jueves, 20 de julio de 2017

El jardín prohibido

“Saquen su rosario de nuestros ovarios, saquen su doctrina de nuestra vagina. / Ni amo ni Estado ni partido ni marido.” Tal es el estribillo de ‘Mi cuerpo es mío’, del dúo cubano Kruda Cubensi, cuyas componentes, Odaymara y Olivia, militan en el feminismo negro (lo he buscado y no es ninguna perversión recreativa), el veganismo y la cultura ‘queer’. ‘Mi cuerpo es mío’ es la primera de las 200 canciones del playlist ‘no sexista’ que ha elaborado el Instituto Vasco de la Mujer para que suene en los bares y txoznas de los pueblos durante las fiestas patronales. Entre los hits del Beldur Barik Playlist, que así se llama el bando, figuran también ‘Antipatriarca’ (Ana Tijoux), ‘Ella’ (Bebe), Jodida pero contenta (Buika); Mi barba (también de Kruda Cubensi), ‘I’m not your toy’ (La Roux) y ‘Machirulo escóndete’ (Tongo). Esta última (una cumbia arrebatadora) dice así: “Llámame loca del coño, no me puedes detener. / Feminazi me han parido, machirulo escóndete”.

El Beldur Barik es una sugerencia, no una imposición. Se trata de que las txoznas pinchen de vez en cuando alguna de esas canciones para, de ese modo, promover “comportamientos basados en el respeto y la igualdad ” y “prevenir agresiones machistas”. Una propuesta asertiva que, por descontado, no pretende impedir que las cuadrillas disfruten del repertorio habitual por estas fechas: el ‘Sarri Sarri’ de Kortatu, que celebra la fuga de dos etarras de la cárcel de Martutene, el ‘Jimmy Jazz’ del mismo grupo (“puso veinte kilos de goma 3 / mandó a tomar por culo todo un cuartel”), ‘Aprieta el gatillo’ de Cicatriz, ‘Txibato’ de Kojón Prieto (“A los chivatos y a todos sus jefes, en un paquete mandaba yo a volar. / Chivato, los días que te quedan son una cuenta atrás”), El último txakurra’ de Lendakaris Muertos (“Antes te echábamos un cóctel molotov / y ahora te echamos de menos”). Un playlist un pelín terrorista, de acuerdo, pero del que no se puede decir que incite a violar a la vecina, como en cambio sí hacen Bisbal, Fonsi o El Puma.

(Pero no nos pongamos dramáticos. Según consta en la wiki, Odaymara y Olivia, nuestras queer-black-feminist-vegan, huyeron de Cuba en 2006 y, a través de la frontera mexicana -y amparadas por la ley de pies secos y pies mojados-, se plantaron en Estados Unidos. Aún más tortuosa que su travesía fue la razón que les llevó a ella: “La decisión del grupo de abandonar Cuba vino motivada por su deseo de luchar por la justicia social en otras partes del mundo, sobre todo en lo que respecta a la denuncia de la marginación de las lesbianas latinas y caribeñas”.)


The Objective, 20 de julio de 2017

martes, 18 de julio de 2017

De la vía catalana a la vía Laietana

Soler es un independentista convencido, de lo que se deduce que hay independentistas que lo son sin estarlo. Tales serían los que suelen achacarse al PP, fabricante mítico. Siempre me ha llamado la atención la forma en que gentes de izquierda aluden a este presunto subgénero, ese "no me extraña que haya catalanes que se hagan independentistas". Es como si dijeran: "A mí, que soy un individuo sofisticado, jamás se me ocurriría, pero el pueblo, que es de natural cazurro, cómo no va a caer en la trampa". "Os entendemos, criaturas", parecen razonar; "el ser humano es de apetencias primarias y no hay nada más primario que la tribu". La gran catástrofe de España es que esta reflexión no les impida simpatizar con el tramposo. Después de todo, enfrente está España, un ente discutido y discutible contra el que todo vale. Incluso la más absoluta ausencia de convicciones. Así, uno dice "nación de naciones", al otro le da pereza y un tercero apuesta por una quita, solución que sitúa a Cataluña en pie de igualdad con Grecia.

No crean que en la derecha hay muchas más luces. Hoy mismo, el inefable Millo ha declarado que "lo que es seguro es que no va a haber un referéndum vinculante y con garantías", lo que abre la puerta a que haya un referéndum no vinculante y sin garantías, es decir, una reedición del 9-N.

Entretanto, en Cataluña, el golpe de Estado institucional sigue su curso, sin que nadie atienda a la evidencia de que, cuando la ANC estableció en su hoja de ruta "tomar el control de grandes infraestructuras, fronteras, seguridad pública y comunicaciones", se estaba refiriendo exactamente a esto. Que ese plan, en fin, se concreta en que un hombre como Albert Batlle tire la toalla ante la imposibilidad de cumplir la ley, y que su sustituto como jefe de la policía sea un xenófobo que si hasta ayer era de tuit fácil, hoy bien puede serlo de gatillo. Un tipo, en fin, que dijo que los españoles le dábamos pena, pero lo que quiso decir en verdad es que le dábamos asco.


Libertad Digital, 18 de julio de 2017

sábado, 15 de julio de 2017

Exequias cubanas y el blanco Ginés

Hace diez años que conozco a Ginés Gorriz, un cubano catalán que hace bueno el aserto de que el diseño es, sobre todo, un conato moral. Al leer en este blog que el médico que había embarcado a mi abuela era cubano, Ginés me dijo: "Tiene que tratarse de mi amigo Alejandro". Al poco de confirmarlo escribió esta nota; léanla: sabrán en qué consiste la ficha técnica de una amistad.

 

Alejandro Negrín me acompaña (le acompaño) desde los cinco años. En la escuela era un chico simpático y sociable que tocaba la guitarra.

Álvarez Cambra era un médico cubano, una celebridad en esa mitad oscura del mundo que vivía sin celebridades. Fidel y otros muchos quebrantahuesos internacionales acudían a ese médico famoso cuando eran sus huesos los quebrados por afán del tiempo o de justicia divina

Cuando yo tenía 6 años ese médico famoso me diagnosticó una fisura de fémur, me sentenció a un año de invalidez total sin garantía de cura y ofreció como alternativa una operación con injerto de hueso, seguida de un año inválido.

Mis padres desafiaron su autoridad con una segunda consulta y un médico con menor fama y de quien injustamente no retengo el nombre desafió a su vez el diagnóstico del comandante en jefe (por no decir rey) de los médicos cubanos. Así, mi pena de año de invalidez fue conmutada por tres meses de reposo y sin pisar.

Me recuerdo en el colegio subiendo las escaleras en volandas sobre los hombros de cuatro amigos: Alejandro Negrín era uno de ellos. No sé si ya entonces tenía inclinación (o rectitud) a curar. En la adolescencia Alejandro era dicharachero, simpático y anarquico, era lo que ahora se dice un 'popu', el amigo que todos los chicos quieren tener, el novio que todas las chicas quieren tener. Y en aquella Cuba de cartón ser 'popu' era ser un poco 'antisocial'.

Yo me fui a Rusia y él se quedó; y salió de la universidad como un doctor serio y formal, y es ésta una de esas transformaciones más extraordinarias que me ha tocado presenciar en el pasar de los años.
En todo ese tiempo yo no sabía que en otra parte del mundo existía ese otro hombre, un José María Albert de Paco.

No podía sabero; como tampoco podía saber, cuando Alejandro me llamó de Miami para decirme "ayúdame a venir a Barcelona", que Alejandro vendría, entre otras cosas, para ofrecer un primer y último viaje en avión a la abuela Conchita de mi querido DiPac.

jueves, 13 de julio de 2017

Conchita Serra Loscertales

Mi abuela llamó a eso de la una, debía yo de tener 16 años y estaba a punto de convertirme en comunista. "Tráeme un bañador de tu padre antes de las tres". Mi abuela trabajaba en el Ayuntamiento como señora de la limpieza (así, con ese sintagma, se designaba su oficio) y llevaba años, muchos años encargándose, entre otras dependencias, del despacho del alcalde, quien quiera que el alcalde fuera. Desde que a sus 29 entró a trabajar en el cuerpo de limpieza del consistorio, había visto pasar a Simarro, Porcioles, Masó, Viola, Socías, Font y Serra. Le desagradó el empeño de éste en que le tuteara, tanto como receló de la legión de jipis que fue copando el Ayuntamiento, y que le llamaban, ay, Conchita a secas, como si fuera una amiga o, aún peor, una colega. ¿Qué sentido tiene que yo haga los dorados (con hacer los dorados se refería al abrillantamiento de los adornos metálicos de color de oro) si el alcalde parece un pordiosero? Y no es que ella fuera de derechas, no. Era, sencillamente, una mujer de orden. Por eso cuando vio a Maragall se le vino el mundo abajo. Legañoso, desastrado, locuaz, chistoso... Barcelona se hunde, me dijo, esta vez de verdad. Sin embargo, y acaso por la misma razón por la que se atraen los polos opuestos, se encariñó con él, tanto que a los pocos meses dejó de ser el alcalde para ser Pasqual. Como corresponde a esta clase de sortilegios, el afecto fue mutuo, ya no digamos la confianza. Tanta hubo que el día de autos, al mediodía, Pasqual le dijo a Concha si le podía conseguir un traje de baño. El Gobierno que presidía se había obstinado en civilizar las playas y esa tarde se inauguraba uno de los tramos recientemente remozados.
-Tráeme un bañador antes de las tres.
-¿Un bañador? ¿Para quién?
-Para Pasqual.
El hundimiento de Barcelona, en fin, prometía emociones fuertes. Los celos de mi abuelo, sin ir más lejos, no apuntaban al vecino, al butanero o al lampista. No, apuntaban al alcalde, al Pasqual ese, especie que él mismo se encargó de propagar por la Barceloneta. Que supiera la banda de quién se guardaba él.
Esa misma noche, mientras cenábamos en familia, vimos a Pasqual cabeceando una ola... con el traje de baño de mi padre, que lo ignoraba todo.
Fue él, por cierto, quien de veras cortó la cinta:
-¡Mirad, el alcalde con un bañador igual que el mío, para que luego digáis que soy un hortera!
Regresé al Ayuntamiento cinco años después, esta vez para decirle a mi abuela que su hijo había muerto. Fue el único día en cuarenta años en que no fichó al salir, si bien antes quiso asegurarse de que el Ayuntamiento quedaba como oro en paño. Se llevó la bata celeste consigo: le faltaban unas pocas semanas para jubilarse y ya no volvió a ponérsela.
No perdió el hilo.
De Clos le gustaba que irradiara tantísimo optimismo ("demasiado, tal vez"); de Hereu (un incomprendido, decía) le enternecía su afán en parecerse a Maragall; a Trías lo caracterizó como un pobre hombre. Colau le recordó los días en que el desaliño irrumpió en el Ayuntamiento y Barcelona estaba abocada al caos. No hace mucho, después de oírme criticar una de sus iniciativas, me recriminó que hablara así de la alcaldesa. "Es la alcaldesa", me dijo. Fue, ya digo, una mujer de orden. Ni mentarle quise que en ausencia de la alcaldesa, el alcalde en funciones era un argentino en bermudas, ché. Y entendí como nadie ha entendido en este mundo el sentido de la película Good Bye Lenin!
Anoche murió, después de 89 años (creí que eran 90, pero con el papeleo vi su dni y ponía 29 de febrero de 1928). El médico cubano que vino a administrarle la sedación, a quien Dios tenga en su gloria, le dijo a mi madre que no se preocupara, que lo que mi abuela experimentaría es algo parecido a un viaje en avión con feliz aterrizaje. Ella, que nunca había volado.

