jueves, 14 de septiembre de 2017

Agrupémonos todos cada día

Llevo observándolos durante años y he llegado a creer que la reivindicación de la independencia es un pretexto para revolcarse en el barro de la historia, para suspender, siquiera por un minuto, la enojosa realidad y entregarse al melodrama con frenesí de derviche. Que antes, en fin, que un horizonte nacional, les concierne esa mística de karaoke que tiene su cénit en Els Segadors. En el penúltimo aliento de su juicio, Maragall trató de subvertir la tradición incrustando en el programa de la Diada a Mayte Martín y Miguel Poveda, y dejando Els Segadors para el principio. Con los teloneros. La iniciativa no sólo no prosperó sino que diez años después, no hay en Cataluña un solo acto institucional que no se abroche con la letrilla de marras.

El 6 de febrero, Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau recorrieron a pie el trecho que separa la plaza de San Jaime de la sede del TSJC, en el paseo de Lluís Companys. La comitiva, a la que se fueron adhiriendo partidarios, y en cuyas primeras filas se hallaba el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, bajó por la calle Jaime I, enfiló Platería y, a la altura del Fosar de las Moreras, kilómetro cero del independentismo, se detuvo para entonar El Cant dels Segadors. Ya a las puertas del juzgado, y antes de que el engranaje estatal engullera a la terna de procesados, el gentío se arrancó otras dos veces con el himno catalán.

El 20 de marzo, el Palau de la Generalitat acogió la apertura del 40º aniversario del retorno del presidente Tarradellas. Tras las preceptivas intervenciones de Puigdemont y el hijo de Tarradellas, Josep, la Coral de Veus del Vallès interpretó Els Segadors. Otro tanto aconteció el 24 de ese mismo mes en el Ayuntamiento de Manresa, con ocasión del 125 aniversario de las Bases de Manresa, si bien en este caso la interpretación corrió a cargo de la Capella de Música de la Seu y l'Orfeó locales.

La coletilla 'Al término del acto, los asistentes entonaron El Cant dels Segadors', tan enquistada en la prensa catalana como lo estuvo el mítico sintagma 'El president de la Generalitat, Jordi Pujol,...' cerró asimismo las crónicas de la asamblea general anual de la ANC (29 de abril), la declaración de Carme Forcadell en el TSJC (8 de mayo), la movilización convocada por la Generalitat en apoyo del reférendum (11 de junio) y la Patum de Berga (17 de junio), que presidió Puigdemont desde uno de los balcones.

Con el calor llegaron los festivales de rock, hogar del anciano. "El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha agradecido al grupo de rock británico Deep Purple que anoche interpretase por sorpresa unos acordes del himno catalán "El Segadors" durante su actuación en el Rock Fest Barcelona, que se celebra este fin de semana en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona)". Visto con perspectiva, hablar de Els Segadors 'por sorpresa' parece una broma; es fama, además, que en ningún otro lugar se gastan como en Cataluña. Pero no no perdamos el hilo. Al día siguiente (3 de julio), al terminar el acto celebrado en el paraninfo de la Universidad de Barcelona en favor del referéndum, 'los asistentes entonaron El Cant dels Segadors'. Y un día después, en el Teatro Nacional de Cataluña, el Govern presentó la ley del referéndum: "Podemos garantizar a los ciudadanos de Cataluña que el día 1 de octubre votaremos", ha finalizado Puigdemont, segundos antes de que comenzara a sonar 'Els segadors', que ha marcado el fin del evento".

No bien hubo acabado agosto, Puigdemont y otros miembros del Govern tuvieron oportunidad de ir aclarando la garganta en las fiestas de Sitges, y así desmelenarse el 6 de septiembre en el Parlament, como es de ley, por lo demás, en cualquier cita con la Historia. El último hito conocido fue el día 11, en que se conmemora, dicen los conmemorandos, el Día Nacional de Cataluña. Definitivamente, no hay en el mundo bromas iguales.


The Objective, 14 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Soler, Buenafuente, Albà y... ¡Otegi!

Uno de los hitos de TV3 en 2005 fue el programa El Favorit, que glosaba la figura de algunos de los catalanes que habían merecido un lugar en los libros de historia. Se trataba de desmenuzar el pasado mediante el uso de un lenguaje directo, asequible y a ratos incluso chistoso, conforme al principio pedagógico, tan caro a nuestros educandos, de instruir divirtiendo y divertir instruyendo. Al frente de El Favorit se hallaba el inefable Toni Soler, ideólogo, junto con Mikimoto y Buenafuente, de esa escuela radiotelevisiva de factura estilosa donde lo que no es broma es agravio. A su lado, el profesor de Historia Moderna y Contemporánea Oriol Junqueras oficiaba de autoridad académica, contrarrestando con templanza jesuítica la chocarrería de Soler. El payaso torpe y el payaso serio.

Pensaba en ello al hilo de la aparición de Junqueras en la retransmisión de la Diada en TV3, alcachofa en mano, en lo que parecía un remedo de su antiguo rol televisivo, por el que, gracias al trampantojo del croma, guiaba al espectador a través de escenas históricas, mezclándose con personalidades de la época. Un Forrest Gump après la lettre. Así, en el episodio dedicado a Companys vemos al hoy líder de ERC deambular por la Plaza Cataluña el 6 de octubre de 1934, esto es, el día en que aquél proclama el Estat Català (min. 22:29). En la imagen, y al decir de Junqueras, un grupo de mossos d'esquadra efectúa trabajos preparativos "de la movilización ciudadana". El corolario podría haber sido escrito este mediodía: "Teniendo en cuenta que es el propio Gobierno de Cataluña quien ha convocado la huelga general [que precedió al golpe], es lógico que los mossos d'esquadra y la Policía apoyen la convocatoria". La presunción de que el 1-O, en fin, lleva años escriturándose en directo resulta en ocasiones de una grotesca literalidad.

Es probable que a Otegi no le haya pasado por alto que la chacota, por xenófoba que sea, rinde más beneficios que el tiro en la nuca. Ello explicaría que para su intervención en el programa de TV3 Preguntes Freqüents se preparara un chiste sobre Albert Rivera en la mejor tradición del histrión Toni Albà. Él mismo había dado la clave minutos antes, a cuenta de una reflexión que debió de parecerle demasiado grave para el tono general de la cadena: "Igual con esto me pongo un poco trascendente, y sé que aquí también intercaláis el humor". Una claudicación, en efecto. Aunque siga dejando salpicaduras.

(Coda: "Pensamos que el día en que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías y se oiga música rock americana, y todo el mundo vista ropa americana, y deje de hablar su lengua para hablar inglés, y todo el mundo esté, en vez de estar contemplando los montes, funcionando con internet, pues para nosotros ese será un mundo tan aburrido tan aburrido que no merecerá la pena vivir". Arnaldo Otegi, en La pelota vasca.)


Libertad Digital, 12 de septiembre de 2017

martes, 5 de septiembre de 2017

Letras protestadas

Los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils trajeron un alud de columnas, consignas y pecios de variada podredumbre moral. A la histérica invocación de unas causas que permitieran señalar al sistema como responsable subsidiario se añadió esta vez el pleonasmo del innoble nacionalismo, que, conforme a su querencia alquimista, trató de convertir la sangre en mito fundacional. El histórico 17 de agosto lo sería, sobre todo, por el ufano aleteo del Nou Estat. Nada más coherente con este fin que sugerir, como sugirió Vicent Partal, de Vilaweb, que el Gobierno de España planeó la matanza para sacar al Ejército a la calle "pensando en el 1 de octubre". En cuanto a Antoni Puigverd, de La Vanguardia, su "corristeis a escribir deprimentes editoriales" se levanta sobre un ensueño tan pintoresco como apolillado: un batallón de periodistas mesetarios llegó, vio y mintió. Y lo hicieron, además, al unísono. Como si el editorial único no fuera un (sub)género exclusivamente catalán. Y como si los reporteros de los diarios nacionales no estuvieran ya en Barcelona cuando el mal embistió a la multitud. A tal punto que conforman el grueso de la prensa local. Quienes no estaban, advierte Dragó, eran los manteros, bien entendido que el "tam-tam de las aljamas de la inmigración funciona de maravilla". A los diez días llegaría el turno de los morigerados. ¿Pudo evitarse?, se pregunta Ramoneda. No, no se refiere al atentado, sino a la muerte de los terroristas.

Como la infelicidad tolstoiana, cada uno de estos artículos es desgraciado a su manera. Hay, con todo, un nexo: en todos ellos, las víctimas no son más que una molestia argumental. Unas veces nervio, otras tendrum.

"Y cuando me he puesto a escribir, solo me salía amor –pido disculpas–. El amor que domina el duelo. (...) El amor mata al odio. Lo dijo Martin Luther King varias veces, precisamente. Pero del odio tendremos que hablar. Para buscarle causas y atajarlo".

"La policía de Cataluña ha demostrado con matrícula de honor que está preparada para asumir cualquier gestión que le encarguen, cualquier función que en un futuro inmediato deba asumir. En esta ocasión es muy difícil hacer ninguna crítica a un operativo técnicamente complicadísimo –se han llegado a desplegar ochocientos controles simultáneos–, científicamente impecable y políticamente mucho más que digno. Y, además, sin colaboración. Desconectada de los bancos de datos internacionales y con un estado inexistente, el español, que ya se ha demostrado que no es necesario para garantizar el funcionamiento normal de Cataluña".

"Necesito abrazar a un musulmán".

"Los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils han desatado una reacción de islamofobia que en palabras de la Plataforma contra la Islamofobia tiene dimensiones de una "brutal ola" sobre todo en las redes que no se produjo tras el 11-M. El odio al islam se propaga en Internet, pero se han registrado también ataques al menos a cuatro mezquitas y pintadas a locales, y ha llegado incluso a la agresión física denunciada por un menor musulmán".

