Todas mis cosas", clamó, "están en el interior de mi casa, que ya está habitada por otra persona. Allí está todo: miles de cartas de fans, mi coche scalextric preferido, unas 250 cintas de vídeo de mis duelos con Sito, trofeos, cuadros... Todo, absolutamente todo". El juicio por las anomalías del concurso había quedado fijado para enero de 2015, casi un año y medio después, y al Come le pareció una eternidad. "La verdad, Jordi, no creo que llegue a esa fecha; imposible, estoy muy destrozado ("estic molt trinxat", dijo exactamente). No tengo ayudas ni retiro ni pensión ni nada".

Aquel día, en el estudio de RAC1, Garriga desveló que Francesc Homs, flamante consejero de Presidencia del Gobierno autonómico, le había asegurado que la Generalitat le proporcionaría una vivienda. Que no se preocupara, que lo dejara en sus manos. Eso sí, debía esperar a que pasara el verano. La ayuda jamás llegaría, en lo que supuso la última afrenta de su Cataluña. A Basté, de hecho, le sobrecogió que Garriga hubiera tenido que ir a Valencia a contratar a un abogado para litigar por su antigua vivienda. Tampoco llegó el auxilio federativo, ni el de los sponsors ni retiro ni pensión ni nada

La biografía de Garriga es un infierno tan insólitamente literario que aun guarda un colofón poético. Así, la única persona que en su larga caída le tendió siempre una mano fue Sito Pons, con quien había sellado una amistad a prueba de chispazos en el carenado. Su archirrival acabó sufragando la habitación de hotel en la que Joan, ya muy deteriorado, se fue consumiendo. Allí sufrió el primero de los dos infartos que le devolvieron a primera página.

La penúltima vez que los papeles trajeron algo de él fue en junio de 2015, con ocasión de una nueva detención. Garriga, acusado de pertenencia a organización criminal, se dedicaba a verificar la pureza de la cocaína destinada al menudeo. Un catador. La amargura de su relato no conoce tregua: Garriga había sido el gran testador de muchas de las piezas de protección y aerodinámica (rodilleras, jorobas) que llevan hoy los pilotos.

Dos meses después, un accidente de moto en la barcelonesa calle Numancia y las complicaciones respiratorias del postoperatorio, ponían fin a su odisea. Había nacido una leyenda motera. 


Club Pont Grup Magazine, 31 de marzo de 2017

Habitación 5013


Hasta el pasado martes, en que la trasladaron a la clínica Sant Antoni, en la Zona Franca, tuve a mi abuela ingresada en el hospital de la Esperanza, en el barrio de La Salud, aquejada de los noventa años que cumplió el 28 de febrero (en realidad nació un 29, por lo que los nietos solemos bromear con que si tiene veintitrés). Durante las tres semanas que estuvo allí ocupó la habitación 5015, contigua a la del cantante Bernardo Cortés, que murió el viernes debido a una isquemia intestinal. Habrán leído en la prensa que Bernardo falleció en el Hospital del Mar, «donde llevaba un mes ingresado». No, estaba ingresado en la Esperanza, y lo más probable es que muriera allí. El equívoco se debe a que la Esperanza forma parte de la red sanitaria Parque de Salud Mar, cuyo vértice es el Hospital del Mar, en La Barceloneta. Así, es habitual que entre sus pacientes haya un elevado porcentaje de vecinos de ese barrio. Como Bernardo y Concha.

El lunes entré a saludarlo, como siempre que iba a darle la comida a mi abuela, y al ver que estaba escribiendo le dije que pasaría después. Ya no pasé. Me sorprendió que muriera, pues no parecía que estuviera en las últimas: no hace una semana salió en pelotas al pasillo arrastrando el gotero como si fuera una bola de presidiario y diciendo a las enfermeras, y a todo el que quisiera oírle, que se encontraba de fábula.

Lo vi por primera vez cuando yo apenas contaba nueve o diez años. Los De Paco Serra, que aquel día debíamos de ser unos quince, celebrábamos un cumpleaños en el antiguo Cal Pinxo, uno de los merenderos que cercaban la playa («chiringuitos», decían los profanos, sobre todo si eran ricos y escritores). No hubo en los ochenta película rodada en Barcelona en que no salieran sus protagonistas comiendo un arroz en uno de aquellos delirantes restorans. Recuerdo (de una forma tan vívida que me resulta incluso sospechosa) que mi abuela, mi madre y sus primas tenían las mejillas coloradas por el champán, que los hombres llevaban corbata y que mi abuelo se había arremangado, como hacía siempre que se entonaba. Atento al derroche de las celebraciones, Bernardo se bamboleó hasta nuestra mesa y, tras asegurarse de que la guitarra y su gaznate eran una sola cosa, se arrancó con el «Cumpleños feliz», que cantó con un tesón impropio de la pieza, como si aquella cancioncilla hubiera de procurarle un ápice de gloria. Lo cierto, ay, es que en la cima de cada uno de sus gorgoritos parecía alojarse una derrota. Vestía un traje azul de solapas imposibles, una camisa con algún que otro lamparón y era difícil, muy difícil, imaginárselo haciendo otra cosa que no fuera eso: avivar la alegría de los comensales a base de profanar tonadas, boleros, rancheras.