martes, 11 de julio de 2017

La Barcelona que fue

El lunes 14 de julio de 1997 millones de ciudadanos de toda España tomaron la calle. Nunca, ni en las marchas contra la guerra de Irak, habían salido en manifestación tantos españoles. Y nunca, por descontado, lo habían hecho de modo tan unánime, lo que en parte se debió a que hubo menos protesta que náusea. Nadie sale indemne de 72 horas de snuff movie en directo, que en ese subgénero de terror, sin precedentes en la era multimediática, se inscribía el asesinato de Miguel Ángel Blanco. En la conjura colectiva que siguió al crimen hubo rabia, ira, indignación, pero también, y sobre todo, la humanísima necesidad de reconciliarse con lo verosímil. De ahí que algún que otro equidistante (ah, ese punto intermedio entre la nuca y la bala) presuma hoy de haber estado en las movilizaciones, incidiendo muy oportunamente en ese verbo, estar, que a diferencia de participar mantiene al PP, y a quienes nos dejamos manipular por el PP, dentro del preceptivo cordón sanitario.

La negativa del Ayuntamiento de Madrid a homenajear a Miguel Ángel Blanco no sólo responde a esa clase de convicciones; además, desmiente toda la charlatanería en torno a la memoria sobre la que Carmena ha edificado su mandato. Por lo demás, su reparo ante la posibilidad de que alguna de las víctimas del terrorismo no se reconozca en una víctima concreta sólo cabe en la lógica de alguien que, en efecto, también es incapaz de reconocerse en ella. No es que Carmena empatice, como se dice ahora, con el-resto-de-las-víctimas; es que ha sufrido un lapsus.

Pero aún más escandaloso que su doblez es que nadie conciba la posibilidad de reprender a Colau por las mismas razones. Aquel día no hubo en la calle cientos de miles de barceloneses, por un lado, y cientos de miles de madrileños por otro. Hubo españoles. Y la prueba de que en Barcelona está dejando de haberlos es que su alcaldesa, que gobierna con el PSOE, no se ha visto sometida al menor escrutinio moral por obviar la efeméride. A tal punto que ni siquiera ha tenido la necesidad de oponer su acostumbrada demagogia. Frente a quién.



Libertad Digital, 11 de julio de 2017

jueves, 6 de julio de 2017

El gremio de los finales infelices

No conozco un solo periodista de plantilla (entiéndanme, de los considerados rasos) que gane más de 1.500 euros brutos, la mitad de lo que El País considera, con arreglo al caso Goytisolo, un salario digno. (Del artículo “Goytisolo en su amargo final”, en que Francisco Peregil contaba cómo las penalidades habían acabado por sumir en el desaliento al escritor barcelonés, me llamó la atención que el propio diario, en su estimable labor de auxilio, fijara en 3.000 euros brutos el sueldo mínimo para no vivir en precario).

Descuiden, no es mi intención endilgarles una dickensiana, sobre todo porque si lo fuera, me bastaría con remitirme al estándar tarifario de la mayoría de las colaboraciones en la prensa digital. No, mis reparos son estrictamente técnicos y tienen que ver con el desempeño del oficio, es decir, con la (im)posibilidad de que pueda haber periodismo si quienes lo ejercitan son un hatajo de pobretones. El trato con las fuentes, por ejemplo, exige del redactor una cierta presencia (de ánimo). No quiero decir con ello que debamos ir vestidos como Llàtzer Moix o Tom Wolfe, pero sí que una imagen más o menos pulcra (no hablo aquí de la elegancia, que, como el talento, se tiene o no se tiene) favorece que nuestro entrevistado o informante, ya sea político, cocinero o sicario, nos brinde la versión más sofisticada de sí mismo, que a eso y no a otra cosa debemos aspirar. Y quien dice vestir bien dice comer bien, visitar de vez en cuando París, frecuentar tertulias, ir a ver a Flotats al teatro Borrás, tomarse el tiempo que haga falta para releer a Pla, emborracharse en los bares de Enric Rebordosa, ir a recitales de Mayte Martín y flirtear con pintoras ocurrentes.

Hay novelistas exitosos que a la menor oportunidad declaman: “Yo empecé a escribir para follar”. Bien, en el periodismo se folla para escribir. La razón, obviamente, es que nuestra gloria no puede ser efímera, pues los periódicos han de salir a diario. En el trasfondo más literal de esa certeza conversan a Ava y Dominguín.

-¿Adónde vas ahora?
-¿Adónde voy a ir? ¡A contarlo!

Pero follar, como vivir, es caro, y eso ya no hay periódico que lo pague. Lo más preocupante de los 3.000 brutos que cobraba Goytisolo es que incluían la ausencia de libido.


The Objective, 6 de julio de 2017

martes, 4 de julio de 2017

Las hijas de papá van a USA a subrogar

Uno de los aspectos de la gestación subrogada en que no se ha hecho suficiente hincapié es el de la igualdad de oportunidades. Quienes diciéndose de izquierdas se oponen a esta práctica suelen esgrimir, a modo de segunda salva argumental, la inexistencia de una verdadera igualdad, condición inexcusable para que cualquier decisión al respecto se adopte libremente. Se trata, por cierto, de una objeción análoga a la que cimentó el ideario de Podemos, para quien tampoco puede hablarse de verdadera democracia. De hecho, y de modo semejante a la Ley de Godwin, que establece la proclividad de que, en un debate, uno los contendientes llame "¡fascista!" a su adversario, cualquier discusión con la izquierda real encalla en la ausencia de libertad, igualdad y aun fraternidad reales.

Detrás de esa convicción no hay más que una cosmovisión antediluviana, un mundo dividido entre un puñado de explotadores de panza, puro y chistera, según los representó Perich, y un enjambre de miserables, esos pobres del mundo a los que invocan y siguen invocando sin vergüenza ninguna, quienes entonan (siempre en domingo) La Internacional. Si frente a esa evocación pulsan la tecla F5 se les aparecerán el columnista Roto, el novelista Simón (los bomberos no temen por su vida sino por llegar tarde al curro) y la cuentista Fallarás. Como dice Ferran Caballero en su extraordinario Maquiavelo para el siglo XXI a propósito del PSOE, y en una observación que vale también para el desnorte de la general izquierda, "su crisis no es de imagen, ni de carisma ni de falta de relato, sino profunda, ideológica y de falta de proyecto".

Sólo así se entiende la oposición a un tipo de reproducción asistida cuyo rasgo primordial, aquí y ahora, es que la mayoría de sus beneficiarios son ricos, término que, en el caso de Cristiano Ronaldo, Miguel Bosé, Tita Cervera o Kike Sarasola, es más bien un eufemismo. No en vano, sólo contratando la subrogación en el extranjero (léase Estados Unidos) consiguen los padres ser reconocidos como tales. (Dicho sea de paso: la gestación por sustitución en España no está prohibida, sino declarada nula de pleno derecho.) ¿Cómo era aquéllo, "Las niñas de papá / van a Londres a abortar"? Pues en esa ruedecilla de hámster se ejercita hoy la progresía, con la salvedad de que la jaula, esta vez, la han construido ellos.


Libertad Digital, 4 de julio de 2017

domingo, 2 de julio de 2017

Un viejo dentro


Pasan en el 33 un documental sobre Raimundo Amador, en quien sólo acierto a ver la ausencia de su hermano Rafael. Con Rafael me ocurre algo parecido; lo que en realidad veo de él es la ausencia de Camarón. Y así, entre ausencias entreveradas de ausencias, voy tramando una discografía. En uno de los pasajes del documental, Raimundo habla de José y se le aviva la sonrisa, como si a la sombra del príncipe todavía fuera posible la inocencia. Cuando los Amador metieron 'Camarón' en su Blues de la Frontera, el mismo José les dijo que no había sabido encontrarse en aquel homenaje. Con los desprecios no tuvo tantas dificultades. A Camarón le despreciaron tanto que llegaron a atribuir su audacia a las malas compañías; cómo iba él a concebir ese flamenco rabioso, tan fieramente distinto que más que de Jerez parecía de Calcuta. No, el responsable no podía ser él, sino esos hippies que le habían ido descuadrando el cante hasta convertirlo en un rolling stone. Ay, los puros.

Durante la grabación de Pasaje del agua, el gran disco de Lole y Manuel, Camarón se quedó maravillado con la porfía rockera del productor, Ricardo Pachón. De aquel pellizco, en parte, surgió La leyenda del tiempo, un disco tan moderno que al poco de salir parecía un fósil atrapado en ámbar. El próximo julio hará 20 años de su muerte y seguirá sin haber una web que dignifique su figura. Es teclear 'Camarón' y encontrarse con la misma mugre de gasolinera que supuraban sus cintas.

En el verano de 1992 no había internet, y pasé más de una madrugada pegado al transistor acechando el desenlace. Hasta que el día 2 el boletín escupió la noticia. Hay algo que no logro quitarme de la cabeza, y es lo que Camarón le dijo a su madre cuando se supo morir: "¿Qué es esto que tengo?". El País arropó su figura con un pie de foto luminoso: "Nace una leyenda gitana". Fue verlo en portada y sentirme orgulloso de mi diario de entonces, que traía un editorial titulado "El Picasso del cante". Y estas palabras del Tomate: "¿Ahora a quién le toco yo?". A Camarón lo enterraron en San Fernando como si fuera Bruce Lee. 