"En el caso de los atentados de Barcelona y Cambrils hay datos muy importantes que hay que estudiar a fondo, pero a estas alturas todavía no he visto a nadie que aportara un solo dato serio que obligara a pensar en un ataque de falsa bandera. Ahora bien, es evidente que podría serlo. Son muchas las preguntas que, según sea la respuesta, nos podrían llevar a ello: cómo el imam, extrañamente, no fue expulsado después de haber estado en la cárcel, por ejemplo. O por qué el gobierno español tardó siete interminables horas en comparecer. O hasta qué punto pensaron en aprovechar el atentado para hacer salir el ejército a la calle pensando en el 1 de octubre".

" ¡No pudisteis reprimiros ni cuando la sangre de los muertos de la Rambla era tibia! ¡Corristeis a escribir deprimentes editoriales en los que se mezclaba la atrocidad de los yihadistas con el proceso independentista! Ins­trumentalizasteis la tragedia para con­seguir rendimiento político. Habéis despertado el mal espíritu que por partida doble torturó a las víctimas madrileñas de Atocha. ¡Lo habéis despertado otra vez!".

"Las Ramblas, a las cinco de la tarde, siempre están llenas de manteros. El día del atentado no había ni uno. ¿Peco de paranoia? Puede, pero el tam tam de las aljamas de la inmigración funciona de maravilla".

"Lo único que no interesa es investigar las causas reales de este fenómeno de radicalización de personas tan jóvenes así como los fallos de seguridad que se hayan podido cometer para que esta importante célula terrorista pasase desapercibida al Ministerio del Interior".

"Estoy convencido de que si Peret viviera, hoy lamentaría amargamente el reciente atentado terrorista de la Rambla y tal vez hubiera compuesto una canción alusiva".

"Tras saber que el Gobierno ocultó a los Mossos la información de que el imán era peligroso y permitir así que siguiesen preparando el atentado ¿no va a pasar nada? Va a seguir ese Gobierno? No hay crisis política? Hay oposición en este sistema podrido? Tiene este gobierno Rajoy alguna autoridad moral o política para amenazar a los catalanes que quieren votar?".

"Carles Puigdemont no deseaba que el Rey fuese pitado y abucheado, pero no lo pudo evitar".

"Dos semanas después de los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona), que dejaron 22 muertos -incluidos seis de los terroristas- y un centenar de heridos".

"Es la primera vez en la historia reciente de España que unos policías optan por abatir —'hacer caer sin vida a una persona o animal', define la RAE ese término muy empleado en el mundo de la caza— a todo un grupo de presuntos terroristas y no hay polémica alguna. El mosso que mató a cuatro yihadistas ha llegado a ser calificado de héroe mientras se recordaba elogiosamente su paso por la Legión".

"¿Era inevitable que los Mossos abatieran a los terroristas? ¿Qué esperan los partidos a plantear esta pregunta en sede parlamentaria? Son cuestiones de fondo —que atañen a nuestros valores— que no deben eludirse. Creo que urge restaurar el lugar de cada cosa (el terrorismo yihadista no es el principal problema de España); renunciar a las explicaciones simplistas que solo sirven para columpiarse en la construcción de la islamofobia, sin respeto para muchos conciudadanos; y no utilizar el terrorismo ventajistamente en problemas que no tienen nada que ver, como el soberanismo catalán".

"Muchos os preguntaréis si el salafismo lleva a la paz debido a que algunos de los criminales que más aparecen en los medios dicen ser de este movimiento. Pues la respuesta es fácil: un diamante es una piedra preciosa que a muchos de vosotros os gustaría tener, ¿no? Pues ese mismo diamante puede abrir una cabeza si a alguien se le ocurre la desviada idea de tirársela a otra persona. Algo parecido pasa con el islam".


Libertad Digital, 5 de septiembre de 2017

jueves, 31 de agosto de 2017

La hora del patio

El Barça, la inmersión lingüística, el club infantil Súper 3 y la casa madre de este último, TV3, son los cuatro instrumentos de que se ha valido el catalanismo para socializar a la infancia. Si bien se trata de instituciones que cumplen funciones distintas, presentan dos rasgos comunes: la glorificación del ocio y un antiespañolismo que, las más de las veces, se expresa en forma de chiste.

Hasta tal punto tiene asumido el nacionalismo que dichas fábricas, por emplear el símil con que alude al PP y a C’s, son de su entera propiedad, que ayer el portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, invocó en su alegato prorreferéndum una canción del Club Súper 3 titulada ‘Uh, oh, no tinc por’ (quitándole, de paso, el último velo de ambigüedad al lema de la manifestación del sábado). Sea como fuera, antes de incrustar el ‘Uh, oh…’ en el Diario de Sesiones, Tardà ilustró a Rajoy: “El Club Súper 3 tiene el triple de socios que el Fútbol Club Barcelona”. Habiendo hablado tantas veces en nombre de Cataluña, que lo hiciera en nombre de los niños del Súper 3 aun podría considerarse un rapto de modestia.

En cualquier caso, no estaría de más que la próxima vez acreditara el permiso de los padres, que fue, por cierto, lo que hizo la Casa del Rey cuando el Gobierno de Puigdemont exigió que retirasen de la web las fotos de niños y adolescentes heridos. No fueron escrúpulos, no; es que a mis niños, señora, sólo les pego yo.


The Objective, 31 de agosto de 2017

martes, 29 de agosto de 2017

Ciudad muerta



1) El islam es una religión de paz que nada tiene que ver con el terrorismo. La guerra que libra el islamismo contra la civilización rinde, de manera más o menos cotidiana, matanzas de infieles, crímenes de honor, ablaciones de clítoris, jurisprudencias basadas en el ojo por ojo y, en general, estados de opinión contrarios a la democracia. Alá es el único dios en cuyo nombre se sigue asesinando en el siglo XXI, y al margen de disquisiciones teológicas o etimológicas sobre conceptos como el de sharía, no parece pertinente dejar de lado esa evidencia a la hora de abordar sucesos como el de Barcelona. Un hombre tan poco sospechoso de islamofobia como Mario Vargas Llosa ha llamado la atención al respecto en infinidad de ocasiones. Esta reflexión, por ejemplo, tan afable como certera, corresponde a un artículo publicado en El País hace 4 años: "Tengo algunos amigos musulmanes y todos ellos, personas cultas, modernas, tolerantes, genuinamente democráticas, me aseguran que no hay nada en su religión que no sea compatible con un sistema político de corte democrático y liberal, de coexistencia en la diversidad, respetuoso de la igualdad de sexos y de los derechos humanos. Y, por supuesto, yo quiero creerles. Pero, ¿por qué no hay todavía un solo ejemplo que lo demuestre?". Más expeditivo, el periodista libanés Ghasan Charbel, en un artículo reciente en el periódico panárabe Asharq al Awsat recogido por El Medio, se preguntaba: "¿De dónde sacamos [nosotros, el islam] semejante carga de odio? ¿Por qué sentimos la tentación de colisionar con el mundo y no de vivir con él y en él?".

2) Muchachos como tú y como yo. De los asesinos hemos conocido a sus padres, sus hermanos, sus abuelos, sus tíos, su educadora social, su maestra, su alcalde, sus amigos y hasta las hectáreas de marihuana que cultivaba uno de ellos en su Marruecos natal. De las víctimas, apenas un apunte. No tengo la menor duda de que hay que encararse con el mal y a sus aledaños, pero no para aliñar el relato de un sueño truncado.

3) Barcelona es una ciudad abierta, diversa y tolerante. Es probable que confundiéramos nuestra dicha con la circunstancia de vivir en una ciudad dichosa, que nos hiciéramos un lío y, obnubilados por la rumba olímpica, termináramos por pergeñar un falso recuerdo. Pla, nuestro primer xerraire, ya previno al mundo acerca de Barcelona ("una ciudad espantosa, agobiante y de escasísima calidad [...] con un nivel de violencia indescriptible", le dijo a Soler Serrano). Sea como fuera, Cobi, el maragallismo y la apacible sonrisa de Eduardo Mendoza propiciaron el espejismo de una ciudad de dibujos animados, modalidad línea claral, si bien al entuerto también contribuyó, y no precisamente de forma residual, la ofuscada admiración que España, y particularmente Madrid, ha profesado por Cataluña. La manifestación del sábado, en que los nacionalistas hostigaron a militantes de Nuevas Generaciones, SCC y C's, destrozaron carteles en español y llamaron "asesino" a un individuo que portaba una bandera de Israel, sepulta definitivamente una leyenda que, en los últimos años, presentaba variados signos de agotamiento. La vergüenza que sentí me resultó vagamente familiar, pero mientras duró el desfile no acerté a identificar en qué otro instante de mi vida había sentido una repulsión así, tan angustiosamente física. Al poco me acordé: fue en septiembre de 1989, con motivo del abucheo al rey Juan Carlos I en la inauguración del Estadio Olímpico, aquel Freedom for Catalonia entre cuyos promotores, por cierto, figuraba el consejero Forn, sexador de muertos. El mismo zumbido encrespado, el mismo espesor en el aire, la misma fronda envenenada.

Por lo demás, la prueba de que el multiculturalismo no sólo no es un trasunto de la diversidad sino que se opone a ella fue la ausencia de las banderas de las 34 nacionalidades de las víctimas (incluyendo a los heridos): Alemania, Argelia, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Marruecos, Canadá, China, Colombia, Cuba, Ecuador, Egipto, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Grecia, Reino Unido, Holanda, Taiwán, Honduras, Rumanía, Hungría, Irlanda, Italia, Kuwait, Macedonia, Mauritania, Pakistán, Perú, República Dominicana, Turquía, Venezuela y España.

4) Una manifestación masiva. En las fotos, los manifestantes aparecían formando un bloque por efecto de los teleobjetivos, que tienden a comprimir el espacio. En verdad, la densidad en el centro del Paseo de Gracia no excedía de 1 manifestante por metro cuadrado, y por los laterales se circulaba perfectamente. No hay que despreciar la posibilidad de que una de las razones por que los barceloneses no atestaran las calles fuera el Alavés-Barça, que se disputaba a la misma hora.