Antes de darse a la música, a finales de los setenta, había trabajado como mecanógrafo (se ufanaba de haber ganado en 1950 el campeonato de mecanografía de Jaén, su ciudad natal, con más de quinientas pulsaciones por minuto). Desde Cataluña, donde se había instalado a mediados de los cincuenta, emigró a Suiza, y a su regreso fundó una empresa de derribos. Fino lector, ya por entonces tentaba la poesía pero nada hacía presagiar que de las ruinas del empresario Bernardo Cortés Maldonado surgiría el quijotesco Bernardo, ni que éste se convertiría, andando el tiempo, en un ilustre de la Barceloneta, junto a gigantes como el Anchoveta, la Paca, el Cherif o la Mari. Al igual que ellos, Bernardo vivió a despecho de su siglo, sin que los sucesivos cambios en el paisaje mellaran su autenticidad. Entre sangría y contoneos, asistió al aluvión murciano de los sesenta, al cine de barrio de los setenta, a la ventisca de la heroína de los ochenta y a la piocha olímpica de los noventa. Y ni siquiera el derribo de los merenderos, el único escenario de sus actuaciones, pudo con él. Yunque contra la desdicha, hablamos de un cantante que no dio nunca un concierto, lo que se entiende por concierto. Y aunque últimamente, ya muy decaído, decía que le habría hecho ilusión una gala de despedida (una gala, así hablaba Bernardo), colmó su gran anhelo hace cuatro o cinco años, cuando Fede Sardá le abrió las puertas de la sala Luz de Gas para que presentara su último libro de poesía.

El día en que mi abuela dejó el hospital, mi madre pasó a despedirse. Le dijo que en el mueble-aparador del piso de mi abuela conservamos una fotografía suya, de la que mi abuela dice que le ha traído suerte. Nadie en la familia sabe exactamente por qué, aunque bien pensado, Bernardo fue para los De Paco una cálida presencia, algo así como el exótico figurante de todos los momentos en que hemos sido felices.


Jot Down Magazine, 31 de marzo de 2017

jueves, 30 de marzo de 2017

40 sobremesas en Txillarre


En el año 2000, el entonces diputado autonómico Arnaldo Otegi y el ex consejero de Justicia vasco Paco Egea (PSE) comienzan a frecuentar el caserío Txillarre, en la localidad guipuzcoana de Elgóibar, establecimiento dedicado a la producción y venta de hortalizas ecológicas, y cuyo propietario, amigo de ambos, es un antiguo trotskista llamado Peio Rubio. A los almuerzos, cenas o lo que se terciara se une, andando el tiempo, el presidente del PSE, Jesús Eguiguren. El documental de José María Izquierdo y Luis R. Aizpeolea El fin de ETA presenta aquellos encuentros como el germen de las conversaciones que desembocarían en el cese-definitivo-de-la-actividad-armada (convoy semántico que obliga, que sigue obligando, a mirar debajo de cada palabra). Como formuló magistralmente Cayetana Álvarez de Toledo en su artículo del lunes, Izquierdo y Aizpeolea defienden que el ocaso de ETA se debió, antes que al temple del Estado de Derecho, a la osadía de Otegi y Eguiguren, retratados en el film como dos arrojados idealistas que, desafiando a los testarudos de uno y otro lado (otro parteaguas, ese uno-y-otro-lado, que forma parte de la fraseología básica de El fin…) se aventuran en las procelosas aguas del diálogo. Una operación quijotesca, en suma, dirigida con sutileza por el taimado Rubalcaba, que en la película se interpreta a sí mismo. Los directores, que por algo son consumados conflictólogos, han tenido el decoro de exhibir el punto de vista de las víctimas, personificadas en Alfonso Sánchez, lo que confiere a la obra una cierta apariencia de pulcritud (acentuada si cabe por la limpieza de las imágenes). Lo que no han podido evitar, en el cometido de depurar el relato, es que éste incorpore su propio fisking, al modo de esos mensajes que se autodestruyen. Debemos a Eguiguren la más férrea de las refutaciones:

-El hecho de que estuviéramos allí reunidos no implicaba ninguna salvaguarda para ninguno de los dos. Es decir, que él podía ser detenido en cualquier momento (por un juez o por lo que sea), y a mí me podían matar.