Estos días, por cierto, el corresponsal de El País en Buenos Aires, Francisco Peregil, informa de la expropiación de YPF. Cada vez que doy con una pieza suya recuerdo la lectura alucinada de su biografía de Camarón, El dolor de un príncipe. La canónica, lo sé bien, es la de Enrique Montiel, pero carece del asombro de la primera, y sin asombro no hay periodismo. Con todo, la cima literaria de la camaronería llegó hace dos años de la mano de Montero Glez y su Pistola y cuchillo. Es ficción, de acuerdo, pero ya no es posible hablar de Camarón sin haber pasado por esas páginas, como no es posible evocar sus manos sin la lente de Alberto García-Alix. 

Yo quise ser Camarón, ahora que lo pienso. Tan sólo hacía falta pedir otro whiskito, meter el mentón como lo hace Morante y creer en los milagros. 


 Jot Down Magazine, número 1; junio de 2012

viernes, 30 de junio de 2017

Muy Buenas

El hacedor de bares Enric Rebordosa inauguró anoche su sexto hit, el Muy Buenas (Carme, 63). En estos momentos no hay en Barcelona (lo que equivale a decir que no hay en Europa) un restaurador con el talento, la finura y la ambición de Rebordosa. Con todo, lo que le distingue del resto de la tropa es el discurso. Su colección de bares presenta la misma aspiración a ordenar el mundo que el catálogo de, pongamos, la Anagrama de los ochenta. La afinidad también alcanza a los títulos, que son la vislumbre misma de la felicidad: Muy Buenas, La Confitería, El Maravillas, Dr. Stravinsky, L'Alegria (restaurante), Paradiso. La nomenclatura entraña un evidente riesgo, pues la condición de que un bar se llame El Maravillas es que dentro, en efecto, las haya. Ah, mas Rebordosa es un temerario, si por tal entendemos a quien se dedica a convertir las utopías en paisajes. Que lo haga, además, sin pretenciosidad, incluso con displicencia, raya en el agravio.

La reconstrucción del Muy Buenas, local modernista catalogado como bien de interés urbanístico, ha tenido algo de exhumación. Sus antiguos licenciatarios se llevaron del establecimiento aquellos elementos del mobiliario en los que intuyeron algo de valor, desde el rótulo de la fachada a las molduras. Así, el primer paso consistió en localizar y rescatar ese patrimonio, que resultó estar en un almacén de Sant Feliu de Guixols. Luego vinieron 18 meses de laboriosa restauración, que exigió una inversión de más de 100.000 euros. El resultado es tan satisfactorio como paradójico. No en vano, pese a todos esos ornamentos, el bar no parece una de esas estomagantes joyas-del-modernismo-catalán, sino un elegantísimo ambigú, donde el modernismo, en cualquier caso, está sometido a la modernidad.

El Muy Buenas también dará de comer, en lo que pretende ser una puesta al día de las viejas casas de comidas. Para ello, ha adoptado como biblia gastronómica 'El que hem menjat', de Josep Pla; ya saben: capipota con garbanzos, bacalao con samfaina, pato con peras... De lo que se sigue la otra gran paradoja del bar, y es que siendo catalán no hay peligro alguno de que lo sea orgullosamente.

martes, 27 de junio de 2017

Lupiáñez, empleado del mes

El apoyo al referéndum del alcalde del PSC de Blanes, Miguel Lupiáñez, ha suscitado el reproche de algunos de sus compañeros, que ven en su campechano supremacismo una perversión del ideario socialdemócrata. Como si hubiera un PSC (y para el caso, un PSOE) fetén, de escritura recta, y un PSOE proclive a la herejía. Lo cierto, no obstante, es que Lupiáñez no dijo nada que no esté perfectamente inscrito en las credenciales del partido. Tanto es así que en sus palabras ("En el referéndum sólo debe participar la sociedad catalana porque afecta al sentir de los catalanes") reverberaban las que pronunció el presidente Montilla en 2010: "No hay sentencia que pueda juzgar los sentimientos de los ciudadanos de Cataluña". Por lo demás, el titular con que algunos medios han sellado la noticia: "Alcaldes del PSC desafían a Iceta", no deja de ser risible, máxime teniendo en cuenta lo que éste manifestó a propósito del acuerdo de principios de 2016 entre PSOE y Ciudadanos: "En Cataluña hacemos una lectura un poco diferente que en el resto de España por el origen de Ciudadanos como fuerza basada en un anticatalanismo casi me atrevería a decir que primario". (Se trata, por cierto, del único atrevimiento que consta en su carrera política). Entre el remilgado sectarismo de Iceta y la rústica xenofobia de Lupiáñez no hay discrepancia alguna, pues ambos fundan su prédica en la exaltación de la diferencia, así en la lectura como en la vida. En un discurso, en fin, en el que encaja con suma naturalidad la invocación de Nuria Parlón a la comunidad internacional, representada, a la hora en la que escribo, por Raphael Minder, el Lagarder de las corresponsalías. Por si al regidor blandense le faltaran méritos para merecer la honra de sus camaradas, en el pleno en que se votó la adhesión de Blanes a la Asociación de Municipios por la Independencia... se abstuvo, lo que lo hace de él un sanchista avant la lettre. No, Lupiáñez no representa una desviación aberrante del socialismo patrio; antes bien, encarna su ortodoxia. Habrá quien reponga que la dirección del PSC le ha desautorizado; más a su favor, pues la desautorización de propios y ajenos (tanto más ficticia cuanto más fulminante) parece ser el cometido troncal del nuevo socialismo español, ese donde moverse es la mejor garantía para salir en la foto.


Libertad Digital, 27 de junio de 2012

viernes, 23 de junio de 2017

Calderiana intempestiva

En la sección de librería del Corte Inglés no hay libreros, sino empleados que tratan de compensar sus lagunas con una actitud más o menos servicial. Para cualquier letraherido, la experiencia de consumo en estos establecimientos carece del embrujo que envuelve a esas librerías en las que todo está dispuesto para que el comprador se crea poco menos que Harold Bloom, desde la altivez de los dependientes hasta el crujido de las lamas del parqué. Tanto es así que sus propietarios no se consideran exactamente libreros, sino prescriptores del buen gusto, comisarios culturales que, imbuidos de redentorismo, determinan qué obras merecen un lugar de privilegio y cuáles, en cambio, un nicho mortuorio en el más recóndito anaquel.

La librería Calders, de Barcelona, ha declarado en Twitter persona non grata al escritor Gregorio Morán, haciendo así honor a la catalanísima costumbre del señalamiento (ni siquiera la librería Europa llevó tan lejos su bravuconería). Desconozco en qué consiste que una librería te declare persona non grata, ni si los declarantes exhibirán un cartel del tipo ‘prohibida la entrada a perros y mexicanos’. Lo desconozco, digo, porque hasta ahora, por una cuestión de cercanía, era cliente de la Calders, y me consta que no hacía falta que declarasen a nadie non grato para vetar sus libros. Empezando, por cierto, por el libro sobre Ciudadanos que Iñaki Ellakuría y yo escribimos hace año y medio, y que fue la única novedad del sello Debate que, por aquel entonces, no encontró acomodo en el apartado de ensayos políticos. Obviamente, la censurita del tendero no se ciñe a obras menores; en ocasiones, también apunta alto: véase el caso de María Elvira Roca Barea y su Imperiofobia, de cuyo lanzamiento no hubo noticia en la Calders, como no suele haber noticia de nada que huela a disidencia. Puede parecer paradójico, pero el progreso de la humanidad no se debe al sensiblero ingeniero social que pretende salvarte de ti mismo, sino al jefe de planta poco instruido que por cada Roca Barea se lleva un 0,2%. Y en esa evidencia, en fin, radica el gran triunfo de Antonio Escohotado.


The Objective, 23 de junio de 2012

jueves, 22 de junio de 2017

Surf

Últimamente, enciendo la tele y me quedo encantado en la sección de cine de Movistar, desplazándome cartelito arriba y cartelito abajo. Entiéndanme, si accedo al panel no es para ejercitar el pulgar, sino con el propósito (bien que no muy firme) de ver una película. Sin embargo, casi nunca doy con una que me satisfaga por entero, que así, enteras y superlativas, han de ser en estos tiempos las satisfacciones para que resulten convincentes. El caso es que voy saltando de peli en peli y la que no me parece demasiado moderna me parece demasiado tonta o demasiado antigua o demasiado vietnamita. En esos tránsitos, lo más productivo que se me ocurre es intentar acertar el año de la peli, un solitario incomodísimo por cuanto acota mis años de esplendor: cuando se trata de las que se filmaron entre 1985 y 1999, rara vez fallo. Al cabo sobrevienen las tribulaciones. ¿Y este gañán, Staham, cómo ha podido protagonizar tantísimas películas sin que yo me diera cuenta? ¿Y Bruce Lee? Cualquiera de sus títulos es hoy un boomerang que te hace trizas la infancia, ese lugar en que todo era más grande y olía mejor. Bruce, por cierto, fue el nombre del guiñol de caucho que, a mediados de los setenta, sembró el terror en las costas de Amity, y que ya sólo me recuerda, de un modo trágicamente inevitable, al calamar gigante de Ed Wood. Debe de ser este calor, que segrega iconoclastia.

martes, 20 de junio de 2017

PSOE (ps)

Gramsci acuñó el concepto de intelectual orgánico para designar al actor social llamado a construir el discurso de la clase dominante, nomenclatura en el que se inspiraría Vázquez Montalbán para referirse al partido, huelga decir que comunista, con el nombre de "intelectual orgánico colectivo". Con Pedro Sánchez, el PSOE inaugura otra tradición: la del memo orgánico colectivo. No ya porque la nueva responsable de Internacional, Iratxe García, despidiera a Helmut Kohl en Twitter como ese "gran socialdemócrata", o porque la vicesecretaria general, Adriana Lastra, urgida en la radio por Arcadi Espada a decir qué cambio concreto aportaría la plurinacionalidad, balbuciera "Hum, es que esto es muy complejo". Esas trazas eran ya reconocibles en los tiempos de Aído, Maleni y Pajín, quienes, siquiera por contraste, confirieron rango de estadista a Teresa Fernández de la Vega. (El hecho de que todas sean mujeres, por cierto, debería alertar sobre los efectos, obviamente perversos, de la discriminación positiva).