5) Una minoría que no representa a nadie. Reducir la presencia independentista al cogollo de banderas que se ve en las imágenes es erróneo. Las banderas más aparatosas, en efecto, correspondían a quienes allí se concentraban, pero toda la manifestación era una fan zone independentista, con profusión de esteladas anudadas al cuello, carteles contra el Gobierno y el Rey, y una presencia más que notable de viejas-del-visillo prestas a zarandear españoles. Siempre Pla: "¿Cataluña? Un país de groseros".

6) Los españoles también llevaron banderas. Cierto, pero, que yo viera, ningún español trató de achicar el espacio de nadie (menos aún de forma organizada) ni concibió la posibilidad de abuchear o insultar a Puigdemont, Junqueras o Colau. Y pese a ello, el coolumnismo a lo Évole, ese que aspira a salir sin mácula de todos los charcos, sigue arrastrando el fardo de esos dos-nacionalismos-igualmente-perniciosos, confundiendo (copyright: Savater) apéndice con apendicitis.

7) Ada Colau cedió el protagonismo a la policía, los bomberos, los taxistas y los servicios médicos. La tortuosa relación de Ada Colau con la democracia da lugar a equívocos que son en verdad claudicaciones. Colau tenía la obligación de estar al frente de la manifestación no por una cuestión de protagonismo, sino porque los políticos electos son la única dignidad civil que representa a todos y cada uno de los ciudadanos. Entiendo, no obstante, que un personaje que basó su campaña electoral en consignas como "No nos representan", en el desprecio, en suma, a las instituciones democráticas, sea incapaz de asumir esa evidencia y acabe cediendo al pueblo la cabecera de la marcha y a los insurrectos el servicio de orden.

8) En cambio Myriam Hatimi, de la Fundación Ibn Battuta, que se decía representante de una comunidad, lo fue a pie juntillas. Aunque antes que repesentante deberíamos decir delegada, comisionada o embajadora. Porque en la manifestación hubo pocos, muy pocos musulmanes.

9) El abrazo del padre del niño asesinado con el imam de su pueblo fue un ejemplo de concordia. Y la demostración de que la bondad suprema también puede ser aterradora.


Libertad Digital, 29 de agosto de 2017

martes, 22 de agosto de 2017

Un fallo en el sistema

Vengo de leer en bucle el mensaje que Raquel, la educadora de Ripoll que había tratado con algunos de los terroristas, ha publicado en Facebook. En especial este párrafo, en que la autora ha puesto su mejor afán:

Erais tan jóvenes, tan llenos de vida, teníais toda una vida por delante ... y mil sueños por cumplir. [...] Ya no podré volver a decir "qué guapos estáis", o "¿ya tienes novia?". O "madre mía, cómo has crecido". No podré ver a vuestros hijos, como veo los de los demás. No os podré abrazar... Me duele tanto. No me lo puedo terminar de creer.


Increíble, en efecto, porque estas palabras, que corresponden a la fraseología de la consternación, se emplean aquí para llorar a los asesinos, enaltecidos en virtud de "un sentimiento tan fuerte [que] no es racional". Inaudito, asimismo, es el intento de la educadora de dar con lo que, en su perturbado discernimiento, deben de ser los verdaderos culpables, tentativa que parece aletear en la mención de esa "otra cara de la moneda, la que no sale en los periódicos", y que acaso se funda en la necesidad deontológica de iluminar el mundo con un prurito de simetría.

En su angustiada búsqueda, no obstante, no logra dar con ninguna traza del maléfico, enajenador sistema. Al contrario, los muchachos ("¿Cómo puede ser, Younes...?") pertenecían a familias de clase media-baja, habían cursado estudios, habían disfrutado de clases gratuitas de refuerzo, y algunos de ellos habían aprendido un oficio y se habían empleado en la industria local. Todo ello, al abrigo de un Estado cuya más afable encarnación fue, precisamente, Raquel, quien en lugar de interrogarse a sí misma, someter siquiera a examen su siniestra candidez, prefiere interrogar a la providencia, confundida con un nosotros en que se aprecian las hechuras de la siempre coactiva sociedad.

Piloto, maestro, médico, colaborador de una ONG. ¿Cómo se ha podido esfumar esto? ¿Qué os ha pasado? ¿En qué momento...? ¡Qué estamos haciendo para que pasen estas cosas!

El resultado de tan alucinante operación es que los terroristas acaban convertidos en víctimas y quienes sufrimos su acometida criminal, en culpables, acaso merecedores, digámoslo en la jerga de Raquel, de un período de reclusión en el rincón de pensar.


Libertad Digital, 22 de agosto de 2017

viernes, 18 de agosto de 2017

Rambla del Páramo

Salí de casa pasadas las cuatro sin rumbo fijo, con el propósito de darme una vuelta y tal vez llegarme hasta la Barceloneta. En una ruta no del todo inhabitual, tomé la Ronda de San Antonio desde Manso, abrevié por Tallers y enfilé las Ramblas.

Me admiré, maldita la hora, de la parsimonia, o acaso fuera pachorra, con que iba vadeando el bulevar; y me sonreí, siquiera por contraste con los tiempos en que apretaba el paso al llegar a la altura de Unión. Eran las 16:19 (lo sé por un mail de Arcadi que me detuve a leer) cuando arribé al final, ese final que tantas veces fue principio de todo.

Desde allí, anduve por la calle Ancha hasta Santa María del Mar y me senté frente al templo a tomar un café. A la media hora, empecé a ver cómo alrededor de mí, los clientes de la terraza, todos los clientes de la terraza, atendían compulsivamente la pantalla del móvil. La escena, tan ruidosa y apacible a un tiempo, me llamó tanto la atención que a punto estuve de tomar una foto. Al poco sabría que no estaba ante el epítome de la enajenación moderna. También yo me conduje, a partir de ese momento, conforme a los círculos concéntricos por que se rige el periodismo.

Llamar a mis hijas para decirles que estaba bien, llamar a mi madre para decirle que estaba bien, llamar a mi abuela para... (había fallecido en julio pero se conoce que aún no tengo el dato afianzado; ¡la de veces que la he vuelto a enterrar por esos lapsus!), tratar de localizar a mi hermano (que gusta, como yo, de deambular por la zona); eso, mientras rastreaba el Twitter para ir sabiendo de amigos y conocidos. Luego, ya en el Paseo de Colón, me crucé con los primeros viandantes que venían de las Ramblas: llevaban el espanto en la mirada.

A esa hora, el trasiego urbano, esa amable trepidación en que a menudo se resume Barcelona, había cesado. Desde el pie del monumento a Colón, adonde llegaba el cordón policial (faltaban apenas unos minutos para que empezaramos a familiarizarnos con tecnicismos del tipo perímetro de seguridad), las Ramblas eran un páramo. Se dice, y es verdad, que es una de las pocas vías barcelonesas, ya no digamos españolas, en que puede uno encontrarse a alguien a cualquier hora de cualquier día. Estaban vacías; la misma clase de vacío, por cierto, que asoló Canaletas el día del golpe al Central, allá por mayo del 81.

En casa, frente a la tele (un hurra por Marc Sala, de TVE), no hubo un solo plano que no reconociera. Ni un retazo del paisaje que no estuviera cosido a una vivencia, ya fuera ésta fiera, dulce o tremebunda, como los desayunos en la Boquería después de darlo todo en el Karma, o el día en que mis hijas descubrieron, maravilladas, los puestos de animales; los mismos que, poco después, les acabarían repugnando. Este viejo cauce de alcantarilla, me dije entonces, no acaba de encajar en el siglo XXI. Ayer lo hizo con estrépito. Barcelona, en efecto, es una ciudad abierta, tolerante, rumbera. Pero, con todos mis respetos, alcaldesa, vaya poniendo unos pilones.


El Mundo, 18 de agosto de 2017

Cuando empezó todo

Si yo fuera terrorista no lo dudaría. Tras un atentado señuelo, prepararía una segunda escabechina ahí donde se celebrara la concentración de turno. La de ayer en Barcelona, por ejemplo, un dechado de improvisación en que se mezclaban el psicodrama vecinal, siempre rayano en la cursilería, y el vedettismo político, del Rey a la CUP, cuyas líderes, hum, merodeaban por el acto sin vergüenza ninguna, a tanto ha llegado el empoderamiento.

Parte del gentío, no obstante, lejos de llamar la atención a quienes no hace un mes justificaban la escenificación de un atentado contra los turistas, abucheaba a Felipe y a Rajoy, y lo hacía, claro, en nombre de Cataluña. «No tenim por».

Hay que tener un cuajo especialísimo para, en un instante así, acudir a la protesta a presentar armas, con la estelada anudada al cuello para que no se diga que el proceso decae. Mas se trata, al cabo, de la consigna que ha enviado Puigdemont, que hoy mismo ya impartía doctrina sobre la condición de miserable.

En la plaza no había más de 10.000 personas. Para que se hagan una idea: lo que suele haber en las manifestaciones tipo Hispanidad. A las 12 y un minuto, y en mitad de una ovación selfie, una voz femenina surgida de un tumulto aledaño al Starway to Hell de Subirachs, grita «Visca Barcelona». Hasta ocho veces, y a la octava he reparado en que en ese mismo punto, el 17 de octubre de 1986, el pueblo estalló de alegría luego de que Juan Antonio Samaranch pronunciara su «A la vil-a la val».

La ciudad es una playa infestada de links, y la sangre ha propiciado que afloren. Costanza y su hermana Enrica, italianas, romanas, gemelas, en torno a los 22, gimotean abrazadas. Me cuentan, con el atropello del superviviente, que ayer estaban en la terraza del Zurich cuando empezó todo. Y el arranque ha de ser ése: «Cuando empezó todo».