A él detener y a mí matar. No tengo más preguntas, señoría.


The Objective, 30 de marzo de 2017

martes, 28 de marzo de 2017

Cataluña a vista de app


Hay en mi barrio un asador argentino que de puro delicado parece un bistró. No sólo por la decoración, exenta de cornamentas al uso; también por la finura con que tratan las carnes; nadie diría, en fin, que las vacas que someten a la parrilla son de Gerona. Al frente del negocio hay una pareja formada por un porteño (de Independiente, para más señas) y una paulista, y exceptuando el lapso cuatrienal de los Mundiales, el suyo es un amor sin estridencias ni empalagos. Son, además, afables, atentos y discretos. Y guapos, sobre todo él. Así y todo, no son perfectos, pues ninguno de los dos habla catalán; lo entienden, claro, pero no acaban de soltarse, lo que no obsta para que de vez en cuando se adornen con gambeteos tipo "al punt?", "poc feta?" o "volta i volta?" El glosario ad hoc, tratándose de bife y entrañas.

Y ni por ésas. En la app Catalapp, promovida por la Plataforma per la Llengua y dedicada a la valoración de la sensibilidad lingüística (sic) de servicios y establecimientos de los Països Catalans, mi boliche ha sido señalado con un disco rojo, lo que equivale a atenció molt dolenta (atención muy mala). Asimismo, en la sección de comentarios, una de las usuarias (¡una antigua conocida!) denuncia: "No parlen gens de català", aireando así su hartazgo frente a quienes le impiden "vivir en catalán al 100%", pues tal es el eslogan de la app, con lo que ello tiene de anhelo monstruoso. El otro reclamo no es más halagüeño: "Si estás cansado de ir a restaurantes, bares y comercios y que no te atiendan en catalán, Catalapp es tu herramienta". Si estás cansado de ir a restaurantes, sí, eso dice.

Me he llegado hasta el Renoir Floridablanca, a cuatro calles de donde vivo, y he visto que a los patrulleros de la sensibilidad no les ha pasado por alto que las taquilleras se dirigen al espectador en castellano. Luego, atenció dolenta. "Parece que estés en los Renoir de Madrid", remata uno de los opinadores. Y he seguido paseando. A vista de Catalapp, las calles presentan el aspecto de una retícula espolvoreada de círculos verdes, naranjas, amarillos y rojos. Matrix, diría Girauta, si no lo hubiera dicho ya.


Libertad Digital, 28 de marzo de 2017

martes, 21 de marzo de 2017

Cosmética del liberalismo

Apenas unos días después de que se autoproclamaran liberales eran ya"los liberales", esto es, los únicos, los fetén, los genuinos, despreciando la minucia de que la denominación de origen pata negra, para serlo, precisa años de maduración. Así, y del mismo modo que Las Vegas aloja en sus entrañas un París de cartón piedra, Ciudadanos, en un nuevo alarde de posmodernismo, de orgullo fake, se lamina de liberalismo, convirtiendo una tradición (interrumpida) en una etiqueta del Carrefour. No está mal para un partido cuyos liberales caben en un taxi, pues quienes representaban algo parecido a esa corriente fueron reducidos a la mínima expresión en el congreso de 2007, en una purga alentada, si no diseñada, por el propio Rivera, entonces escorado hacia la socialdemocracia.

Que se trata de un ideario prêt-à-porter lo demuestra la abstención de última hora en el decreto de liberalización de la estiba, un respingo que nada tenía que ver con los intereses de España y sí, y mucho, con el cálculo electoral, la afectación vergonzante, el prurito partidista. Con el agravante de que una de las razones de ser de Ciudadanos es (o debía ser) liberar el debate de esta clase de servidumbres. A ello aludía, precisamente, la divisa "ni rojos ni azules", que va camino de trocarse en un eslogan de relumbrón.

En el empeño de seguir afinando su identidad corporativa, la plana mayor del partido acudió el domingo a Cádiz para conmemorar el 205 aniversario de la Pepa, una celebración tan pillada como las que tan a menudo nos propone Google. A la misma hora, en Barcelona había convocada una manifestación contra el golpe institucional que pretende el soberanismo, lo que hacía inexcusable la presencia no sólo de Arrimadas, que por algo es líder de la oposición en el Parlamento autonómico, sino también la de Rivera. Y fueron, sí, pero por Twitter, que el liberalismo avanza que es una barbaridad, bien entendido que antes que la amenaza del secesionismo está la cuñita mercadotécnica. Y antes que España, el partido.


Libertad Digital, 21 de marzo de 2017