Además, en fin, de la vergüenza ajena que provoca semejante plantel de lumbreras (empezando, claro está, por la que más reluce, esto es, el secretario general), el PSOE no tiene otro objetivo que echar al PP de las instituciones, en la convicción de que su oponente carece de legitimidad democrática por ser de derechas. En parte, ese obsceno sectarismo es el que ha llevado a la desbandada de los dirigentes históricos (cuyo sectarismo, particularmente el de González, gozaba al menos de cierto donaire), con la sola excepción de Josep Borrell, cuyas atinadas críticas al nacionalismo palidecen ante su afán de venganza contra quienes le defenestraron, pues tal parece su único designio.

El buen hacer de Javier Fernández al frente de la gestora alimentó la esperanza de una refundación de la socialdemocracia española, pero su negativa a liderar el proyecto y, por qué no decirlo, la irresponsabilidad de la gran mayoría de los militantes socialistas abrieron la puerta al fundido en negro al que asistimos, a la implosión de un partido al que, obligatoriamente, deberá nombrarse con la rémora "de Pedro Sanchez", a semejanza de esos grupúsculos marginales de la izquierda que, entre paréntesis, daban orgullosa cuenta de su extravío.



Libertad Digital, 20 de junio de 2017

sábado, 17 de junio de 2017

Tuiteando el Bulli

Técnicamente era posible. Había un paso intermedio que los informáticos del periódico debían resolver aquella tarde, un ajuste menor del que no recuerdo los detalles, pero una vez salvado ese obstáculo, nada había de impedir que el columnista Salvador Sostres tuiteara una cena desde El Bulli. “Que se entienda”, le previno el director, Arcadi Espada, que, como buen críptico, se irritaba ante la prestidigitación verbal y, en general, ante cualquier tentativa de virtuosismo que convirtiera el relato en un galimatías. A Sostres también le preocupaba hacerse entender, sobre todo a partir de la tercera copa. “Del Bulli se sale algo tocado”, nos aclaró a Jordi Pérez Colomé y a mí, que solíamos atender con regocijo sus aventis de ‘tiet-recién-llegado-de-París’. Sea como sea, el anuncio a los lectores de que Salvador Sostres tuitería una cena desde el mejor restaurante del mundo contenía el germen de lo indómito, la promesa, bien que incierta, de encararse con el futuro.

Al margen de la novedad que suponía incrustar el tuit en la cascada de noticias, se trataba de la primera temporada otoñal del Bulli, que hasta entonces sólo había abierto en los meses de primavera-verano; la primera vez, en fin, que Ferran Adriá se adentraba de lleno en el recetario de las setas, la caza y los consomés (un tour de force encomiable, máxime si tenemos en cuenta que sólo faltaba un año y medio para que el restaurante echara el cierre). Por si fuera poco, el entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, también cenaba esa noche en El Bulli. Célebre fue el tuit en que Sostres y Ramírez, chorra en mano, conversaban animadamente sobre la luminotecnia de los inodoros, sin presentir uno e ignorante el otro de que ese intercambio de impresiones estaba cimentando un hito periodístico. Prueba de ello fue el españolísimo ninguneo del que fue objeto la escrituración y aun la existencia misma del periódico, del que sólo interesaron sus exequias.

A los dos meses de la salida del periódico, en efecto, el principal inversor anunció que no había más dinero, menos aún para seguir costeando extravagancias. Espada dimitió del cargo y el periódico inició una carrera a tumba abierta hacia la putrefacción de la que fueron dando cuenta y palma las notas de gastronomía, al cabo, tan perecederas.

El director que suplió a Espada eliminó la sección con la misma displicencia con que la directora que suplió al director que suplió a Espada la recompuso. Sostres, acaso consciente de que el barco no tardaría en hundirse, empezó a publicar lo que llamé ‘reseñas marisqueras’, esto es, críticas aguerridas de restaurantes de ultratumba. Fueron, no obstante, las que más convencieron al inversor, que, no obstante, ordenó a la directora que prescindiera de Sostres y, ya puestos, que se fuera ella también. ‘Cualquier día toma el mando David Vidal’, bromeaba mi amigo Trillas. A las siete de la tarde, eso sí, el periódico estaba liquidado; por decir verdad, antes de las dos la chapuza era ya de tal magnitud que quedaba poco por hacer.

El cuarto director era un comercial de imanes de nevera que, años atrás, había vendido publicidad de una revista de barrio. Al poco de tomar posesión del cargo, me comunicó que él mismo se haría cargo de las notas de gastronomía. Debutó con la reseña del bar de una amiga al que, según dijo sin inmutarse, “le vendrá bien una ayudita de la prensa”. Tituló la reseña “Algo más que comida”, sólo Dios sabe por qué. A mediados de junio, el inversor destituyó al comercial de imanes y nombró director al que, hasta ese momento, venía siendo el principal comentarista del periódico: ‘Nick Séneca’. “Con todo lo que escribe gratis, ¡qué no hará por unos eurillos!”, oí vociferar al encargado . Trillas, aplastado por la realidad, dejó de aventurar sustitutos, no fuera a aparecerse por la puerta el mismísimo Paesa.

A todo esto, al inversor no le faltó razón: en su primera jornada laboral, Séneca publicó un elogio del gin tonic, un perfil (ay) de Violeta la Burra (la había entrevistado en un rumboso descenso a los infiernos) y un chiste. En la mejor tradición de presidente-entrenador, el inversor acabó por adueñarse de la sección de gastronomía. La primera reseña que mandó publicar llevaba por título “Escalopines de pollo al roquefort”. Los escalopines, tal como anunció solemnemente, eran el fruto del primer patrocinio del periódico. El patrocinio, concretamente, lo había firmado con el concesionario Mundiauto. Cuando al fin me despidieron, y mientras bajaba al centro a dar la noticia a Trillas, me asaltó la certeza de que ni siquiera el cierre del periódico evitaría que la noche en El Bulli siguiera degenerando, como un monstruo de razón adormilada que no cesara de caer, caer, caer.


Publicado originalmente en Unfollow

jueves, 15 de junio de 2017

Hala




Durante la retransmisión, Helguera hablaba de Zidane como si este fuera, antes que un ex compañero, un viejo compinche. Debió de aparecérsele el vestuario de Hampden Park: “De jugador era igual; mientras el resto nos bañábamos en la piscina, él seguía en el banco, sonriente”. (‘Eso sí, no le mentes a la hermana’, me dije yo, sospecho que al unísono con alguno de los 9 millones de espectadores que congregó el partido.) Un día antes, sobre el césped del Millenium, habíamos visto a Raúl, Figo, Karembeu, Seedorf, Mijatovic, Salgado y Roberto Carlos alentando a Zizou. Hasta el hotel donde se alojaba el equipo se llegó McManaman, el jugador fetiche de Vicente del Bosque. En los prolegómenos, Suker, al recordarle Pedrerol que Pedja marcó el gol de la séptima en fuera de juego, zanjó en perfecto croata: “Cómo era aquello… Ah, sí… ¡Ajo y agua!”. Y Twitter mediante supimos de Gento, fundador del madridismo dinástico; de Arbeloa, cada vez más a gusto en su papel de chamán; de ¡Bodo Ilgner! (“soy muy orgulloso de formar parte de la historia de este gran club”). Beckham, por su parte, dejó recado en Instagram (“The Kings once again … Congratulations to Zizou, Florentino, the players and all the fans. What a night!”). Respecto al Madrid no cabe decir, siguiendo el tópico, que un hilo invisible vincula a las nuevas y las viejas generaciones; antes bien, las une un costurón de leyenda. El friso daría para un tratado sobre la gran familia blanca, un discurso hiperglucémico sobre los valores (así, sin complemento, que es como mejor se venden) u otra cursilería por el estilo. Por eso me admira que nadie en el club presuma de ello. Kroos se encaminó dándose cabezazos contra la techumbre, pero sólo tú y yo vimos en él la furia atormentada de aquel Juanito.


The Objective, 8 de junio de 2017

Vistalegre 3

Cuando se supo que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, designó primer ministro a Edouard Philippe, el Extranjero Profesional se hizo eco en su blog de algunos de los artículos en que Philippe había criticado a Macron. No eran reproches antediluvianos, que el mero paso del tiempo habría de disculpar por la hipótesis de que aquel Philippe era uno y este Philippe es otro. No, los textos en que éste zahería tan sagazmente a Macron aún presentaban rígor mortis. Éste, por ejemplo, publicado en Libération, es de enero de este año: "El romano que más se parece a Macron es Macron, más concretamente, Naevius Sutorios Macro, llamado Macron, alto funcionario que, al calor de una revolución palaciega, se convierte en consejero de Tiberio, emperador desconectado de los asuntos corrientes y al que acabará asesinando. Macron es un tribuno adepto al populismo impúdico, que no asume nada y lo promete todo, con el brío de un joven conquistador y el cinismo de un veterano de vuelta de todo". El hombre que firmó esto hace cinco meses, repito, es hoy el primer ministro de Macron.

La evocación contrasta de plano con la moción de censura de Podemos, paradigma del más rabioso sectarismo que se haya visto en democracia, descontada, claro está, aquella filípica de la cal viva con que este partido presentó sus credenciales. Cómo vamos a fiarnos de un tipo como usted, Sr. Rajoy, con los muchos amigos que tiene en la cárcel. La sal gorda a la que son adeptos los chicos de la Complu habría merecido que Rajoy hubiera respondido: "Para amigos presos, Sr. Iglesias, los 250 etarras que aún siguen en nuestras cárceles, y a los que a usted siempre ha defendido, o el concejal Bódalo, que está encarcelado, se lo recuerdo, por un delito de atentado con resultado de lesiones". (Ah, qué discursista se ha perdido España). Pero no. Y lo entiendo. Rajoy, gobernante paradójico donde los haya (digo gobernante y no hombre porque nada, absolutamente nada se sabe de él más allá de los anzuelos que él mismo ha tendido: Marca, el Tour, el Casino de Pontevedra), tiene como principal virtud la sensatez, o acaso su apariencia. Y como principal defecto la sensatez o acaso su apariencia. Hablarle de tú a tú a cualesquiera de los provocadores de la Complu le debe de parecer inconcebible; tan inconcebible, por cierto, como hablarle de tú a tú a Puigdemont.