En la segunda corona de la plaza, la que circunda, digamos, la rosa de los vientos del centro-centro, tres Mossos obligan a quienes intentamos franquear el paso a mostrar las pertenencias. Delante de mí, un tipo con acento navarro, tal vez de Logroño, les hace saber que sólo lleva un teléfono móvil, y en el gesto de palpárselo se topa con el bolsillo del pantalón pirata vacío. «¡Coño, me lo han robado!». Y yo, que soy un romántico, me digo que tal vez la vieja, canalla, jodida Barcelona haya empezado a ponerse de pie.


El Mundo, 18 de agosto de 2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Fichados

Están Jordi Cañas, Miquel Iceta, Loquillo, Federico Jiménez Losantos, Albert Rivera, Alfonso Guerra, Antonio Muñoz Molina, Xavier García Albiol, Carles Francino, Miquel Roca, Rosa Díez, Toni Cantó, Pedrojota Ramírez y, cómo no, Albert Boadella. Todos ellos han hecho méritos (bien que unos más que otros) para figurar en el apartado ‘Banalización del nazismo’ de la Base de Datos de la Catalanofobia del diario Vilaweb, que registra, con un alarde taxonómico propio de la entomología, lo que sus hacedores consideran manifestaciones de odio a Cataluña.

Según recoge la página de inicio, “el proyecto responde a una doble finalidad: reparar la memoria histórica de todos los damnificados por [dicha] lacra y servir como herramienta de búsqueda a los investigadores”, sin renunciar a convertirse “en una fuente útil de conocimiento para el público en general”. El de ‘Banalización del nazismo’ es sólo uno de los criterios de ordenación de la BDD Catalanofobia de Vilaweb, que incluye otras veinte categorías, delimitadas en función de los “elementos discursivos”. Así, en ‘Catalanismo y enfermedad mental’ aparecen señalados Carina Mejías (que habló en cierta ocasión de la esquizofrenia del proceso), Ramón de España (autor de El manicomio catalán y El derecho a delirar), la asociación Libres e Iguales (por referirse al proceso el proceso de paranoico), Aleix Vidal-Quadras (“La independencia es un delirio”) y, nuevamente, Albert Boadella.

De la otra tipología por que se rige el archivo, y que toma en consideración los casos, se siguen las secciones ‘Casos de discriminación lingüística’, ‘Casos de discurso del odio’ (donde, entre otros, figura Arcadi Espada -cuyo protagonismo, a decir verdad, ha sido injustamente soslayado-), ‘Casos de hostilidades contra personas o entidades’ y ‘Otros casos’.

Operativa desde septiembre de 2016 (sólo Europa Press dio la noticia), la BBD de Vilaweb también dedica un apunte a Antonio Machado a cuenta de su “españoles incompletos”. Aunque, dada la profusión de especificaciones de carácter policial (fecha, localización, datos de la víctima, datos del autor,…), tal vez antecedente o ficha sean más precisos que apunte.


The Objective, 17 de agosto de 2017

martes, 15 de agosto de 2017

Catalanes de tercera

El callejero honra a Antonio Machado en Baeza, La Coruña, L'Hospitalet, Madrid, Sevilla, Salobreña, Albacete, Calahorra, Abrera, Alcobendas, Conil, Torrevieja, Elche, Viladecans, Cuenca, Granada, Huelva, Moguer, San Pedro de Alcántara, Alcalá de Henares, Chipiona, Toledo, Baena, Utrera, Leganés, Rivas Vaciamadrid, Vitoria, Cádiz, Guadalajara, Barcelona, Burgos, Ubeda, Benalmádena, Roquetas de Mar, Bajadoz, Villanueva y La Geltrú, Fuengirola, Ibiza, Sant Boi, Dos Hermanas, Chiva, Montmeló, Fuengirola, San Fernando de Henares. Gijón, Jaén, Murcia, Sant Joan de Vilatorrada, Nerva, Binéfar, Monzón, Barbastro, Santa Cruz de Tenerife y Zaragoza.

A esa lista, a buen seguro incompleta, pertenece también Sabadell, si bien el más joven representante de la generación del 98 podría tener las horas contadas en la capital vallesana. El Ayuntamiento, en manos de una alianza formada por ERC, la CUP, ICV-EUiA, la asamblea local de Podemos -no reconocida por la dirección nacional- y un pintoresco otros, ha divulgado un informe sobre el nomenclátor local que prevé el cambio de nombre de la plaza de Antonio Machado, en el barrio de Hostafranchs.

Como es costumbre en esta clase de podas, la propuesta llega envuelta en el halo del academicismo, cual si fuera una medida de naturaleza técnica en lugar de una iniciativa enteramente política. No obstante, basta con googlear «Josep Abad i Sentís», el nombre del historiador que la ha redactado, para percatarse del espíritu que anima la remodelación.

Abad, valedor de la especie de que España dispensa a los catalanes trato de colonos, no sólo la emprende con Machado, a quien tilda de «hostil a la lengua, cultura y nación catalanas», sino también con Espronceda, Campoamor, Garcilaso de la Vega, Goya, Bécquer, Lope de Vega, Quevedo o Larra, Tirso de Molina, cuya huella en el mapa de Sabadell no sería sino la representación simbólica del yugo castellano-españolista, plasmado asimismo en la sobreabundancia de episodios o personajes relacionados con la Guerra de la Independencia (Agustina de Aragón, Bailén, Dos de Mayo, Daoíz, Velarde), la copiosidad de topónimos extracatalanes (Candanchú, Estrepeñas, Fuerteventura, Gállego, Gran Canaria, Peñalara, Región de Murcia, Somosierra, Triana) o la presencia de notables locales vinculados a la dictadura de Primo de Rivera (Alfons Sala, Antoni Cusidó, Arimon, Dr. Relat o Paco Mutlló). Así, hasta 104 modificaciones, con depuraciones tan insólitas como la de las vírgenes de la Almudena, Macerana, de la Paloma o Begoña, y aun de quien más blasfemó contra ellas: 'La Pasionaria'.

No en vano, la criba de Abad i Sentís, aunque tributaria de la típica mixtificación de raigambre izquierdista, rebasa el ámbito ideológico para plantear, sin sonrojo ninguno, la impugnación de España. En su latitud, un supremacista de Charlottesville no habría dejado un paisaje tan exento de impurezas.

Por lo demás, desde que anoche supe de la existencia de semejante libelo, no dejo de pensar en el Mairena, el libro, recordemos, que Pablo Iglesias tuvo a bien regalar a Mariano Rajoy, y en cuyas páginas refulge este consejo:

«De aquellos que dicen ser gallegos, catalanes, vascos, extremeños, castellanos, etcétera, antes que españoles, desconfiad siempre. Suelen ser españoles incompletos, insuficientes, de quienes nada grande puede esperarse.

Según eso, amigo Mairena -habla Tortólez en un café de Sevilla-, un andaluz andalucista será también un español de segunda clase.

- En efecto -respondió Mairena-: un español de segunda clase y un andaluz de tercera.»

No puedo por menos de alentar a la Regiduría de Cultura del Consistorio a que, en coherencia con su dogma xenófobo, declare a Joan Manuel Serrat persona non grata. Es fama que ningún otro español ha contribuido tanto a diseminar los versillos del bueno de los Machado. Y así, con el Nano convertido en anticatalán, vamos al fin abreviando.


El Mundo, 15 de agosto de 2017

Desvelo del poderoso


Fraga quería hablar del periódico, le interesaba cómo sería la sección política, soñaba con una crónica parlamentaria al estilo de las que publicaba el  Times de Londres, pero también quería contar con una sección de libros parecida a la de los grandes diarios británicos. Como se hacía tarde me invitó a almorzar al día siguiente para seguir conversando. "También viene un amigo mío, un profesor americano, le divertirá conocerlo." No se equivocó en la predicción. El huésped era un antropólogo sexagenario que había dedicado su vida al estudio de las costumbres de las tribus indígenas en los Estados Unidos. Amenizó el almuerzo con infinidad de anécdotas y al final del mismo, al que asistieron también su esposa y la del embajador, le entregó a este una especie de cetro tallado en madera del que colgaban unos abalorios de plumas.  

-Sirve para ahuyentar los malos espíritus. Lo podemos probar ahora si quieres.

Ni corto ni perezoso, empezó a ensayar una danza ritual en los salones de la embajada al tiempo que invocaba a Manitú. Los presentes le acompañamos con entusiasmo, ensayando los pasos de una especie de cumbia improvisada, dando saltitos por los corredores y entonando sonidos guturales cuya estridencia tratábamos de regular poniendo de forma intermitente las manos sobre la boca. A los pocos minutos dio por terminado el oficio y nos comunicó con toda seriedad que la residencia y sus habitantes habían quedado purificados. El tiempo demostraría cuán errado estaba.



El fragmento corresponde a Primera página, el primer volumen de las memorias de Juan Luis Cebrián, quien, un día antes de ese almuerzo con Fraga, comía en Ginebra con Don Juan de Borbón. Transcurre el otoño de 1975 y nuestro hombre, cuyo último cargo de relieve ha sido la dirección de los informativos de TVE, es el más firme candidato a dirigir El País, por lo que ya se le tiene por una suerte de interlocutor de la nueva era. La conversación entre Cebrián y Don Juan se ve interrumpida por al menos dos llamadas telefónicas del Príncipe Juan Carlos, que da a su padre la noticia de que Franco se halla en las últimas. Esa misma tarde, Cebrián vuela a Londres para, como decíamos, entrevistarse con Fraga. El embajador español en el Reino Unido, recién convertido al aperturismo, recela de la orientación del futuro periódico. Al día siguiente, ambos invocan a Manitú en compañía del susodicho antropólogo. De esta clase de episodios, en los que Cebrián transita por las más recónditas instancias del poder hasta confundirse con el poder mismo, se nutre Primera página.

Con Cebrián, si bien se mira, se produce un equívoco similar al que se producía con Samaranch. Del mismo modo que de éste se destacaba su acrisolado franquismo, en Cebrián se ha querido ver a un icono de la socialdemocracia. En realidad, tanto Samaranch como Cebrián son, en esencia, dos podertistas de élite, diríase que inmunes al etiquetaje ideológico. Así lo reflejan estas memorias, un soberbio testimonio de las escenas y entretelas que han ido conformando, para bien y para mal, la España que somos.

El poder ha devenido en el gran tema de la obra de Cebrián, al punto que impregna cualquiera de sus reflexiones. Véase, sin ir más lejos, la conversación que mantuvo hace unas semanas con nuestra Oriana Fallaci, Cayetana Álvarez de Toledo, y en la que el hoy presidente de El País cifraba el concepto de poder "en un conjunto de cosas: votos, conciencia social, dinero, armas...". (Basta comparar, por cierto, la entrevista de Cayetana con la de Évole, en que éste reclamaba a Cebrián que utilizara un lenguaje asequible a su madre, para discernir el gran periodismo del simulacro con ínfulas.) No es casual, en fin, que uno de los instantes más elocuentes, por epifánico, del libro, es el que describe, a propósito de la segunda visita de Fidel Castro a Nicaragua, el asombro de Gabriel García Márquez al paso del séquito del presidente cubano.

Un inciso a este respecto: el autor sitúa la acción en el contexto del triunfo de la Revolución Sandinista -julio en 1979-, cuando en verdad ese viaje se produce con motivo del nombramiento de Daniel Ortega como presidente del país, en enero de 1985. Otra imprecisión de bulto (no sólo imputable al autor) es la que data en diciembre del 82 la primera mayoría absoluta de Felipe González, que aconteció el jueves 28 de octubre de ese año.

El Cebrián más desapacible, el de la legendaria mala leche; en suma, el mejor Cebrián, llega de la mano de los retratos, en los que no hay la menor concesión a la sentimentalidad. Mutado en un pantocrátor con escalpelo, el autor ni siquiera se permite un relajo con Jesús de Polanco: "Medio siglo más tarde, cuando Jesús Polanco empezó a llamarse de la noche a la mañana, también él, 'De Polanco', me explicó que su nombre siempre había sido ese, pero que le parecía una cursilería. Dejó de parecérselo el día en que, tras su divorcio y segundo matrimonio, comenzó a alternar con una alta sociedad de la que siempre había abominado". Otro puyazo de antología es el que recibe Julián Marías: "Le guardaba un respeto intelectual que el propio José Ortega no le tenía, y así me lo confesó: 'Presume de administrar el legado del pensamiento de mi padre, que casi no le podía ver. Le parecía un pelmazo'." En cualquier caso, y a semejanza de lo que ocurre en El Padrino III, a medida que el protagonista va ascendiendo hacia la cúspide, se acentúa su aspereza (también su soledad) y tienden a apagarse los afectos, reservados, casi exclusivamente, a Jesús de la Serna, el mismo Polanco, Ramón Mendoza y Javier Pradera.

Hay, con todo, un Cebrián que propende al cachondeo; el que administra, bien que a cuentagotas y sin perder el ceño, anécdotas graciosísimas, como la relativa a cierto defraudador vasco:

"Siendo responsable de la Hacienda pública, [Jaime García Añoveros] me pidió que no se divulgara el nombre de uno de los mayores morosos o defraudadores fiscales del País Vasco. La justificación para ello era que el empresario en cuestión había incurrido en notables riesgos al negarse a pagar el impuesto revolucionario a ETA.

-O sea -comenté- que este caballero no paga impuestos de ningún tipo, ni legales ni ilegales. Así también me haría rico yo."

Espejo de una época, Primera página retrata, asimismo, un Madrid engolfado, divino y, ay, extinto. El de establecimientos como el Riscal, donde las paellas cohabitaban con el puterío; el Alazán, antiguo club "para caballeros" ubicado en la Castellana; el Trabuco, Sacha, La Panocha, La Nicolasa, Zalacaín, Mayte Commodore... No sabe Pablo Iglesias hasta qué punto el devenir de España se ha fraguado en sobremesas de reservado, que ahora, con la publicación del libro, lo son algo menos. Sólo algo.


El Ciervo, julio-agosto de 2017

El referéndum, una posibilidad perfectamente real

En su flácida retahíla de exhortaciones a que el Gobierno catalán renuncie al referéndum, Rajoy ha recurrido a la suave reconvención, al juego sucio (después del GAL, llamar 'guerra sucia' a las maniobras coercitivas del ministro Jorge Fernández Díaz es una frivolidad), a la designación de Sáenz de Santamaría como embajadora de buena voluntad, al Tribunal Constitucional, a la UDEF, a Macron, Merkel y Juncker, a la fiscalización de las partidas presupuestarias... La estrategia no sólo no ha brindado ningún fruto sino que, muy al contrario, ha envalentonado a los insurrectos, que incluso se jactan de disponer de censo y urnas, esto es, de gobernar en la más absoluta opacidad, al punto de que ni siquiera se creen obligados a rendir cuentas al resto de partidos del Parlament, ya no digamos a la prensa.

En este trance, Rafael Hernando acaba de anunciar que el Ejecutivo descarta la aplicación del artículo 155, disfrazando de imposibilidad técnica lo que, en puridad, no es más que una clamorosa ausencia de voluntad política. Una dejación de la que cabe colegir que Rajoy tampoco prevé decretar el estado de excepción (que pasaría, según me decía hace unas semanas en una agradabilísima cena un ex conseller de la Generalitat, por la intervención de TV3 y la clausura de la sede en que se pretenda efectuar el recuento). Para ello, y conforme a la lógica de la graduación, tendría que haber consumado, como primera medida, el bloqueo de las transferencias. En este sentido, poco importa que haya sido Hernando, que no es ministro, el responsable de endilgar el marrón a los jueces en nombre de La Moncloa, en lo que constituye una reveladora anomalía sintáctica.

Así las cosas, la integridad del Estado no tiene más garantía que la cachazuda confianza de Rajoy en que al adversario le acaben temblando las rodillas, lo que en su quimera debe de traducirse en una cascada de dimisiones de altos cargos que lleve a Cataluña al desgobierno, o en la negativa de los mossos d'esquadra a cumplir órdenes contrarias a la legalidad, o en un 0-5 del Madrid en el Camp Nou, aunque sea vistiendo de verde. Nada, en fin, que impida que esta entrada de la wikipedia adquiera, a partir del 1 de octubre, rango de jornada histórica.

No le faltaba razón al eurodiputado de ERC Josep Maria Terricabras cuando, en abril de este año, en una conferencia en la selecta escuela Súnion, se congratulaba irónicamente de que Cataluña estuviera en España (min. 38:50). "Francia", aducía, "ya nos habría aplastado".


Libertad Digital, 15 de agosto de 2017

martes, 8 de agosto de 2017

La insoportable molestia de que explote el avión

Los 350 empleados de Eulen en el aeropuerto de El Prat se ocupan de verificar que ningún viajero franquea el arco de seguridad con una bomba en el equipaje de mano. Parece de Perogrullo recordar que la existencia de arcos de seguridad en los aeropuertos obedece al no menos existente terrorismo. Y, sin embargo, rara es la información sobre la huelga que incida en ello, una omisión de la que también cabría responsabilizar a los huelguistas, pues, que yo sepa, ningún miembro del comité de empresa ha trazado el vínculo que convierte su trabajo en un desempeño crucial para la seguridad ciudadana.

Quienes, hace tres años, efectuaban esa misma labor, entonces contratados por la empresa Prosegur, cobraban en torno a los 1.300 euros netos al mes, bonificaciones incluidas. La subrogación a Eulen conllevó un recorte de 200 euros, y hoy en día ningún operario recién incorporado supera los 900. La conclusión es estupefaciente. A medida que la amenaza yihadista se ha ido recrudeciendo, los responsables de escrutar, a través de la pantalla del escáner, todos y cada uno de los recovecos de bolsas y maletines han visto cómo su nómina iba adelgazando. No sé ustedes, pero a mí, como viajero ocasional, me preocupa que en un puesto tan sensible cunda la desmotivación.

Y eso no es todo. Al magro salario se añade la falta de personal, lo que se traduce en la institucionalización de las horas extras, con jornadas de hasta 16 horas. Hablamos de una tarea, insisto, que exige un alto grado de concentración. Si nos topamos con uno de esos camareros que rayan en la maestría eludiendo la mirada del cliente, podemos impacientarnos o, a lo sumo, desesperarnos. Un vigilante que al término de su segundo turno, con las pestañas abrasadas de ver pasar cientos y cientos de maletas, no distinga una pistola de un zapato nos podría acarrear otra clase de problemas.

La queja, obviamente, ha de elevarse a AENA, que ha adjudicado el servicio de forma irresponsable, esto es, a sabiendas de que el precio de licitación era insuficiente para prestarlo. El tipo de ángulo muerto, en fin, que en Madrid provocó el colapso de la recogida de basuras en tiempos de Ana Botella, o que en Barcelona, según se ha sabido estos días, ha redundado en un fraude de cerca de 3,3 millones de euros en la gestión de residuos. Y que aconseja que el Estado siga ejerciendo, siquiera en estos sectores, su deficitaria y perfectible paternidad.


Libertad Digital, 8 de agosto de 2017

jueves, 3 de agosto de 2017

Playa liberada

El pasado domingo día 23 de julio, no bien dio las doce el campanario de Calella de Palafrugell, los poco más de cien bañistas que, provistos de silbatos y a pie derecho, se concentraban en la playa del Canadell, dieron inicio a lo que parecía una protesta.

Renuente a aceptar que a los pijos (también) les sobran los motivos, fui por una octavilla (fantaseé con la posibilidad, lo admito, de unas octavillas en blanco hueso satinado, a lo American Psycho). Según decía el panfleto, un funcionario obviamente anodino, en un remoto despacho ministerial, había proyectado una reordenación del área destinada al baño que, en la práctica, vetaba la zambullida desde una roca llamada la Trona, en lo que para los veraneantes supone todo un rito de paso.