Suele decir Albert Rivera, citando a Víctor Hugo, que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su hora. El fulgurante ascenso al poder de Macron avala el adagio, aunque tal vez no tanto como las baladronadas de la yunta Iglesias-Montero o ese tuit del cándido Errejón condenando a la bancada del PP a 21 años de cárcel. No hay idea menos poderosa que la que ha de reptar por el barro.


Libertad Digital, 13 de junio de 2017

Que el 15-M hubiera provocado 66 muertes

La Policía y los paramilitares chavistas han matado a 66 venezolanos desde el inicio de las marchas contra Maduro. Pablo Iglesias, en ese espacio electoral gratuito que atiende por el nombre de La Sexta, justificó ayer los crímenes en razón del mantenimiento del orden público. A su decir, el Estado bolivariano no hace sino responder a la violencia de las guarimbas, que así, con ese localismo, se conoce a los manifestantes que protestan contra el régimen.

El término proviene de los tiempos del dictador Marcos Pérez Jiménez, cabecilla militar que había liderado las conjuras contra los presidentes Isaías Medina, primero, y Rómulo Gallegos, después. Pérez Jiménez estranguló la libertad de expresión, reprimió los movimientos sociales y mandó asesinar opositores. A las algaradas que pusieron fin a su mandato, caracterizadas por el cierre de calles en zonas residenciales, se las llamó guarimbas, cuyo significado original, según el Diccionario de americanismos de las Academias de la Lengua, es "lugar en el que, en los juegos infantiles, los jugadores se ponen a salvo de una persecución".

Guarimbear es, exactamente, lo que hicieron los indignados que el 15-M de 2011 tomaron la Puerta del Sol al grito de "Democracia real ya", en una movilización que se prolongó hasta finales de junio de ese año, con réplicas en la mayoría de las poblaciones españolas. El hecho de que Podemos surgiera de aquella movilización hace doblemente repugnante el quite de Iglesias al chavismo, máxime teniendo en cuenta que en Venezuela sí hay razones objetivas para rebelarse, pues el sátrapa que gobierna ha liquidado la democracia. Lo mismo, véase, que hizo a principios de los cincuenta del siglo pasado Pérez Jiménez, del que Chávez dijo que había sido el mejor presidente que había tenido Venezuela en mucho tiempo.

La infausta posibilidad de que el 15-M hubiera sembrado España de cadáveres, y que en algún lugar del mundo un iglesias turrión excusara la matanza, da una idea de la clase de frívolos a los que nos enfrentamos. Frívolos a los que habrá que empezar a preguntar por los criterios que rigen su umbral de tolerancia, ese que deglute con media sonrisa el terrorismo de Estado en Venezuela y en España agita las redes sociales por el insufrible manspreading.


Libertad Digital, 8 de junio de 2017

La pérdida de la inocencia


El yihadista que ha atacado a un policía en París ha sido neutralizado de un disparo en el tórax por otro agente. Iba a escribir abatido en lugar de neutralizado, pero el agresor no ha muerto. Y me temo que agresor no pesa lo suficiente para designar a alguien que, después de todo, ha intentado matar a un hombre. Hace diez o quince años, menos incluso, el uso por parte de la prensa de un lenguaje beligerante habría provocado la estupefacción no ya de cualquier deontólogo, también del público lector. Basta releer algunas de las noticias que informaron de la muerte de etarras para constatar la exquisitez con que los periódicos les solían dar sepultura: "Tres presuntos activistas de ETA Militar perdieron la vida"; "Dos presuntos miembros del comando Vizcaya fallecieron esta madrugada en un tiroteo con agentes de la Guardia Civil"; "Los activistas respondieron a la voz de alto haciendo uso de sus armas". Haciendo uso. Salvo por el grotesco relativismo de cierta izquierda y algún que otro equilibrismo retórico, a ningún yihadista se le trata de activista; menos aún de activista nivel usuario. "Abatido", decimos sin inmutarnos, cuando hay libros de estilo que todavía prescriben que, al informar de una carga policial, no se diga que "la policía tuvo que cargar", sino simplemente que "cargó". Así el terrorismo ahorma la vida. Sigue habiendo chasquidos de fastidio a la hora de someterse a un control en el aeropuerto, pero son cada vez menos, y lo que ya no hay, desde luego, son articulistas que recreen su enojo ante tamaño atropello en las páginas de un dominical. Los debates a que dará lugar el terrorismo serán aún más incómodos que quitarse los zapatos y el cinturón. La tenencia de armas, por ejemplo. El Reino Unido habrá de elegir entre dotar de pistolas a sus policías o salvaguardar el folklore. En cualquier caso, no siempre hay un policía a pocos metros, como hoy lo ha habido en Notre Dame. ¿Debemos empezar a armar a la población civil? Militarizarla, dícese. A esas incomodidades me refiero.


Libertad Digital, 6 de junio de 2017

miércoles, 14 de junio de 2017

Mar de asfalto




Tres chavales de unos 12 años se detienen frente al escaparate de una agencia de viajes, imantados por un decorado que evoca el Caribe y que contrasta vivamente con el tono plomizo, como de crematorio a cielo abierto, del barrio en el que viven, en el extrarradio de Madrid. En cada extremo de la vidriera hay una palmera artificial, del techo cuelga una esfera anaranjada que remeda el sol, y un ribete azul representa, al nivel del suelo, el mar. En el centro del retablo, una mulata en bikini ofrece, solícita, un cocktail tropical al viandante. A Rai, Manu y Javi también ella les parece de verdad. Un cartel anuncia los destinos: Cuba, República Dominicana, México. De los tres muchachos, sólo Rai sabe que las siglas AD significan 'alojamiento y desayuno'. Se lo dijo su hermano, que también le contó que en Cuba te sirven el desayuno en la cama, y que si quieres también te hacen una mamada, y que las negras se contonean de ese modo porque tienen una vértebra más que las blancas. O una menos. Javi no da crédito ('porque tienes envidia', dice Rai) y Manu le pregunta si lo del desayuno es cierto.

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En el súper, Rai rellena un boleto para participar en el sorteo de un viaje al Caribe. Hay otros premios, pero lo que a él le nubla la vista es el Caribe, siquiera para constatar que nadie te sube el desayuno a la cama. Qué palabra tan hermosa, caribe, cómo no va a ser hermoso lo que lleva dentro.

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Ahora están plantados frente a un establecimiento de trofeos. Una vez más, un vidrio parece alzarse entre ellos y todo aquello que les está vedado. Fijaos en esa copa, dice Rai, es como un caballo. Sí, pero para premiar a quién, ¿a ajedrecistas o a jinetes?, pregunta Javi. En el barrio no hay jinetes, murmura Manu. Tampoco ajedrecistas, replica Rai, quien, al cabo, incitará a sus amigos a asaltar la tienda. Asombrosamente, no les mueve otra aspiración que tomarle las medidas al mundo, aunque sea a hurtadillas. A Rai le llama la atención un trofeo coronado por la silueta de un hombre con el agua al cuello y el brazo derecho extendido. No le cabe duda de que es un tipo calvo que se está ahogando, y así se lo dice a Javi, quien, en cambio, cree que se trata de un nadador, y que lo que él interpreta como calvicie es en verdad el gorro. A Rai la realidad empieza a resultarle un galimatías. "¡Un gorro! Qué vas a saber tú si no sabes nadar; y sí, vale, yo tampoco sé pero sé de ahogados porque he visto a uno en la tele y sé que son azules porque se les pone la cara del color del mar. Listo".

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Hartos de ver pasar las horas, Rai, Javi y Manu buscan refugio en el túnel del antiguo ferrocarril, el único lugar donde se saben príncipes. No en vano, es también guarida de sinpapeles, drogadictos y demás descartados. Hoy sabrán que uno de esos descartados es el hermano de Rai, al que éste tenía por un profesional de éxito; cómo, si no, llegó a conocer el Caribe.

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"Arriba, que son las doce; no sé ni cómo puedes dormir con este olor." La madre de Rai ha entrado en su habitación para aireársela y le ha dejado una carta sobre la sábanas. Rai se sacude el letargo y tantea el sobre en busca de una doblez por donde introducir la uña. La parte frontal lleva el membrete de una empresa de transportes.

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Un camión llega al barrio con gran fanfarria y aparca frente a la colmena de Rai. Dos mozos bajan de la caja, envuelta en una sábana, una moto de gran cilindrada. Sólo le falta el lazo. El enjambre de vecinos que, expectantes, rodean el vehículo, jamás olvidará este día. No acaban de explicarse por qué Rai, que es sin duda el agraciado, atiende con pesadumbre al tipo trajeado que le tiende el comprobante. "Que la disfrutes". Una moto, en efecto. Pero acuática. La jauría se carcajea: estamos en una película y ha de conducir la emoción del espectador.

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Una vez mitigada su perplejidad, Rai decide ponerla a la venta. A tal fin cuelga un anuncio en el tablón del supermercado. Se trata del mismo supermercado en el que rellenó la papeleta del sorteo. Medita la posibilidad de que no haya nadie interesado en una moto acuática en muchos kilómetros a la redonda. Tantos como lejos está el Caribe.

Pero por él no va a quedar.



Club Pont Grup Magazine, 15 de junio de 2017

sábado, 10 de junio de 2017

Juez de guardia

Escribo a Arcadi Espada para preguntarle por la escenificación por parte de la CNN de una protesta musulmana en Londres. Hubo quienes, en lugar de escenificación, hablaron de fabricación. El viejo debate entre Take a Photo y Make a Photo. Tengo una opinión al respecto, pero dado que es un asunto de su jurisdicción, qué menos que interrumpir sus vacaciones.


Querido Arcadi,


Se habrá enterado de la acusación a la CNN de falsear un escenario por el hecho de situar detrás de la reportera a un grupo de musulmanes que protestaban contra el atentado. A mí me parece una crítica muy traída por los pelos, a no ser que aceptemos que todo el lenguaje televisivo se basa en esa clase de aderezos. Los musulmanes ya estaban allí, 'convocados' por las cámaras, por lo que no parece que haya contradicción entre la imagen 'seminal' y la 'vista general'. Creo incluso que dejarlos fuera del encuadre habría entrañado más falsedad que mostrarlos, por mucho que los pretendieran mostrar de forma tan ortopédica; pretendieran, digo, porque finalmente no aparecieron (cabría preguntarse si previeron precisamente ese reproche, lo cual sería interesantísimo, o hubo algún tipo de dificultad técnica). Pero claro, me pregunto aquello de qué habría dicho Arcadi Espada.