¡Qué sabrán en Madrid de nuestras necesidades!, clamaban los amotinados. O acaso he de decir clamábamos, pues al punto me convertí en un simpatizante de tan noble causa; qué digo simpatizante: ¡un activista! En mi flamante militancia influyeron mis hijas, dignas usuarias del peñasco por más que el tronismo que de verdad las moviliza sea el de Tele 5. Sea como sea, me encandilaba la idea de manifestarme cada domingo a la hora del vermut hasta doblarle las rodillas al Estado. Incluso me veía acampando una noche en la playa, cantando en torno a una hoguera ‘Nos ocupamos del mar’, de Alberto Pérez, mi brazo rodeando a alguna milf de La Bonanova persuadida de la necesidad de plantar cara al poder. ‘Y tenemos dividida la tarea / ella cuida de las olas, yo vigilo la marea…’  De ahí que hoy, la noticia de que la Capitanía Marítima de Palamós había aceptado la petición de desplazar el canal de paso de las embarcaciones para dejar La Trona a los bañistas, me haya sumido en el desconsuelo. Yo, que tan felices me las prometía, ni siquiera he tenido ocasión de estrenar mi silbato.


The Objective, 3 de agosto de 2017

martes, 1 de agosto de 2017

Ilegalizar la CUP

Hostigamiento a la Guardia Civil frente al cuartel de Travesera de Gracia, asalto de la sede del Partido Popular en la calle Urgel, boicot del espectáculo de Jorge Cremades en el teatro Borrás, sabotaje continuado de apartamentos turísticos (fechoría cotidiana a la que tantos barceloneses se han acabado acostumbrado como quien se acostumbra a la llovizna), pintadas amenazantes contra el empresariado en general y contra el empresariado turístico en particular, vandalismo contra vehículos de alquiler privados, ataque contra un autobús turístico de la TMB, apología del terrorismo (que da cuenta, por cierto, de la clase de turismo que merece su absolución); altercado en la pasarela de moda 080, destrozos en escaparates a cuenta de la campaña contra la operación bikini, señalamiento y acoso de propietarios de inmuebles que denuncian okupaciones, encadenamiento en la puerta principal de la Bolsa de Barcelona (con los consiguientes desperfectos), quema de fotos del Rey, regodeo por la muerte de Rita Barberá, criminalización de toda suerte de adversarios políticos (conforme a la querencia ultraizquierdista a erigirse en tribunal de orden público); declaración de solidaridad con los ocho acusados por la agresión de dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua.

No creo que Ada Colau tenga más responsabilidad que los procesionarios en la crecida en Cataluña de la violencia política. No en vano, si Barcelona en Comú ha hecho de la turismofobia uno de sus principales signos de identidad, el soberanismo, desde la sentimentalidad de Montilla al "sí o sí" de Puigdemont, no ha consistido sino en una llamada permanente a quebrantar la ley. Que en ese légamo germinara la semilla del odio era cuestión de tiempo.

Sea como fuera, para que los paralelismos entre la CUP-Arran y Batasuna no se queden en un recurso estrictamente ornamental, no deberíamos omitir los efectos, ni el precio, de esa misma operación semántica. Urge, en fin, asomarse a la posibilidad de que el Estado aplique al conglomerado filoterrorista catalán el mismo tratamiento que aplicó a Batasuna, esto es, la ilegalización.


Libertad Digital, 1 de agosto de 2017

martes, 25 de julio de 2017

Populismo de amiguetes

El Gobierno de Ada Colau seguirá desoyendo el código ético del Ayuntamiento de Barcelona en el punto que llama a "abstenerse de nombrar personal con quien pueda haber conflictos de interés familiar". Pese a que se trata de una recomendación, y no de una prohibición en sentido estricto, nadie más indicado para seguirla que un partido que debe su éxito de público a la agitación mediática contra la corrupción, el nepotismo, las puertas giratorias, etc. Pese a ello, el concejal de Transparencia del Consistorio, Jaume Asens, ha pretextado que se trata, sobre todo, de una cuestión "más estética que otra cosa", lo que a su juicio les exonera de aplicarse el cuento.

Como quiera que el periodista de El Mundo Víctor Mondelo requirió a Asens una razón algo más enjundiosa, éste se abrió de capa: "Si entráramos en el supuesto del conflicto de interés en los cargos de confianza, no sería sólo por razones de afectividad, sino también de amistad. Por tanto, extinguiríamos la figura del personal eventual en el Ayuntamiento de Barcelona, tanto para el Gobierno como para la oposición. No se puede cambiar el concepto de personal eventual". Técnicamente, y aun con el inconveniente que supone invocar el círculo de amigos y familiares en tiempos de internet, no parece un argumento reprochable. Más difícil resulta, insisto, justificar por qué los políticos de la casta no pueden recurrir a él. Aunque ya se sabe que éstos no tienen compañeras, y menos aún que lo sean de lucha, que es, al cabo, lo que faculta a Pisarello para nombrar a la suya, Vanessa Valiño, jefa de gabinete de la Concejalía de Vivienda (49.000).

Mas la transparencia del concejal habría de alcanzar su cota máxima en el tercer intento, cuando, exhausto de formalidad, puntualizó que, en todo caso, es la alcaldesa Ada Colau quien nombra a los cargos de confianza, pese a que hayan sido propuestos por otros concejales, y que por tanto el conflicto de intereses sólo se podría producir si el elegido fuera familiar o amigo de la alcaldesa. No es la primera vez que un miembro del equipo de Colau se jacta de forzar la interpretación de la letra pequeña; o lo que es lo mismo, de conducirse a golpe de trampa. Lo hacen, eso sí, en riguroso cumplimiento del programa electoral, en especial del bloque de medidas que empezaba proclamando: "Obedeceremos las leyes que nos parezcan justas", y donde "justas" no era más que el recato del principiante.


Libertad Digital, 25 de julio de 2017

jueves, 20 de julio de 2017

El jardín prohibido

“Saquen su rosario de nuestros ovarios, saquen su doctrina de nuestra vagina. / Ni amo ni Estado ni partido ni marido.” Tal es el estribillo de ‘Mi cuerpo es mío’, del dúo cubano Kruda Cubensi, cuyas componentes, Odaymara y Olivia, militan en el feminismo negro (lo he buscado y no es ninguna perversión recreativa), el veganismo y la cultura ‘queer’. ‘Mi cuerpo es mío’ es la primera de las 200 canciones del playlist ‘no sexista’ que ha elaborado el Instituto Vasco de la Mujer para que suene en los bares y txoznas de los pueblos durante las fiestas patronales. Entre los hits del Beldur Barik Playlist, que así se llama el bando, figuran también ‘Antipatriarca’ (Ana Tijoux), ‘Ella’ (Bebe), Jodida pero contenta (Buika); Mi barba (también de Kruda Cubensi), ‘I’m not your toy’ (La Roux) y ‘Machirulo escóndete’ (Tongo). Esta última (una cumbia arrebatadora) dice así: “Llámame loca del coño, no me puedes detener. / Feminazi me han parido, machirulo escóndete”.

El Beldur Barik es una sugerencia, no una imposición. Se trata de que las txoznas pinchen de vez en cuando alguna de esas canciones para, de ese modo, promover “comportamientos basados en el respeto y la igualdad ” y “prevenir agresiones machistas”. Una propuesta asertiva que, por descontado, no pretende impedir que las cuadrillas disfruten del repertorio habitual por estas fechas: el ‘Sarri Sarri’ de Kortatu, que celebra la fuga de dos etarras de la cárcel de Martutene, el ‘Jimmy Jazz’ del mismo grupo (“puso veinte kilos de goma 3 / mandó a tomar por culo todo un cuartel”), ‘Aprieta el gatillo’ de Cicatriz, ‘Txibato’ de Kojón Prieto (“A los chivatos y a todos sus jefes, en un paquete mandaba yo a volar. / Chivato, los días que te quedan son una cuenta atrás”), El último txakurra’ de Lendakaris Muertos (“Antes te echábamos un cóctel molotov / y ahora te echamos de menos”). Un playlist un pelín terrorista, de acuerdo, pero del que no se puede decir que incite a violar a la vecina, como en cambio sí hacen Bisbal, Fonsi o El Puma.

(Pero no nos pongamos dramáticos. Según consta en la wiki, Odaymara y Olivia, nuestras queer-black-feminist-vegan, huyeron de Cuba en 2006 y, a través de la frontera mexicana -y amparadas por la ley de pies secos y pies mojados-, se plantaron en Estados Unidos. Aún más tortuosa que su travesía fue la razón que les llevó a ella: “La decisión del grupo de abandonar Cuba vino motivada por su deseo de luchar por la justicia social en otras partes del mundo, sobre todo en lo que respecta a la denuncia de la marginación de las lesbianas latinas y caribeñas”.)


The Objective, 20 de julio de 2017

martes, 18 de julio de 2017

De la vía catalana a la vía Laietana

Soler es un independentista convencido, de lo que se deduce que hay independentistas que lo son sin estarlo. Tales serían los que suelen achacarse al PP, fabricante mítico. Siempre me ha llamado la atención la forma en que gentes de izquierda aluden a este presunto subgénero, ese "no me extraña que haya catalanes que se hagan independentistas". Es como si dijeran: "A mí, que soy un individuo sofisticado, jamás se me ocurriría, pero el pueblo, que es de natural cazurro, cómo no va a caer en la trampa". "Os entendemos, criaturas", parecen razonar; "el ser humano es de apetencias primarias y no hay nada más primario que la tribu". La gran catástrofe de España es que esta reflexión no les impida simpatizar con el tramposo. Después de todo, enfrente está España, un ente discutido y discutible contra el que todo vale. Incluso la más absoluta ausencia de convicciones. Así, uno dice "nación de naciones", al otro le da pereza y un tercero apuesta por una quita, solución que sitúa a Cataluña en pie de igualdad con Grecia.

No crean que en la derecha hay muchas más luces. Hoy mismo, el inefable Millo ha declarado que "lo que es seguro es que no va a haber un referéndum vinculante y con garantías", lo que abre la puerta a que haya un referéndum no vinculante y sin garantías, es decir, una reedición del 9-N.