Un abrazo grande,



 
Cuando yo estoy fuera usted se ocupa de decir lo que diría Arcadi. También cuando la palme, por cierto. Que me ha encantado ese tono necro de qué diría Arcadi.


Abrazo grande,

miércoles, 31 de mayo de 2017

Leyenda del equidistante

La tensión que agarrota la política española, alimentada en Cataluña por el sector independentista y en el resto de España por el Gobierno del Partido Popular, está llegando a extremos preocupantes. Mientras los primeros vienen amenazando con proclamar una república independiente, los segundos no han hecho sino acrecentar el malestar de una significativa mayoría de catalanes.

Las probables deficiencias de la ley de transitoriedad, también llamada "de desconexión", no deben hacernos perder de vista que el presidente del Gobierno ha despachado con indiferencia, y aun cabría decir que con una clamorosa ausencia de calidez, las legítimas demandas del pueblo catalán, que han discurrido siempre, conviene no olvidarlo, por cauces estrictamente pacíficos. Y si bien es verdad que el catalanismo, antaño razonable y constructivo, se ha escorado en bloque hacia un radicalismo cuando menos inquietante, y que el Govern se halla condicionado por un partido, la CUP, cuyo encaje en la vida institucional presenta alguna que otra complejidad; aun siendo eso verdad, no lo es menos que ese radicalismo no sólo tiene sus causas en la existencia de un sustrato independentista, sino también en la cerrazón que lo ha reverdecido.

El tan cacareado choque de trenes, presagio de un desenlace abrupto (confiemos en que no se produzca ningún brote de violencia, siempre condenable vddv) del conflicto entre España y Cataluña, remite a su verdadera raíz, cual es el desencuentro entre obtusos de uno y otro signo. El PDCat y ERC deberían poner fin a su deriva arbitraria, por más que ello suponga sacrificar su programa de máximos y defraudar a sus votantes, y Rajoy debería tender la mano a Puigdemont, pero no para retirársela en cuanto éste pronuncie la palabra independencia, sino para, con ese gesto, iniciar un diálogo que desbloquee el contencioso.

Sólo el mutuo reconocimiento en la discrepancia y la adopción de una política más asertiva, más empática (especialmente por el lado del Partido Popular) podrán amansar unas aguas que, a estas alturas, bajan ya demasiado revueltas.


Libertad Digital, 31 de mayo de 2017

jueves, 25 de mayo de 2017

Una historia barbateña

Atún y chocolate, sí, pero no se te ocurra decirlo. En el otoño de 2003, Pablo Carbonell rodó entre Barbate y Zahara una comedia con ese mismo título, Atún y chocolate, que trata sobre un lugareño (Manuel, interpretado por el propio Carbonell) que, sin posibles para costear el banquete de su boda, decide robar un atún destinado al mercado japonés. La película, en la que sobresale la actuación de Antonio Dechent, el Jack Palance español, tiene como telón de fondo la crisis pesquera, el tráfico de hachís, la inmigración ilegal… Ken Loach metido por chirigotas y pasado por un cristal de aumento. Cuenta Nacho Carretero en Fariña, el gran reportaje sobre el narcotráfico gallego, que el cine español no ha dejado más testimonio de aquel cataclismo que Airbag. Resulta extraño, en efecto, más en un gremio que se ufana de comprometerse con todas las causas imaginables. Ni su tiempo ni la realidad, en fin, parecen estar entre ellas. Atún y chocolate viene a ser el ‘airbag’ del sur. Pero no vayas y lo digas. En sus desquiciadas memorias, El mundo de la tarántula, de las que ya me ocupé en The Objective, Carbonell desmenuza los problemas que le trajo la película. ¡Qué se habrá creído ése, relacionarnos a nosotros con la droga! Ni el hecho de que una legión de barbateños participara en la figuración ni el alegre desparrame de dinero que supuso el rodaje libró a Carbonell, con casa en Zahara, de la difamación. A ello contribuyó una entrevista promocional en el programa de Jesús Quintero, que no hizo sino confirmar la sospecha fuenteovejunera.

JQ- Si vivieras en Zahara o en Barbate, ¿te dedicarías al atún o al chocolate?

PC- Me dedicaría al atún, pero si no me fuera bien, al chocolate.

“Algunas personas de Barbate y Zahara vieron la entrevista y entendieron que yo había estado en el programa diciendo que en esa zona sólo se vive del atún o del chocolate. Al presidente de los hosteleros de Zahara, Gaspar, fueron a contarle el chisme de que yo había declarado exactamente eso. ¿Acaso pretendían que respondiera a Quintero que también podía dedicarme a ser cocinero, camarero, abogado, policía municipal o perito agrícola? […] A Gaspar le faltó tiempo para mandar una carta al periódico manifestando el malestar de todos los hosteleros por mis afirmaciones. A otros también les faltó tiempo para pegar carteles con mi foto en la puerta de mi casa pidiendo que se me declarara persona non grata. A mi hija Carlota le dijeron que en cuanto yo pusiera un pie en Zahara me iban a romper las piernas.”

El infundio que más disgustó a Carbonell tuvo que ver con su acento. Gaditano de nacimiento, el cantante de Los Toreros Muertos fue uno de aquellos damnificados del estándar madrileño, que ahormó en la atonía a varias generaciones de intérpretes andaluces, canarios y extremeños. Para su papel de Manuel, no obstante, recuperó el ceceo de La Caleta, lo que fue tenido por un menosprecio a la cultura local.

“Me planté allí a dar la cara. El primer sitio al que acudí fue el epicentro de la maledicencia. Pedí una cerveza y una tapa de huevas aliñadas. Me contestaron que, ya que iba por ahí diciendo que todos ellos eran unos delincuentes, si no quería también un poco de hachís. […] Tendría que armarme de paciencia para dar todas las explicaciones que me pidieran los ofendidos. Y las fui dando. Una a una. De vez en cuando alguien me gritaba desde una obra que me iban a rajar. Otros me aconsejaban que no fuera solo por la calle. […] Si queda algún vestigio de aquella insidia suelo achacarlo a la merma neuronal del que me ataca, el cual, habitualmente, no recibe ninguna respuesta por mi parte.”


The Objective, 25 de mayo de 2017

martes, 23 de mayo de 2017

Golpistas on tour

Que Puigdemont pronuncie en Madrid una conferencia sobre 'cómo dar un golpe de Estado (sin sucumbir en el intento)', restituye el símil capitalino de rompeolas de todas las Españas. Que lo haga, además, en un local cedido por el Ayuntamiento, da idea de hasta qué punto el 'Régimen del 78' ha institucionalizado la acogida e incluso el mimo de quienes pretenden destruirlo. ¡Welcome Indepenees!

El recinto, o lo que quiera que Carmena les tenía preparado, guardaba inquietantes similitudes con las fan zones que las autoridades habilitan a los bárbaros en las finales futboleras. No porque sonara el Despacito y se sirvieran cubatas, no, sino porque la gran mayoría de los asistentes eran, por así decirlo, ultrasures. El presidente de la Generalitat, en efecto, 'tendió la mano' a un puñado de hooligans desplazados ex profeso. Los mismos, probablemente, que le jalearon en Bruselas, o que arroparon a Homs en su declaración ante el Supremo, o hicieron el pasillo a Forcadell de camino al TSJC. El Tot això qui ho paga ha dejado de ser un latiguillo. A Pla, apóstol de la concreción, le habría encantado saber que en el caso de Homs, la cuenta subió a 13.470 euros.

Así, y de modo similar a esos borrachos que balbucean "yo ya me entiendo", el nacionalismo farfulló una vez más para sí mismo, recreando la españolísima tradición del hogar regional. La única espectadora que no batió palmas fue Cayetana Álvarez de Toledo, que se coló en la fiesta (literalmente) junto con Rosa Belmonte, y fue dando noticia en Twitter de un suceso puramente extraordinario: cómo un paleto de Gerona trataba, siquiera retóricamente, de poner contra las cuerdas al Estado de derecho.

Entretanto, y según he sabido por la misma Cayetana, el corresponsal del New York Times, Raphael Minder, rendía homenaje a Hemingway (¡aquí bebió!) alertando al mundo de que cincuenta fascistas protestaban en la calle contra Puigdemont: "Fascists protest Catalan secession in front of Madrid police - Not sure this can help bridge divisions". Resistiendo el acoso de las hordas fascistas, una delegación de demócratas catalanes (pleonasmo) trataba, infructuosamente, de llamar al diálogo. Fechado en Madrid, el 28 de marzo de 1939.


Libertad Digital, 23 de mayo de 2016

martes, 16 de mayo de 2017

Goyesca

La mera posibilidad de que haya un caso Banderas da perfecta cuenta de hasta qué punto España anda atollada, de Algeciras a Estambul, por obra y gracia de una turba que si en Barcelona criminaliza a hoteleros y en Madrid dispensa dignidad institucional a colectivos chavistas, en Málaga, según acabamos de ver, escupe alaridos contra quien promueve la construcción de un equipamiento cultural.

Que el promotor en cuestión sea nuestro actor más internacional, el hombre que en Átame bordó un polvo para la eternidad, el mismo, sí, que le dijo a la Abril "tengo 23 años, 50.000 pesetas y estoy solo en el mundo"; que ese titán, en fin, deba someterse a la silbatina del garzoncito de turno, ejemplifica a las claras cómo el dilema entre nosotros y el caos es un bucle melancólico. E ilustra, de paso, en qué consiste "ser comunista hoy", a lo que siempre hay que responder: "Lo mismo, exactamente lo mismo que ser fascista ayer".

El día en que Pablo Iglesias o alguno de sus pretorianos hilen un discurso (¡un retazo de vida!) como el que hiló Banderas cuando recibió el Goya a su trayectoria artística, un discurso, por cierto, que empezaba diciendo: "Todo lo que tengo se lo debo a mi profesión"; el día en que cualquiera de estos andrajosos, literatos frustrados a los que, dada su falta de talento para renombrar el mundo, no les queda sino rebautizar el callejero; el día, insisto, en que uno, uno solo de estos almíbares a los que tanto disgusta que Patria sea "una novela parcial", esté a la altura moral de un tipo como Banderas; ese día habremos salido de la crisis.