Entretanto, en Cataluña, el golpe de Estado institucional sigue su curso, sin que nadie atienda a la evidencia de que, cuando la ANC estableció en su hoja de ruta "tomar el control de grandes infraestructuras, fronteras, seguridad pública y comunicaciones", se estaba refiriendo exactamente a esto. Que ese plan, en fin, se concreta en que un hombre como Albert Batlle tire la toalla ante la imposibilidad de cumplir la ley, y que su sustituto como jefe de la policía sea un xenófobo que si hasta ayer era de tuit fácil, hoy bien puede serlo de gatillo. Un tipo, en fin, que dijo que los españoles le dábamos pena, pero lo que quiso decir en verdad es que le dábamos asco.


Libertad Digital, 18 de julio de 2017

sábado, 15 de julio de 2017

Exequias cubanas y el blanco Ginés

Hace diez años que conozco a Ginés Gorriz, un cubano catalán que hace bueno el aserto de que el diseño es, sobre todo, un conato moral. Al leer en este blog que el médico que había embarcado a mi abuela era cubano, Ginés me dijo: "Tiene que tratarse de mi amigo Alejandro". Al poco de confirmarlo escribió esta nota; léanla: sabrán en qué consiste la ficha técnica de una amistad.

 

Alejandro Negrín me acompaña (le acompaño) desde los cinco años. En la escuela era un chico simpático y sociable que tocaba la guitarra.

Álvarez Cambra era un médico cubano, una celebridad en esa mitad oscura del mundo que vivía sin celebridades. Fidel y otros muchos quebrantahuesos internacionales acudían a ese médico famoso cuando eran sus huesos los quebrados por afán del tiempo o de justicia divina

Cuando yo tenía 6 años ese médico famoso me diagnosticó una fisura de fémur, me sentenció a un año de invalidez total sin garantía de cura y ofreció como alternativa una operación con injerto de hueso, seguida de un año inválido.

Mis padres desafiaron su autoridad con una segunda consulta y un médico con menor fama y de quien injustamente no retengo el nombre desafió a su vez el diagnóstico del comandante en jefe (por no decir rey) de los médicos cubanos. Así, mi pena de año de invalidez fue conmutada por tres meses de reposo y sin pisar.

Me recuerdo en el colegio subiendo las escaleras en volandas sobre los hombros de cuatro amigos: Alejandro Negrín era uno de ellos. No sé si ya entonces tenía inclinación (o rectitud) a curar. En la adolescencia Alejandro era dicharachero, simpático y anarquico, era lo que ahora se dice un 'popu', el amigo que todos los chicos quieren tener, el novio que todas las chicas quieren tener. Y en aquella Cuba de cartón ser 'popu' era ser un poco 'antisocial'.

Yo me fui a Rusia y él se quedó; y salió de la universidad como un doctor serio y formal, y es ésta una de esas transformaciones más extraordinarias que me ha tocado presenciar en el pasar de los años.
En todo ese tiempo yo no sabía que en otra parte del mundo existía ese otro hombre, un José María Albert de Paco.

No podía sabero; como tampoco podía saber, cuando Alejandro me llamó de Miami para decirme "ayúdame a venir a Barcelona", que Alejandro vendría, entre otras cosas, para ofrecer un primer y último viaje en avión a la abuela Conchita de mi querido DiPac.

jueves, 13 de julio de 2017

Conchita Serra Loscertales

Mi abuela llamó a eso de la una, debía yo de tener 16 años y estaba a punto de convertirme en comunista. "Tráeme un bañador de tu padre antes de las tres". Mi abuela trabajaba en el Ayuntamiento como señora de la limpieza (así, con ese sintagma, se designaba su oficio) y llevaba años, muchos años encargándose, entre otras dependencias, del despacho del alcalde, quien quiera que el alcalde fuera. Desde que a sus 29 entró a trabajar en el cuerpo de limpieza del consistorio, había visto pasar a Simarro, Porcioles, Masó, Viola, Socías, Font y Serra. Le desagradó el empeño de éste en que le tuteara, tanto como receló de la legión de jipis que fue copando el Ayuntamiento, y que le llamaban, ay, Conchita a secas, como si fuera una amiga o, aún peor, una colega. ¿Qué sentido tiene que yo haga los dorados (con hacer los dorados se refería al abrillantamiento de los adornos metálicos de color de oro) si el alcalde parece un pordiosero? Y no es que ella fuera de derechas, no. Era, sencillamente, una mujer de orden. Por eso cuando vio a Maragall se le vino el mundo abajo. Legañoso, desastrado, locuaz, chistoso... Barcelona se hunde, me dijo, esta vez de verdad. Sin embargo, y acaso por la misma razón por la que se atraen los polos opuestos, se encariñó con él, tanto que a los pocos meses dejó de ser el alcalde para ser Pasqual. Como corresponde a esta clase de sortilegios, el afecto fue mutuo, ya no digamos la confianza. Tanta hubo que el día de autos, al mediodía, Pasqual le dijo a Concha si le podía conseguir un traje de baño. El Gobierno que presidía se había obstinado en civilizar las playas y esa tarde se inauguraba uno de los tramos recientemente remozados.
-Tráeme un bañador antes de las tres.
-¿Un bañador? ¿Para quién?
-Para Pasqual.
El hundimiento de Barcelona, en fin, prometía emociones fuertes. Los celos de mi abuelo, sin ir más lejos, no apuntaban al vecino, al butanero o al lampista. No, apuntaban al alcalde, al Pasqual ese, especie que él mismo se encargó de propagar por la Barceloneta. Que supiera la banda de quién se guardaba él.
Esa misma noche, mientras cenábamos en familia, vimos a Pasqual cabeceando una ola... con el traje de baño de mi padre, que lo ignoraba todo.
Fue él, por cierto, quien de veras cortó la cinta:
-¡Mirad, el alcalde con un bañador igual que el mío, para que luego digáis que soy un hortera!
Regresé al Ayuntamiento cinco años después, esta vez para decirle a mi abuela que su hijo había muerto. Fue el único día en cuarenta años en que no fichó al salir, si bien antes quiso asegurarse de que el Ayuntamiento quedaba como oro en paño. Se llevó la bata celeste consigo: le faltaban unas pocas semanas para jubilarse y ya no volvió a ponérsela.
No perdió el hilo.
De Clos le gustaba que irradiara tantísimo optimismo ("demasiado, tal vez"); de Hereu (un incomprendido, decía) le enternecía su afán en parecerse a Maragall; a Trías lo caracterizó como un pobre hombre. Colau le recordó los días en que el desaliño irrumpió en el Ayuntamiento y Barcelona estaba abocada al caos. No hace mucho, después de oírme criticar una de sus iniciativas, me recriminó que hablara así de la alcaldesa. "Es la alcaldesa", me dijo. Fue, ya digo, una mujer de orden. Ni mentarle quise que en ausencia de la alcaldesa, el alcalde en funciones era un argentino en bermudas, ché. Y entendí como nadie ha entendido en este mundo el sentido de la película Good Bye Lenin!
Anoche murió, después de 89 años (creí que eran 90, pero con el papeleo vi su dni y ponía 29 de febrero de 1928). El médico cubano que vino a administrarle la sedación, a quien Dios tenga en su gloria, le dijo a mi madre que no se preocupara, que lo que mi abuela experimentaría es algo parecido a un viaje en avión con feliz aterrizaje. Ella, que nunca había volado.

martes, 11 de julio de 2017

La Barcelona que fue

El lunes 14 de julio de 1997 millones de ciudadanos de toda España tomaron la calle. Nunca, ni en las marchas contra la guerra de Irak, habían salido en manifestación tantos españoles. Y nunca, por descontado, lo habían hecho de modo tan unánime, lo que en parte se debió a que hubo menos protesta que náusea. Nadie sale indemne de 72 horas de snuff movie en directo, que en ese subgénero de terror, sin precedentes en la era multimediática, se inscribía el asesinato de Miguel Ángel Blanco. En la conjura colectiva que siguió al crimen hubo rabia, ira, indignación, pero también, y sobre todo, la humanísima necesidad de reconciliarse con lo verosímil. De ahí que algún que otro equidistante (ah, ese punto intermedio entre la nuca y la bala) presuma hoy de haber estado en las movilizaciones, incidiendo muy oportunamente en ese verbo, estar, que a diferencia de participar mantiene al PP, y a quienes nos dejamos manipular por el PP, dentro del preceptivo cordón sanitario.

La negativa del Ayuntamiento de Madrid a homenajear a Miguel Ángel Blanco no sólo responde a esa clase de convicciones; además, desmiente toda la charlatanería en torno a la memoria sobre la que Carmena ha edificado su mandato. Por lo demás, su reparo ante la posibilidad de que alguna de las víctimas del terrorismo no se reconozca en una víctima concreta sólo cabe en la lógica de alguien que, en efecto, también es incapaz de reconocerse en ella. No es que Carmena empatice, como se dice ahora, con el-resto-de-las-víctimas; es que ha sufrido un lapsus.

Pero aún más escandaloso que su doblez es que nadie conciba la posibilidad de reprender a Colau por las mismas razones. Aquel día no hubo en la calle cientos de miles de barceloneses, por un lado, y cientos de miles de madrileños por otro. Hubo españoles. Y la prueba de que en Barcelona está dejando de haberlos es que su alcaldesa, que gobierna con el PSOE, no se ha visto sometida al menor escrutinio moral por obviar la efeméride. A tal punto que ni siquiera ha tenido la necesidad de oponer su acostumbrada demagogia. Frente a quién.



Libertad Digital, 11 de julio de 2017

jueves, 6 de julio de 2017

El gremio de los finales infelices

No conozco un solo periodista de plantilla (entiéndanme, de los considerados rasos) que gane más de 1.500 euros brutos, la mitad de lo que El País considera, con arreglo al caso Goytisolo, un salario digno. (Del artículo “Goytisolo en su amargo final”, en que Francisco Peregil contaba cómo las penalidades habían acabado por sumir en el desaliento al escritor barcelonés, me llamó la atención que el propio diario, en su estimable labor de auxilio, fijara en 3.000 euros brutos el sueldo mínimo para no vivir en precario).