Por de pronto, valga este recado:

Lo que he ganado en mi larga vida como profesional ha sido básicamente fuera de mi tierra, viviendo en hoteles, en aeropuertos, sin ver crecer a mis hijos. Aquí he venido a gastármelo.

Y donde lo que jode, obviamente, no es"lo que he ganado", sino ese sucio "gastármelo".


Libertad Digital, 16 de mayo de 2017

jueves, 11 de mayo de 2017

Cuestión de estilo

Un minuto por página. Eso había respondido Sergi, compañero de clase en 3º de BUP, al preguntarle yo por su velocidad de lectura. Recién entrados en la adolescencia, el hecho de leer mucho o poco, con rapidez o parsimonia, empezaba a ser un rasgo susceptible de coquetería. Sergi trataba de ajustarse a esos 60 segundos porque aspiraba a convertirse en dirigente de un partido político en el que, de hecho, ya militaba, y en el que también acabaría militando yo, aunque en mi caso la palabra 'militar' sea un embalaje un tanto mendaz. Tan vaporosa era mi conciencia, digamos, revolucionaria, que en el círculo de formación para simpatizantes se me ocurrió decir, a propósito del Manifiesto comunista, que el estilo me parecía algo tosco. "No estamos aquí para hacer un comentario estilístico", me reprochó Sergi, a la sazón responsable de mi destete. Poco después le pedí una lista suplementaria de títulos, algo así como unos créditos de libre elección, para acelerar mi adiestramiento. Fue en ese trance, y ante la enormidad de la bibliografía que me propuso, cuando le formulé tan fatídica pregunta: "¿Cuánto tardas en leer un libro?". Sea como fuere, me apliqué a la tarea con denuedo de presidiario, subrayando pasajes que luego, en alguna de las asambleas del instituto, utilizaría para zaherir a nuestros más enconados adversarios, que no eran, como ordenaría la lógica, liberales o conservadores, sino aquellos otros izquierdistas que no suscribían por entero nuestras tesis. En fin, todos recordamos la célebre escena del graderío de La vida de Brian. Debió de ser por aquel tiempo cuando las novelas dejaron de ser lecturas escolares para investirse del aura de las verdades reveladas.

Urnacinas

En Cataluña hay urnas. Las de Barcelona, concretamente, se guardan en una nave industrial de propiedad municipal sita en la calle Perú, en el barrio del Pueblo Nuevo. El almacén, una antigua fábrica de productos químicos de unos 3.000 metros cuadrados, alberga unos 6.000 receptáculos de metacrilato cuyas medidas, conforme a lo estipulado por el Ministerio del Interior (al que corresponde la titularidad del material) son 45 cm de largo, 34 de alto y 32 de ancho, con una ranura en el centro de 18 cm y 0,5 de cm abertura. (La democracia, ya ven, conjuga el rigor normativo con toda una semántica del orificio, para que luego digan que carece de sex-appeal.) Tal como se aprecia en esta imagen, las urnas se hallan dispuestas en columnas, sobre palés. Por lo demás, y dado que la ciudad requiere unas 1.800 (salvo cuando se celebran elecciones al Congreso y al Senado, en que hacen falta el doble) es probable que una parte de las 6.000 se destine a otras localidades de la provincia.

Además de urnas, en Cataluña hay elecciones. Unas semanas antes de los comicios de turno, un grupo de empleados de la empresa Mercalim se afana en la limpieza y desinfección del material. De no ser así, las cajas llegarían a los colegios con un poso de inmundicia por el que no habría diferencia entre depositar el voto en el contenedor y echar la basura en la urna. Se trata, en fin, de que esos fachendosos que se jactan de votar tapándose la nariz no deban hacerlo de verdad, por mucho que lo merezcan.

Deben de haber leído que el Gobierno autonómico pretende comprar 8.000 urnas para dar la palabra al pueblo. No. Lo que pretende es tirar esas 6.000 al vertedero.


The Objective, 11 de mayo de 2017

martes, 9 de mayo de 2017

Despachos colonos

En las últimas dos semanas hemos visto cómo el máximo representante de la vieja trova catalana anunciaba represalias contra aquellos funcionarios (en alusión, sobre todo, a jueces y policías) que no se avengan a infringir las leyes, postrera distinción entre catalanes afectos y desafectos por la que, contradiciendo a título póstumo a otro don Luis, De Galinsoga, sólo los últimos serían una mierda.

Unos días antes, el Govern, valiéndose de su comité de agitación popular, la ANC, había sembrado las calles de túmulos con forma de SÍ, en lo que suponía la enésima vulneración de la neutralidad institucional.

A fin de zanjar cualquier duda respecto a la inobservancia de dicho principio, Puigdemont anunció poco después en una reunión de ese mismo comité, que habría pregunta y que habría referéndum. Restando, de paso, dignidad y atribuciones al Parlamento autonómico, que en el imaginario soberanista ha quedado reducido a un mero decorado en el que hacer ostentación del desprecio a España. Por ejemplo, y sin ir más lejos, prodigando toda clase de vítores al insigne trovador, en reconocimiento a su jovial homilía golpista.

Para lenguaje litúrgico, no obstante, el de Marta Ferrusola. Que la mayor parte de los periódicos consideren semejante puerilidad un "código secreto" o un "mensaje oculto en clave religiosa", una expresión, en fin, de sagacidad, no deja de ser un rescoldo de la pleitesía que le rindieron durante tantos años.

El desafío al Estado ha cobrado renovado brío esta misma semana con la despedida de Forcadell en su tránsito sacrificial al juzgado, que, conforme a la costumbre, fue acordonado por un séquito de provincias. (Es probable que no haya día en Cataluña en que no se cante Els Segadors, con las consiguientes réplicas televisivas.)

A todo esto, la expresidenta de la ANC alega que su imputación equivale a criminalizar la palabra, sin entender que ningún violador podría hacer valer, en su defensa, que su procesamiento equivale a criminalizar el sexo.

Mientras escribo este artículo, leo que la Generalitat publica la licitación para comprar 8.000 urnas.

Ahora multipliquen estos días, apenas quince, por ocho años.



Libertad Digital, 9 de mayo de 2017

viernes, 5 de mayo de 2017

Una comunidad de lectores: diez años del cierre de 'Diarios'

El blog Diarios, del periodista Arcadi Espada, fue pionero en España entre los dedicados al comentario de actualidad y la anotación diarística. Casi me atrevería a decir que fue pionero a secas, pues el año en que su autor lo puso en marcha, 2004, la bloguería española ni siquiera tenía conciencia de comunidad.

El antecedente de Diarios se halla en el ensayo homónimo del mismo autor, un dietario escrito durante 2001 que tenía como principal y casi único desvelo la lectura crítica de los periódicos, con la espinosa particularidad de que el crítico también se dedicaba a escribirlos. Diarios sentó las bases de lo que desde entonces ha sido la piedra angular de la obra de Espada: la (auto)crítica de la razón periodística. O lo que es lo mismo, el examen del oficio desde el oficio.

La obra, premiada con el Espasa en 2002, suscita tantos elogios como invectivas, éstas provenientes sobre todo de colegas que, al ver cómo alguno de sus artículos merece las objeciones del autor, lo tildan de arrogante, entrometido, etc. Consciente de que ha inventado un género (o de que se ha atrevido a inaugurarlo, pues la crítica periodística, como el Everest, estaba ahí) Espada se plantea proseguir con la labor en la red. Así, el 1 de enero de 2004 nace el blog Diarios, cuyo impacto en el ecosistema mediático es extraordinario. No en vano, a la audacia y agudeza de los textos, se une el hecho de que éstos ven la luz de forma inmediata, al compás de la actualidad.

Espada cuelga su post no más tarde de las 11 de la mañana, y raro es el día en que se retrasa. De este modo, el lector que accede al blog a partir de esa hora jamás ve defraudadas sus expectativas (como las habría visto defraudadas, por ejemplo, cualquier lector de periódicos que acudiera al quiosco y no encontrara el suyo; internet, en efecto, no difiere en absoluto del mundo, digamos, analógico).

Con todo, el factor que catapulta el blog hacia el éxito es el Nickjournal, una sección de comentarios que propicia que, en lo que Espada denomina la 'bodega' o 'galeras', y a los pocos minutos de que haya aparecido el texto, varias decenas de personas opinen sobre el mismo. Esa relación de instantaneidad entre el autor y sus críticos, tan común en nuestros días, había sido hasta entonces la fantasía erótica de todo escritor. Tal como apunta el propio Espada, "¡una situación soñada! O sea, una pesadilla".

Pero el Nickjournal es algo más que un conjunto de comentarios o postillas al discurso de Espada. Sus contribuyentes, ya sea embozados en un alias o nick o con su nombre y apellidos reales, dan vida en el subsuelo a una proteica conversación sobre política, cine, literatura, periodismo, si bien el tema predilecto de todos ellos son las inquinas, intrigas y amoríos que propicia el roce cotidiano, esto es, el propio Nickjournal. Espada describirá el fenómeno con estas palabras: "Lo mejor del blog, sin duda ninguna, ha sido la creación de una comunidad rojonacional. Donde, como no podía ser de otro modo, hay cafres y enfermos (a los que cuidamos: mereceríamos apoyo por nuestra labor humanitaria), y gente de la que aprendo, sin excepción, cada día".

Consciente de que algunas de las reflexiones del Nickjournal rayan en la exquisitez, Espada rescata al final del día algunas de ellas para airearlas en la página principal, en pie de igualdad con sus textos. Los comentaristas dan en llamar al reconocimiento 'pasar el día en cubierta', en alusión al hábitat original, 'galeras', y así, con la pértiga clavada en esa jerga, suelen felicitar al agraciado: '¡Feliz día en cubierta!'. Como una charca en la que germinara la vida, Diarios estaba engendrando su propio lenguaje. 

Paz Vega López

La metaliteratura en el Nickjournal alcanzaría su cénit con la irrupción entre los comentaristas de Paz Vega López, que se presenta como "una joven madrileña de 18 años, estudiante de primer curso de filología que ansía convertirse en escritora". En sus primeras intervenciones, se ciñe al 'menú del día', es decir, a juzgar el texto de Espada, bien es cierto que con sin par candidez. Andando el tiempo, no obstante, empieza a explayarse acerca de su escarceos sexuales, la animadversión que siente por su padre, sus amores frustrados. Todo ello, salpicado con apuntes de sus tentativas como novelista, en lo que, tal como ella misma presume, no son sino los comienzos de una férfil y exitosa carrera literaria.

Pocos sospechábamos que el personaje de Paz era una construcción literaria del escritor Antonio Gálvez, que incluso había arropado a su criatura con una página web para divulgar su primer manuscrito, Loko y brillante, un texto frenético y descoyuntado, infestado de mamadas al profesor y desplantes a la ortografía; una fina parodia, en suma, de las jóvenes que pretendían emular a Lucía Etxebarría.

En el apogeo de su comedia bufa, Gálvez llega a enviar el manuscrito de Paz a editoriales como Anagrama, Poliedro, Anaya, o la revista Lateral. Y Paz, por supuesto, no tiene el menor empacho en airear las respuestas de los editores en el blog de Espada: los noes diplomáticos de Horacio Vázquez-Rial, Paula Canal, Mihály Dés...

Un año y medio después, el propio Gálvez se quitaría la máscara en su propio blog. El artificio había mantenido engañados a decenas de escritores, periodistas, profesores, pues tal era el perfil de los usuarios del blog de Espada. Algunos de ellos aun cayeron en la humanísima tentación del flirteo a lo pigmalión. Gálvez (profesor de bachillerato en Cornellá) recogió su peripecia en un libro, Caliente, donde relataba los pormenores de su genial impostura, incluyendo una jugosa correspondencia privada que dejó en evidencia a más de un insigne contribuyente del blog de Espada.

La escritura de la intimidad

Uno de los temas en que Espada pretendió ahondar, con resultados dispares, fue la escritura de la intimidad, asunto capital en la literatura. Con estas palabras describía su 'fracaso' ante Justo Serna, asiduo del blog: "Tengo un problema con el blog. Específico. La intimidad. En el primer volumen de Diarios había retazos, como usted dice. Ahora me cuesta mucho más. Incluso los retazos. No encuentro la voz apropiada. Y si no la encuentro es que, quizá, no debo encontrarla. La intimidad, el léxico de la intimidad es el principal problema literario, dijo Pla. Estoy bastante de acuerdo. En los blogs hay muchos ejemplos de esa intimidad expuesta. Y muy pocos bien resueltos. Supongo que la escritura en directo, esta escritura que se produce y se ve debe de estar en la raíz del problema. Voy a seguir intentándolo. Quisiera alcanzar una exhibición violenta y educada de lo íntimo. Verdadera y transitiva".

El más justo comentario respecto a lo que supuso, para toda una generación de escritores, el blog de Espada, corresponde a Roger Corcho, que al ser preguntado por Cristian Campos por el libro que le marcó, respondió: "No fue un libro".

martes, 2 de mayo de 2017

Del Ibex 35 al CAC 40

La candidata ultra Marine Le Pen suele referirse a su rival como el exbanquero Macron, burda atribución con la que trata de azuzar la inquina del electorado. No en vano, y en tiempos del ¡sí, se puede!, un banquero no es sino un sujeto despreciable, un rufián al que mueve únicamente el amor al dinero; un prontuario, en fin, de la vileza del mundo. El populismo ha revestido de fatua dignidad las injurias típicamente antisemitas, lo que explica que Le Pen, aun a riesgo de ser acusada nuevamente de racista, haya explotado ese filón sin embozo alguno. La célebre superioridad moral de la izquierda, en efecto, ha propiciado que el Frente Nacional se sacudiera su más vergonzante complejo.

El tercer vaso comunicante de esa ciénaga es la prensa, que en Europa ha sido bastante menos hostil a Mélenchon y Le Pen de lo que Washington se mostró con Trump, y que ha tendido a asumir, cuando no a ensalzar, las razones que aquéllos han esgrimido para salvar a Francia de sí misma. (Del mismo modo que en España hizo fortuna la especie de que Podemos erraba en las soluciones pero acertaba en el diagnóstico).

En lo que concierne a Macron, algunas de esas razones son prodigiosamente retroactivas. Hace apenas dos años, el candidato socioliberal era (extraigo los sintagmas de cuatro diarios de referencia: dos españoles y dos franceses) "el ministro estrella", "el ministro más liberal del Gobierno socialista", "el ministro mejor valorado del Gobierno", "el político de la izquierda preferido por los franceses", "el electrón libre del Ejecutivo francés", "el máximo representante del ala socoliberal del Gobierno" o "la joven estrella del Gobierno de Manuel Valls". Asimismo, "Manu, como le llaman sus próximos", se había formado en "la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración" y no había "discusión respecto a sus cualidades: brillante, trabajador, simpático, culto y con capacidad para escuchar".

Hoy, el político llamado a impedir el desmoronamiento de Europa ni siquiera merece tal condición. Y en reverberación, insisto, del bullshit melencho-lepenista, ha pasado a ser un "candidato de diseño", un "tecnócrata sin ideales", un "servidor del establishment", el "inspirador del fallido quinquenato" o un "vendedor de humo" que "daba cenas en su ático para tejer una red de amistades que lo condujera a la Presidencia". Por lo demás, la Escuela Nacional de Administración ha dejado de ser prestigiosa. Ahora, y conforme a las apetencias del pueblo, es elitista.


Libertad Digital, 2 de mayo de 2017

jueves, 27 de abril de 2017

Anémona y cuchillo


Mientras subimos la rampa que da acceso al Bullilab, 3.000 metros cuadrados de almacén en una de las faldas más sórdidas de Montjuic, Salvador Sostres me advierte: "Si ahora no sabes en qué consiste el Bullilab, lo más probable es que al salir sigas sin saberlo". Dentro nos esperan Arcadi Espada y Ferran Adriá, al que la gripe no acaba de aplacarle su entusiasmo. No en vano, Sostres y Espada han sido los más conspicuos divulgadores de la obra de Adriá, en un pródigo apostolado que ha contribuido a que tantísimos profanos, como es mi caso, comamos polenta helada por delegación.

El Bullilab es un laberinto donde 70 profesionales, entre los que se cuentan diseñadores, filósofos y periodistas, tratan de ordenar, clasificar y jerarquizar todo lo que el hombre sabe sobre gastronomía. Y extraer de ese conocimiento algo así como la piedra filosofal de la creatividad (su genoma, precisa Adriá) con la idea (les hablo a tientas) de pasar por el cedazo conceptual de El Bulli cualquier actividad humana. El recinto, un semillero entre el garaje de Steve Jobs y la biblioteca de El nombre de la rosa, contiene miles de legajos, libros, vídeos, paneles interactivos... La idea, supongo, es acabar linkando los documentos. Al término de la visita, la pregunta (retórica) que Adriá formuló en Twitter, "¿Qué tipo de información necesitamos de un ravioli para que se convierta en conocimiento?", adquiere un barniz socrático.

Cenamos en Estimar, el puesto de pescado que Rafa Zafra, discípulo de Adriá, tiene en Santa María del Mar. Sostres y Arcadi no parecen dispuestos a hablar de otra cosa que no sea de cocina o, más precisamente, de cocineros, y como dos improvisados pitchers le van lanzando nombres a Adriá, que, no obstante, los batea con una flacidez exasperante. Espada le reprocha su renuencia a criticar a los profesionales de su gremio; es más, intenta persuadirlo de que hay un aspecto de su trabajo, el que tiene que ver con la prescripción, que le obliga a ello. Mas Adriá sólo hablará, y muy bien, de Ángel León; curiosamente, sin haber probado nada de lo que cocina actualmente, fiando su criterio a lo que ve, a lo que le cuentan: a su intuición. En la conversación aparece el nombre de Dìdac López, quien diera vida a La Estrella de Plata, el mejor bar que ha habido en Barcelona en los últimos 20 años, gastro avant la lettre. "Está mejor; trabajando en Florida", oigo. Y me viene a la cabeza una noche de hace veinte años en que el mismo hombre que tengo ante mí, en la barra de La Estrella, le pidió a Dídac una anémona y un cuchillo. Y entre trago y trago de vino, empezó a rasgarle los tentáculos al animalillo, tratando de descifrar, imagino, qué tenía ante sí, si un ravioli en ciernes o la capipota del futuro. El Bullilab es, sobre todo, una disposición de ánimo.



The Objective, 27 de abril de 2017

martes, 25 de abril de 2017

Deus ex Macron

En Francia ha faltado poco para que dos partidos retropopulistas de sesgo totalitario y abiertamente hostiles al europeísmo se disputaran la presidencia de la República. Uno profesa el odio de raza y otro el odio de clase, de ahí que la comparación entre ambos no sea sólo pertinente sino también necesaria, por mucho que Pablo Iglesias levante un dique entre Mélenchon y Le Pen en virtud del ultranacionalismo de que adolecen los primeros. No en vano, lo que define a Francia Insumisa es, antes que el antifascismo, la inquina contra los partidos tradicionales, las élites ilustradas y los medios de comunicación; la misma clase de proclamas antiestablishment, en fin, que alimentan el discurso del Frente Nacional (y de Trump, los brexiters y Podemos). No cabe descartar, así, que una parte sustancial de votantes de Mélenchon se decante el 7 de mayo por Le Pen. Sumisamente.

A la evidente semejanza de relaciones, y que convergen, de forma aparatosa, en la sacra apelación a la Francia cazurra, terruñera y premoderna que ambiciona, sin ir más lejos, el campesino José Bové (y que guarda similitud, por cierto, con la bucólica ensoñación de Otegi, ya saben: "El día en que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías y se oiga música rock americana..."; entre gañanes se entienden). A ello, decía, se añade que rojos y nacionales comparten la frívola querencia al cuanto peor mejor. Sospecho, eso sí, que si fuera Mélenchon quien hubiera precisado los votos de Le Pen, ésta no habría puesto tantos reparos al trasvase. Le habría bastado un cínico laissez-faire!

Afortunadamente, una suerte de Deus ex machina llamado Emmanuel Macron ha desbaratado (o está en condiciones de desbaratar) la amenaza lepenista. Su eclosión es también ilustrativa de una cierta modernidad. Haciendo de la necesidad virtud, Francia ha moldeado a su Rivera en un santiamén, liberando de paso a su formación, EM, de las molestas adherencias que deposita el paso del tiempo. Más allá de ese décalage, a Macron y a Rivera les une la renuencia a las etiquetas izquierda-derecha, la adscripción a un vago social-liberalismo, el repudio del nacionalismo y, sobre todo, un furibundo optimismo, credencial que a estas alturas de la Historia es, ha de ser, decididamente política.


Libertad Digital, 25 de abril de 2017