Descuiden, no es mi intención endilgarles una dickensiana, sobre todo porque si lo fuera, me bastaría con remitirme al estándar tarifario de la mayoría de las colaboraciones en la prensa digital. No, mis reparos son estrictamente técnicos y tienen que ver con el desempeño del oficio, es decir, con la (im)posibilidad de que pueda haber periodismo si quienes lo ejercitan son un hatajo de pobretones. El trato con las fuentes, por ejemplo, exige del redactor una cierta presencia (de ánimo). No quiero decir con ello que debamos ir vestidos como Llàtzer Moix o Tom Wolfe, pero sí que una imagen más o menos pulcra (no hablo aquí de la elegancia, que, como el talento, se tiene o no se tiene) favorece que nuestro entrevistado o informante, ya sea político, cocinero o sicario, nos brinde la versión más sofisticada de sí mismo, que a eso y no a otra cosa debemos aspirar. Y quien dice vestir bien dice comer bien, visitar de vez en cuando París, frecuentar tertulias, ir a ver a Flotats al teatro Borrás, tomarse el tiempo que haga falta para releer a Pla, emborracharse en los bares de Enric Rebordosa, ir a recitales de Mayte Martín y flirtear con pintoras ocurrentes.

Hay novelistas exitosos que a la menor oportunidad declaman: “Yo empecé a escribir para follar”. Bien, en el periodismo se folla para escribir. La razón, obviamente, es que nuestra gloria no puede ser efímera, pues los periódicos han de salir a diario. En el trasfondo más literal de esa certeza conversan a Ava y Dominguín.

-¿Adónde vas ahora?
-¿Adónde voy a ir? ¡A contarlo!

Pero follar, como vivir, es caro, y eso ya no hay periódico que lo pague. Lo más preocupante de los 3.000 brutos que cobraba Goytisolo es que incluían la ausencia de libido.


The Objective, 6 de julio de 2017

martes, 4 de julio de 2017

Las hijas de papá van a USA a subrogar

Uno de los aspectos de la gestación subrogada en que no se ha hecho suficiente hincapié es el de la igualdad de oportunidades. Quienes diciéndose de izquierdas se oponen a esta práctica suelen esgrimir, a modo de segunda salva argumental, la inexistencia de una verdadera igualdad, condición inexcusable para que cualquier decisión al respecto se adopte libremente. Se trata, por cierto, de una objeción análoga a la que cimentó el ideario de Podemos, para quien tampoco puede hablarse de verdadera democracia. De hecho, y de modo semejante a la Ley de Godwin, que establece la proclividad de que, en un debate, uno los contendientes llame "¡fascista!" a su adversario, cualquier discusión con la izquierda real encalla en la ausencia de libertad, igualdad y aun fraternidad reales.

Detrás de esa convicción no hay más que una cosmovisión antediluviana, un mundo dividido entre un puñado de explotadores de panza, puro y chistera, según los representó Perich, y un enjambre de miserables, esos pobres del mundo a los que invocan y siguen invocando sin vergüenza ninguna, quienes entonan (siempre en domingo) La Internacional. Si frente a esa evocación pulsan la tecla F5 se les aparecerán el columnista Roto, el novelista Simón (los bomberos no temen por su vida sino por llegar tarde al curro) y la cuentista Fallarás. Como dice Ferran Caballero en su extraordinario Maquiavelo para el siglo XXI a propósito del PSOE, y en una observación que vale también para el desnorte de la general izquierda, "su crisis no es de imagen, ni de carisma ni de falta de relato, sino profunda, ideológica y de falta de proyecto".

Sólo así se entiende la oposición a un tipo de reproducción asistida cuyo rasgo primordial, aquí y ahora, es que la mayoría de sus beneficiarios son ricos, término que, en el caso de Cristiano Ronaldo, Miguel Bosé, Tita Cervera o Kike Sarasola, es más bien un eufemismo. No en vano, sólo contratando la subrogación en el extranjero (léase Estados Unidos) consiguen los padres ser reconocidos como tales. (Dicho sea de paso: la gestación por sustitución en España no está prohibida, sino declarada nula de pleno derecho.) ¿Cómo era aquéllo, "Las niñas de papá / van a Londres a abortar"? Pues en esa ruedecilla de hámster se ejercita hoy la progresía, con la salvedad de que la jaula, esta vez, la han construido ellos.


Libertad Digital, 4 de julio de 2017

domingo, 2 de julio de 2017

Un viejo dentro


Pasan en el 33 un documental sobre Raimundo Amador, en quien sólo acierto a ver la ausencia de su hermano Rafael. Con Rafael me ocurre algo parecido; lo que en realidad veo de él es la ausencia de Camarón. Y así, entre ausencias entreveradas de ausencias, voy tramando una discografía. En uno de los pasajes del documental, Raimundo habla de José y se le aviva la sonrisa, como si a la sombra del príncipe todavía fuera posible la inocencia. Cuando los Amador metieron 'Camarón' en su Blues de la Frontera, el mismo José les dijo que no había sabido encontrarse en aquel homenaje. Con los desprecios no tuvo tantas dificultades. A Camarón le despreciaron tanto que llegaron a atribuir su audacia a las malas compañías; cómo iba él a concebir ese flamenco rabioso, tan fieramente distinto que más que de Jerez parecía de Calcuta. No, el responsable no podía ser él, sino esos hippies que le habían ido descuadrando el cante hasta convertirlo en un rolling stone. Ay, los puros.

Durante la grabación de Pasaje del agua, el gran disco de Lole y Manuel, Camarón se quedó maravillado con la porfía rockera del productor, Ricardo Pachón. De aquel pellizco, en parte, surgió La leyenda del tiempo, un disco tan moderno que al poco de salir parecía un fósil atrapado en ámbar. El próximo julio hará 20 años de su muerte y seguirá sin haber una web que dignifique su figura. Es teclear 'Camarón' y encontrarse con la misma mugre de gasolinera que supuraban sus cintas.

En el verano de 1992 no había internet, y pasé más de una madrugada pegado al transistor acechando el desenlace. Hasta que el día 2 el boletín escupió la noticia. Hay algo que no logro quitarme de la cabeza, y es lo que Camarón le dijo a su madre cuando se supo morir: "¿Qué es esto que tengo?". El País arropó su figura con un pie de foto luminoso: "Nace una leyenda gitana". Fue verlo en portada y sentirme orgulloso de mi diario de entonces, que traía un editorial titulado "El Picasso del cante". Y estas palabras del Tomate: "¿Ahora a quién le toco yo?". A Camarón lo enterraron en San Fernando como si fuera Bruce Lee. 

Estos días, por cierto, el corresponsal de El País en Buenos Aires, Francisco Peregil, informa de la expropiación de YPF. Cada vez que doy con una pieza suya recuerdo la lectura alucinada de su biografía de Camarón, El dolor de un príncipe. La canónica, lo sé bien, es la de Enrique Montiel, pero carece del asombro de la primera, y sin asombro no hay periodismo. Con todo, la cima literaria de la camaronería llegó hace dos años de la mano de Montero Glez y su Pistola y cuchillo. Es ficción, de acuerdo, pero ya no es posible hablar de Camarón sin haber pasado por esas páginas, como no es posible evocar sus manos sin la lente de Alberto García-Alix. 

Yo quise ser Camarón, ahora que lo pienso. Tan sólo hacía falta pedir otro whiskito, meter el mentón como lo hace Morante y creer en los milagros. 


 Jot Down Magazine, número 1; junio de 2012

viernes, 30 de junio de 2017

Muy Buenas

El hacedor de bares Enric Rebordosa inauguró anoche su sexto hit, el Muy Buenas (Carme, 63). En estos momentos no hay en Barcelona (lo que equivale a decir que no hay en Europa) un restaurador con el talento, la finura y la ambición de Rebordosa. Con todo, lo que le distingue del resto de la tropa es el discurso. Su colección de bares presenta la misma aspiración a ordenar el mundo que el catálogo de, pongamos, la Anagrama de los ochenta. La afinidad también alcanza a los títulos, que son la vislumbre misma de la felicidad: Muy Buenas, La Confitería, El Maravillas, Dr. Stravinsky, L'Alegria (restaurante), Paradiso. La nomenclatura entraña un evidente riesgo, pues la condición de que un bar se llame El Maravillas es que dentro, en efecto, las haya. Ah, mas Rebordosa es un temerario, si por tal entendemos a quien se dedica a convertir las utopías en paisajes. Que lo haga, además, sin pretenciosidad, incluso con displicencia, raya en el agravio.

La reconstrucción del Muy Buenas, local modernista catalogado como bien de interés urbanístico, ha tenido algo de exhumación. Sus antiguos licenciatarios se llevaron del establecimiento aquellos elementos del mobiliario en los que intuyeron algo de valor, desde el rótulo de la fachada a las molduras. Así, el primer paso consistió en localizar y rescatar ese patrimonio, que resultó estar en un almacén de Sant Feliu de Guixols. Luego vinieron 18 meses de laboriosa restauración, que exigió una inversión de más de 100.000 euros. El resultado es tan satisfactorio como paradójico. No en vano, pese a todos esos ornamentos, el bar no parece una de esas estomagantes joyas-del-modernismo-catalán, sino un elegantísimo ambigú, donde el modernismo, en cualquier caso, está sometido a la modernidad.

El Muy Buenas también dará de comer, en lo que pretende ser una puesta al día de las viejas casas de comidas. Para ello, ha adoptado como biblia gastronómica 'El que hem menjat', de Josep Pla; ya saben: capipota con garbanzos, bacalao con samfaina, pato con peras... De lo que se sigue la otra gran paradoja del bar, y es que siendo catalán no hay peligro alguno de que lo sea orgullosamente.